Ya de camino a Ezeiza, en mis últimas horas en Argentina antes de volar hacia México para sumarme a la cobertura del Mundial, pensé en el título del texto que Alejandro Wall envió desde el estadio Azteca tras la ceremonia inaugural y el primer partido: “Empezó el Mundial de otro fútbol”.
Un concepto similar había escrito desde mi cuenta de X al final de lo que a partir de ahora debería denominarse el primer cuarto de un partido de fútbol, en este caso de México-Sudáfrica, cuando la televisión interrumpió la señal desde el Azteca a los 23 minutos del primer tiempo y emitió avisos publicitarios: “Sean más honestos y póngale ‘tanda publicitaria’ en vez de ‘pausa de rehidratación’”. Roberto Parrottino se había adelantado: por la mañana me había dicho que escribiría del tema para la edición en papel de Tiempo de este domingo.
Oponerse a los cambios en el fútbol no tiene sentido. La gran mayoría de las modificaciones que adoptó en los últimos años fueron positivos. La FIFA había entrado en pánico luego de Italia 90, un Mundial heroico a ojos argentinos pero de pésimo juego y casi sin goles, el de menor promedio histórico. Los triunfos pasaron a valer tres puntos, se hizo del fair play un culto, se habilitó un tercer cambio para cada equipo y los árbitros comenzaron a adicionar más minutos para castigar a los equipos que hacían tiempo. Fueron decisiones que se instalaron definitivamente después de décadas de un respeto monacal, exagerado, al reglamento original.

Queda por determinar, es cierto, si el VAR se está aplicando como corresponde -y tal vez nunca se sepa- pero la FIFA a veces demostró que sabe dar un paso atrás: por ejemplo, el Gol de Oro y el Gol de Plata fueron modificaciones que aparecieron y desaparecieron en los Mundiales. El problema es que la FIFA nunca se había animado ni a soñar lo que comenzó a implementar en este Mundial 2026 -aunque la Conmebol ya lo había aplicado en este primer semestre-: un fútbol con cuatro tiempos. O, mejor dicho, un fútbol con tres pausas publicitarias en medio del partido.
El público mexicano, que sabe de fútbol -al revés del estadounidense-, silbó la novedad. Es posible que otras hinchadas también lo hagan, mientras las preguntas se multiplican: ¿El fútbol necesitaba cuatro tiempos -o tres cortes- durante cada partido? ¿La idea se le ocurrió a la FIFA? ¿O fue otra concesión de Gianni Infantino a su Estados Unidos querido, un país dónde casi todos los deportes tienen más de un intervalo, por ejemplo el fútbol americano y el básquet?
En todo caso, dicho sin nostalgia pero con pena, este jueves empezó el Mundial de otro fútbol.
