Fabián Richetti había pensado que nunca más iba a poder ver. Tampoco conocer la cara de su hijo, que tenía cuatro años cuando él fue operado. Es que en plena adolescencia, cuando tenía 14 años, fue diagnosticado de Diabetes Tipo 1 y desde entonces, todo se hizo cuesta arriba: llegó a estar en coma durante 20 días y recibió un doble trasplante de riñón y páncreas. Sin embargo, no bajó los brazos y conoció a Mario Saravia, el oftalmólogo que logró operarlo y así pudo recuperar la visión contra todos los pronósticos.

La historia de Fabián y Mario trascendió la semana pasada, en coincidencia con el 14 de noviembre, fecha en la que se conmemora el Día Mundial de la Diabetes, oportunidad en la que se aprovecha para concientizar sobre la enfermedad y su impacto en la salud.

Fabián vivía en Arroyo Seco, en la provincia de Santa Fe, donde fue diagnosticado de esta enfermedad tras bajar repentinamente de peso. Pretendió continuar con una vida normal, pero fue muy difícil. En su ciudad no había diabetólogo para chicos de su edad y su familia tuvo que trasladarse a Rosario, donde comenzó un tratamiento, a someterse a periódicas diálisis y a aplicarse inyecciones de insulina.

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La abuela de Fabián, de hecho, fue quien se dio cuenta que algo malo pasaba. Es que ella también era diabética. “Un día cuando llegué a casa de la escuela me recibieron todos llorando, no entendía qué pasaba y ahí me contaron que tenía diabetes y yo me reía. ‘¿Tanto lío por tener diabetes?’, les pregunté porque no entendía la gravedad porque pensé que solo era una cuestión de dieta y cuidarme con las comidas”, recordó.

“El primer año traté de cuidarme lo más que pude, me pinchaba el dedo día por medio. Después probé un alfajorcito, me hacía los análisis y nos salía nada; después fue una Coca, de las más chicas, y pasó lo mismo… Y fui probando, probando, hasta que me empecé a descuidar. Fue una vida a los ponchazos porque es muy difícil controlarla, al menos para mí lo fue. Después tuve picos de glucemia y me pinchaba hasta seis o siete veces por día para bajarla”, lamenta en diálogo con la prensa el hombre que hoy tiene 44 años y vive en Mar del Plata.

Gradualmente, empezó a tener problemas en los riñones; su vista fue afectada por lo que se sometió a varias intervenciones con láser; se le hincharon las piernas; tuvo neumonía, hasta que fue internado y permaneció unos 20 días en coma. Lo dializaban unas cinco horas cada día y medio. A esa altura, ya había perdido la vista del ojo derecho. “Pero mantenía perfecto el derecho hasta que un día comencé a ver nublado y trabajando en la verdulería como cajero una señora me pide que le alcanzara una bolsita con papas, que estaban apiladas en el piso, y cuando me di vuelta para dársela no vi más. Tuve desprendimiento de retina y el 6 de agosto de 2006, a los 30 años, me quedé ciego”, indicó.

A partir de ese momento, Fabián comenzó a agudizar sus otros sentidos. Al mismo tiempo, se convirtió en el primer paciente en ser sometido a un trasplante doble de páncreas y riñón. Entonces, al no tener más diabetes pudo avocarse, sin mayores expectativas, en recuperar la vista.

Mario Saravia, el oftalmólogo que operó a Fabián.

Tras analizar el caso, Mario, de Médicos de Ojos Pilar – Fundación Retina, un oftalmólogo que no formaba parte del equipo que asistía a Fabián, decidió realizar la intervención. “Lo que vivimos con Fabián desde el día que lo conocí fue todo intenso porque cuando lo reviso vi una posibilidad de operarlo y sin decirle nada para no generarle expectativas le hice unos cuantos estudios. Cuando veo todos los resultados me decido a operarlo y todo salió muy bien”, expresó el especialista.

“Su caso –recordó Mario- llegó en un momento de mi carrera, después de tantos años de profesión, en donde confirmé por qué había elegido ser lo que soy. Fue muy fuerte y hoy el vínculo que tenemos con Fabián no es sólo de médico-paciente. Para mí Fabián es un ejemplo y una inspiración de sacrificio, esfuerzo y esperanza”.

Fabián fue operado el 14 de septiembre de 2010. “Unos días después pude ver las luces. La cara de mi mamá que me acompañó en todo momento. Había soñado con ese día y al fin se había hecho realidad”, rememoró emocionado. Por su parte, Mario insistió en que “los controles oftalmológicos regulares son muy importantes, no hay que olvidarse. Un consejo, programárselos en fechas de cumpleaños para recordarlo fácil. Y más aún en los pacientes diabéticos porque el proceso de pérdida de visión puede ser revertido con estudios periódicos”.