En menos de un mes, el Congreso peruano deberá dar su voto de confianza al nuevo Gabinete de Pedro Castillo, surgido tras el desgaste por el asedio opositor contra varios exministros y la creciente interna con el principal partido de gobierno, Perú Libre. Justamente, producto de esa interna, Castillo tendrá el rechazo menos esperado para la aprobación de su equipo: el de los propios congresistas de Perú Libre. Según anticipó el presidente de ese partido de izquierda, Vladimir Cerrón, por decisión de la Asamblea Nacional Extraordinaria, el bloque no dará su apoyo ante lo que evalúa como “un inocultable giro político del gobierno y su gabinete hacia el centroderechismo”.

Esto significa que el bloque oficialista de apenas 37 diputados (sobre un pleno de 130) se partirá en 16 libristas “puros” y los 20 que se componen, mayoritariamente, por quienes provienen del sector sindical docente ligado al presidente. Según reveló el hombre fuerte de Perú Libre, este nuevo bloque deberá responder a la decisión del partido y “no emitirá el voto de confianza” a lo que llaman el gabinete “caviar”, un mote dirigido a los sectores moderados y acomodados.

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La ruptura fue tomada con preocupación por miembros del mismo bloque, sobre todo el espacio más cercano a Castillo, el que se pronunció a favor de los cambios en los ministerios, lo que fue relatado la semana pasada en esta sección. La congresista Katy Ugarte opinó: “Con respecto al comunicado del Partido PL llamo a la reflexión de mis colegas de bancada. Reafirmo mi apoyo al presidente Pedro Castillo y daré el voto de confianza al Gabinete de la Premier Mirtha Vasquez”.

Posición similar adoptaron los aliados. Isabel Cortez, de la coalición Juntos por el Perú, dijo: “Luego de décadas, por fin tenemos un gobierno del pueblo al que la derecha viene desestabilizando. Por eso, hoy es fundamental la unidad entre nosotros. Llamo a la reflexión a mis hermanos de Perú Libre: no caigamos en el juego de la derecha de dejar aislado a nuestro presidente”. Consultado por este medio, el Secretario General de Nuevo Perú, integrante de Juntos por el Perú, afirmó su apoyo al presidente. “Construir una supuesta oposición de izquierdas es irresponsable y sólo socava al gobierno de izquierdas”, señaló Álvaro Campana.

Hasta Castillo respondió, indirecta pero claramente, en un acto público el jueves: “Hoy hasta piensan que con un tuit se cambia el país y así no es, el país se cambia trabajando, estando al lado de la población, luchando con ella”, dijo en referencia al comunicado compartido ese mismo día por Cerrón a través de Twitter.

Mientras la derecha y sus medios celebran la posible ruptura en el sector político de gobierno, la propia decisión partidaria deja una puerta abierta a la negociación, o al menos a la convivencia. En el comunicado oficial de PL se establece que “los congresistas militantes natos del Partido deberán recomponer su bancada propia, pues los congresistas afines al magisterio, quienes llegaron con el partido, tienen un proyecto de partido propio. Esto no implica una colisión política, sino un reordenamiento estratégico para mantener las buenas relaciones en base a los valores de sinceridad y el respeto mutuo”. Por lo demás, conmina a los “natos” a cumplir con lo establecido por la Asamblea: “No hacerlo implicaría una incoherencia principista”, señala.

Por estas horas se esperaba una declaración del colectivo sindical vinculado con el Frente Nacional de Trabajadores de la Educación del Perú (Fenatep), al que pertenecen la mayoría de los docentes aliados a Castillo. De ratificarse la ruptura, se formaría un nuevo bloque, cuyo nombre no había trascendido al cierre de esta edición. La agenda parlamentaria prevé que en las primeras semanas de noviembre deberá realizarse la audiencia para el voto de confianza o censura establecido en la Constitución sobre el gabinete recientemente nombrado. Será una fecha clave, sobre todo para confirmar la situación parlamentaria del oficialismo.

En tanto, la oposición de derecha evalúa si se trata de una ruptura real o “una estrategia de Cerrón” para presionar al gobierno por posiciones perdidas, sobre todo tras la salida del también congresista Guido Bellido al frente del gabinete de ministros. En cualquier caso, la separación del bloque seguirá fraccionando a un congreso atomizado en numerosos bloques.