Como era de esperar, la OEA rechazó las elecciones parlamentarias del pasado 6 de diciembre en Venezuela, las calificó de “fraudulentas” y advirtió que fueron conducidas “por el régimen ilegítimo de Nicolás Maduro con el evidente propósito de eliminar la única institución legítima y democrática electa en Venezuela”.

La resolución se aprobó con los votos de 21 países. Dos votaron en contra y hubo cinco abstenciones, entre ellas la de Argentina. El embajador ante la OEA, Carlos Raimundi, fundamentó la posición al señalar que “la República Argentina reafirma su compromiso con la facilitación del diálogo entre los actores políticos en busca de una salida pacífica y política a la situación crítica que atraviesa Venezuela y reitera su posición respecto a la importancia de la vía electoral como el único modo de avanzar hacia la renovación de las instituciones, de modo de garantizar la plena vigencia de la democracia y los Derechos Humanos, a la recuperación de la economía venezolana y fundamentalmente al bienestar de su pueblo”.

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En su intervención en la asamblea realizada en forma remota y emitida en directo en los canales de comunicación del organismo multilateral, Raimundi aseguró que “Argentina está convencida de que no se puede desde el exterior hacer caso omiso de la voluntad manifestada por quienes concurrieron al acto electoral ni dictar condiciones para procesos electorales, cuando no se contribuye a ellos en lo más mínimo, o peor aún; se alienta su boicot”.

Recordó que “la actual Asamblea Nacional va a caducar el 5 de enero porque así lo establecen las normas venezolanas. Es contradictorio plantear que la única salida para Venezuela es un presunto gobierno de transición porque así se desprecia el cumplimiento de la Constitución venezolana”.

El embajador argentino señaló que “la política de sanciones y de no reconocimiento no ha llevado a nada y merece una profunda reflexión”. Al mismo tiempo, dijo, “el gobierno Venezolano debe reconocer que la democracia se completa cuando con ella se siente comprometida la mayoría del pueblo. Además, es responsable principal de lograr un diálogo positivo”. En el final de su discurso se lamentó «profundamente (de) que desde la OEA no se haya avanzado en fortalecer el proceso democrático en Venezuela, al que en nada contribuye el proyecto de resolución bajo consideración”.