“¿Por qué no?”, responde Rubén Díaz cada vez que alguien le pregunta por el motivo de sus intervenciones en la ciudad, siempre tan desconcertantes y singulares. Díaz trabaja con la sorpresa y el sentido común, pero en sus obras todo está al revés. Algo se ubica donde no va: el obelisco porteño, el Arco de Triunfo, la Torre de Pisa, el Coliseo Romano, la torre Eiffel. Rubén hizo réplicas de estas obras arquitectónicas y las dispuso en Ituzaingó, para que formaran parte del conurbano bonaerense. “¿Por qué no?”, repite.


La casa de Rubén es como un Aleph, un punto donde convergen todos los puntos. En la entrada, un largo “caminito” con casillas de colores dibujadas en la pared evoca al barrio de la Boca, mientras que desde la ventana de su habitación se pueden ver las obras más famosas de París, Italia y Buenos Aires. Si la torre Eiffel no va a Ituzaingó, Rubén la construye. Cualquier proverbio clásico, en tanto cristalización de un saber común, aparece siempre alterado en la mirada de este artista.

Con 70 años, no espera que la torre vaya a él, tampoco va hacia ella, hace algo mejor: la crea. “Hay cosas que ningún hombre puede ofrecerte: la luna, el sol o las estrellas. Pero lo que sí puedo ofrecerte es una torre”, dice.


Esta fuerza transgresora lo llevó a inaugurar, este jueves, su última obra: una torre Eiffel invertida. “Estamos acostumbrados a mirar a Europa desde abajo, entonces ella nos mira desde arriba. Pongo la torre al revés para que la gente sepa que no es así. ¿Quién dice dónde es arriba y dónde es abajo?”, pregunta Rubén, en el eterno espiral de cuestionar lo establecido. Además, la torre no es una réplica de la que está en París, sino de la que el propio artista hizo en Ituzaingó. Es decir, la réplica de una réplica. Díaz está a punto de presentar esta obra al récord Guinness, en tanto nunca en la historia se había construido una pieza con estas características.

La Torre Eiffel invertida


Bajo el nombre de Héctor “Chulo” Rivoira, la torre Eiffel invertida es un homenaje a quien fue jugador de fútbol y un histórico entrenador de Ituzaingó. “Lo padecí como rival y lo disfruté como compañero”, cuenta Rubén, recordando los días de su infancia en el partido del Oeste. “Fue un gran deportista.

Pero no es un homenaje al deportista, es un homenaje al ser humano, que es lo más importante”, dice y confirma que no hay quien no recuerde a Chulo como un tipo humilde y generoso. Ahora su nombre va a estar grabado en una de las obras más famosas del mundo, en una mezcla entre Ituzaingó y París: sincretismo puro. “Decidí que me voy a hacer terrícola, no tengo más país. Las fronteras no tienen sentido, sólo nos dividen y hacen que algunos tengan más”, expresa.


Si alguien sabe de fronteras, es Rubén: dio la vuelta al mundo dos veces y la última vez lo hizo en 22 días, otro récord que va a presentar al Guiness. Estuvo viviendo con la Tribu Pigmea en Uganda; con la comunidad Sai baba, en la India; también en la selva del Amazonas.

Con gran precisión, enumera: “Tahití, Polinesia francesa, Vanuatu (La isla con más accidentes geográficos del mundo). Atravesé Nicaragua en plena guerra, el Sáhara español en medio de un conflicto de guerrillas, visité el Castillo Drácula en Transilvania, recorrí Egipto, Jordania e Israel, exploré Camboya, Laos y el desierto de Kalahari, así como los desiertos de Arabia, India y Estados Unidos.

También viví con los Guajiros en la frontera entre Venezuela y Colombia, visité las Maldivas, Sri Lanka, Cristianía, una ciudad de hippies dentro de Copenhague”. Y hay más, mucho más. “Todo el mundo me decía que no podía, que la salud, que esto, que lo otro. Yo decía: ¿por qué no?”.

Rubén se define como un “arquitecto renunciado”, nunca fue a buscar el título porque tenía que llevar corbata. En cambio, prefirió otra profesión, la de “fantaseólogo”. “Es una rama de la arquitectura que tiene el propósito de sacar una emoción y perderle el miedo a la palabra ridículo que tanta mala prensa tiene”, explica. En su cara, tiene tatuado un tornillo, el mapa de África y el Principito. Son los tres vértices de su personalidad: un realizador de sueños por el mundo.

La torre Eiffel invertida puede visitarse en Avenida Intendente Ratti 2457, Ituzaingó Norte.