Los hechos de corrupción que durante los cuatro años de mandato de su padre (1990-1995) fueron una constante, aunque nunca admitidos por el actual presidente Luis Lacalle Pou, se repiten 25 años después, en este gobierno que hasta ahora había mantenido bajo la alfombra el caudal de pecados propios. Pero en agosto, en su mes aniversario, además de la torta casera de cumpleaños llegaron las malas. Y vinieron de entrecasa, lo que no estaba en los libretos. Los sondeos de las empresas amigas empezaron a dar mal (9% de  caída), un ministro renunció acorralado por las denuncias de sus propios compañeros, y en uno de los partidos de la coalición (el Colorado) se sacan los ojos entre ellos mientras desde otro (Cabildo Abierto) piden pruebas de honestidad a los miembros del gobierno.

 La torta de cumpleaños, “hecha amorosamente por Loly, con sus manos”, destacó la prensa complaciente refiriéndose a Lorena Ponce de León, la esposa de Lacalle, pasó al olvido cuando el segundo del Ministerio de Turismo denunció a su jefe por hechos reñidos con la ética, en buen romance, episodios delictivos. En concreto, acusó a Germán Cardoso de entregar la publicidad del Estado a un mismo beneficiario, sin previo llamado a licitación y sin pasar por los organismos controladores. Fue un solo contrato por 812 mil dólares, monto exorbitante en un país pequeño, de presupuestos mínimos, más aún cuando se lo compara con el total pagado durante el último gobierno del Frente Amplio: 210 mil dólares en todo el quinquenio, distribuidos entre seis empresas.

Sumate y apoyá el periodismo autogestivo

ASOCIATE

Cardoso nunca tuvo nada que ver con el turismo, ni siquiera como adicionista de restaurant o playero en una estación de servicio de Punta del Este. Lo mismo vale para su sucesor, el ahora ex senador Tabaré Viera, ex intendente de Rivera, departamento norteño que vive del contrabando con complacencia oficial. Los únicos méritos de ambos: integran la misma fracción del subdivido Partido Colorado y son fieles laderos del dos veces presidente y ahora secretario general del PC, Julio María Sanguinetti. Es grave: los ingresos por turismo equivalen al 8% del PBI.

Aunque fue un mes frío, pero luminoso, los días de agosto llenaron de nubarrones el cielo presidencial. Al otro día del cumpleaños, Loly fue pillada cuando pretendía registrar a su nombre el programa presidencial Sembrando, una iniciativa de mecenazgo estatal que favorece a emprendedores. Debió retirar el trámite. El canciller Francisco Bustillo aportó a la bolsa de los disgustos. Venía observado por la compra de diez abrochadoras a un desmesurado precio de 40 dólares cada una y por el no menos descomunal gasto de 889 dólares por 11 platos de milanesa con puré… Ahora, entre las extrañezas propias del diplomático, apareció un pago de 70,35 dólares por la compra de una chalina artesanal a Manos del Uruguay.

 En el medio siguieron saltando episodios sospechosos para el caído ministro de Turismo. Uno extraño, muestra del manejo displicente de los dineros del Estado, pura desprolijidad, la insólita compra de un rollo (uno) de papel higiénico por el que se pagaron 200 mil pesos (unos 4.600 dólares). No es una mera  desprolijidad: Cardoso, que en 2017 estuvo investigado por una operatorio de blanqueo de dinero, realizó desde el Ministerio un pago de miles de dólares que fue bloqueado por el Banco República al advertir que el número de cuenta del beneficiario correspondía a una entidad bancaria de Panamá, incluida en la Lista GAFI, el organismo internacional que controla lavado de activos y financiamiento al terrorismo.

Situado en el rol de censor sin límites políticos (ni éticos), el prodictadura Cabildo Abierto, el partido militar dirigido por el ex general Guido Manini Ríos, sigue desde su vivac la marcha de la penta coalición de la que es un socio clave, por el número de legisladores que aporta. Así, defiende a su representante en el Instituto Nacional de Inclusión Social de Adolescentes, que decidió per se la militarización de la custodia de los jóvenes. Así, bancó a una diputada propia que felicitó (en inglés y todo, “Happy Falklands Islands”), a la embajada británica y a los isleños en el día inglés de las Malvinas. Y así se descolgó el último día del mes con una nota dirigida a los 14 ministros del gabinete, pidiéndoles “un detallado recuento de los gastos realizados y su correspondiente justificación”. «