El 11 de septiembre de 1973, con el golpe militar en Chile, el proyecto neoliberal de Milton Friedman baja a tierra. Eran reformas tan extremas que solo mediante una dictadura criminal podrían ser impuestas. El economista de la Universidad de Chicago visitó el país trasandino en marzo de 1975, para “supervisar” las medidas que implementaba el gobierno de Augusto Pinochet. Ese plan alcanzaría status de credo global en 1979, con Margaret Thatcher en el 10 de Downing Street, y a partir de 1981 con Ronald Reagan en la Casa Blanca.

Por entonces un oficial de la Marina de Estados Unidos, Steve Bannon, buscaba abrirse camino en los negocios y en 1983 entró al banco de inversión Goldman Sachs. Conservador convencido, ostenta todos los excesos de que hace gala ese sector: racista, homofóbico, elitista, impiadoso. De la banca pasó a la industria cinematográfica. Fue productor, entre otros éxitos, de la serie Seinfeld y la sangrienta Tito Andrónico, de Shakespeare, con Jessica Lange y Anthony Hopkins.

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Aprendió cómo atrapar al público con buenas historias y pronto desde el portal breitbart.com se convirtió en perspicaz difusor de las ideas ultraconservadoras. Vio que los demócratas, cooptados también por la Escuela de Chicago, habían abandonado a los trabajadores. Y percibió que en los países occidentales ocurría lo mismo: irritación contra la dirigencia política, falta de perspectiva de desarrollo personal, temores ante la liberalización de ciertas costumbres y por las corrientes migratorias.

Y vio antes que nadie el potencial de las redes y las plataformas de internet para manipular poblaciones crédulas. Bastaba con aprovechar esos medios para culpar de la realidad a la política tradicional, a los extranjeros, a las ideas “comunistas” que propugnan los derechos de las mujeres, el aborto, que hablan de cambio climático. En este año y medio suman el encierro, las vacunas, los barbijos.

Bannon logró derechizar más al Partido Republicano a través del Tea Party y fue consejero de Donald Trump. Pero se tuvo que ir tras el ataque neonazi en Charlottesville de 2017. Detenido por algunos chanchullos contra el fisco, fue indultado por Trump antes de irse.

Ya había articulado una Internacional Conservadora. En Francia con el frente ultraderechista creado por Jean-Marie Le Pen y heredado por su hija Marine. Comparten mismos ideales y similares desprecios por los diferentes. Su socio más destacado en Europa es el premier húngaro Viktor Orbán, sin dejar de lado a Alternativa por Alemania y a la Liga del Norte italiana. En España, Vox de Santiago Abascal tiene su sello.

En América Latina, el mayor logro de esta derecha “paleoconservadora” es Jair Bolsonaro. Bannon viajó varias veces a Brasil, donde los hijos del presidente se jactan de ser sus amigos. En Argentina, la cercanía con Mauricio Macri y el PRO no es tan visible, aunque varios de sus integrantes -los de discurso más violento- firmaron la Carta de Madrid, que impulsa Abascal, una hoja de ruta “anticomunista” para la “Iberosfera”.

Macri abreva en el PP español, aunque últimamente está cambiando el eje. Le pasó como a los conservadores españoles: Vox es el desprendimiento por derecha del PP liderado por Abascal, un ultra capaz de cualquier agravio sin que le tiemble la pera; en Argentina quien cubre mejor ese lugar es Javier Milei.  De allí el giro en el PRO. Cuando eran gobierno hablaban de “gradualismo”, ahora sostienen que abusaron de “buenismo”. Es la acusación de Abascal al PP.

Vox, los paleocons, la derecha alternativa, como Thatcher, no aspiran al poder solo por el poder en sí. “La finalidad es cambiar el corazón y el alma”. Ese, en el fondo, era el verdadero objetivo de Friedman. «

Los amigos de Milei y la pelea contra el Grupo de Puebla

A propuesta del partido español Vox, en marzo pasado un grupo de eurodiputados ultraconservadores pusieron en marcha una iniciativa para “abrir una alternativa a la política de apaciguamiento, paños calientes y complicidad de las instituciones de la UE con las narcodictaduras comunistas y socialistas de Iberoamérica, unidas en torno al Grupo de Puebla y el Foro de Sao Paulo controlados por Cuba”.

Se trata del foro ECR-Eurolat (ECR corresponde a European Conservatives Reformist o Reformistas Conservadores Europeos) presidido por Hermann Tertsch, un periodista de nacionalidad española, hijo de un diplomático austríaco afiliado en su momento al partido nazi, aunque luego cayó en desgracia y fue confinado al campo de concentración Sachsenhausen sospechado de intento de asesinato de Adolf Hitler del 20 de julio de 1944.

En junio pasado, el foro organizó una cumbre que contó con la participación del líder de Vox, Santiago Abascal, y otras estrellas fulgurantes de la ultraderecha. Entre ellos cantaron presente el exprimer ministro de Polonia, Jarosław Kaczyński; -el expresidente de Colombia, Andrés Pastrana; la venezolana María Corina Machado, furiosa antichavista. Por Colombia también fue de la partida la senadora María Fernanda Cabal y por Italia la ex ministra de la Juventud de Silvio Berlusconi, Giorgia Meloni. Por Argentina, el invitado fue Javier Milei.