La memoria es un desafío al olvido. Y el libro Mis mundiales es una charla con Diego Tomasi y con Julián Capasso sobre los recuerdos, lo que me va quedando de los torneos. García Márquez decía siempre que reconstruir una vida es aquello que nos acordamos. También caminé por ahí, ese día que estábamos hablando de un par de mundiales y me dijeron: “Contanos un poco más…”.
Empecé desde el ‘78, que fue mi primera transmisión en una Copa del Mundo. Así fueron surgiendo algunos elementos del recuerdo, después trabajamos en alguna precisión, hasta que fue saliendo una sucesión, una colección de recuerdos de mis andanzas por los sucesivos Mundiales.
Mis mejores recuerdos pasan por los países en donde fui feliz: en primer lugar está Italia, con Francia, España y Alemania en un segundo escalón muy parejo. El Mundial ‘90 fue por lo que amo a Italia. Valoro profundamente el hecho de estar de viaje, siempre traté de ir con mi familia, a veces sumé algunos amigos. Convertí los Campeonatos del Mundo en inversiones en la pasión viajera y la pasión radial. Y si bien los torneos mencionados fueron también grandes transmisiones, la que hicimos en Italia ‘90 con mis compañeros fue ciertamente muy acertada, impecable, llena de datos, de presencia. En general, los torneos en Europa marcaron el punto más alto: incluso Rusia se convirtió en un gran recuerdo pese a que no pude relatar.
Mis mundiales tienen relatos y programas, a veces ambas cosas. Los programas que hice con TeleSur en Brasil 2014 y en Rusia 2018. Ya en Qatar 2022, a la vez, tuve la suerte de volver a relatar, porque la transmisión de Relatores estaba en la Radio Pública. He relatado ad honorem durante mucho tiempo acompañando a los muchachos que se formaron conmigo y se aprovechó que yo iba por TeleSur: así terminé relatando ese torneo, lo que me permitió convertirme en el relator de más gritos triunfales de Argentina en Campeonatos del Mundo: se suman los tres títulos, más los torneos juveniles.
En 2014 y 2018 padecí la sanción mafiosa de Torneos y Competencias del Grupo Clarín, con la trampa de poner precios inaccesibles para ceder los derechos, aunque era muy claro que yo no viajaba por la radio donde estaba, emisora que de ninguna manera podía pagar el cuarto de millón de dólares que pedían, cuando le daban la transmisión a cualquiera por muchísimo menos dinero y hasta gratis. Así consiguieron dejarme fuera de dos torneos hasta que tuvieron el contratiempo de que, por estar en la Radio Pública, que no paga derechos, pude transmitir otra vez. Estos mafiosos se pierden esta vez la posibilidad, aunque sea por cábala, de que pueda estar cerca otra vez de una nueva final, la cuarta.
De todos modos, los del ‘82, el ‘86 y el ‘90 marcaron mi etapa más interesante en cuanto a relatos. El de ‘98 también salió muy bien y el del 2022 me dio mucha alegría. Pero fue el de México, el que cambió mi vida. Diego Maradona fue fundamental para que mi carrera desde ese ‘86, apenas cinco años luego de llegar a la Argentina, tuve un espaldarazo muy grande, gracias al famoso gol (el segundo a los ingleses), aunque también el primero tiene su historia porque efectivamente lo relaté como lo que era: no se me escapó la mano de Diego.
Además, tiene esa connotación futbolística clave para un relator: transmitir victorias. Don Carlos Solé, el gran inventor de la profesión en Uruguay, decía que los relatores quedamos en el recuerdo cuando relatamos victorias; podemos hacer un maravilloso relato de una derrota que nadie lo va a recordar.
En cuanto al fútbol de la Selección, el del ‘94 que fue el mejor plantel que tuvo en un Copa, pero terminó con la frustración y el dolor de que lo sacaran a Diego del torneo. El equipo de Pasarella del ‘98 merecía mejor suerte. Y el de 2002 fue mi mayor tristeza por la caída muy injusta del equipo de Bielsa. Nunca vi una Selección ligar tan pero tan mal. Creo mucho en el factor fortuna. En el fútbol, además de las condiciones, estamos en una verdadera lotería durante un Copa del Mundo. Qatar fue el polo opuesto: un equipo que arrancó sin tantas pretensiones, aunque la presencia de Messi alentaba la gran ilusión, y terminó siendo un justiciero vencedor
Sobre lo que viene, la Argentina debería estar otra vez entre los cuatro mejores; es el verdadero lugar que le corresponde. Es una potencia del fútbol mundial junto a Brasil, España y Francia.
Descuento que se clasificará sin problemas en la primera ronda. Pero luego puede tener un partido muy bravo si le tocar enfrentarse a Uruguay (como indica la lógica: España debería ganar el grupo que comparten). Es el encuentro que todos imaginamos que ocurrirá, La Selección de Bielsa está en condiciones de ganar, como sucedió en Eliminatorias, en cancha de Boca, en un gran partido. Uruguay tiene, para mí, el mejor mediocampo, el que tiene más fútbol, el más parejo. Pero aún no tiene gol y en la defensa no presenta la misma calidad. La Celeste está para a encaramarse a lo más alto también y será un enorme rival de Argentina.
Así que voy a un campeonato del mundo que no me entusiasma, fundamentalmente por la presencia de Trump. La entrega y el sometimiento bochornoso que la FIFA le dispensó a ese obsceno personaje con el abrazo de Infantino. Además, por las distancias enormes que hay entre las ciudades: me gustan los campeonatos en países como los europeos, donde tenés todo bastante a mano.
Será, en definitiva, un Mundial marketinero: el fútbol terminará siendo lo menos importante ante el hecho político que resulta de todas las injusticias cometidas de antemano, con Rusia que no puede jugar porque está en guerra, pero Estados Unidos lo puede organizar asesinando al mundo entero. Como pasa con Irán, atacado de un modo absurdo, injusto, infame, nadie puede darle justificativo al accionar de Trump.
Así, voy lleno de reproches a un Mundial que viviré con intensidad periodística ya que, por suerte, tendré el programa en TeleSur donde descargar estas opiniones. AR 12 lo retransmitirá a las 23:30 de la Argentina. El programa será La pelota no se mancha, en homenaje siempre al eterno Diego.