A pesar del recorte en el Conicet, siguen los hallazgos científicos

En medio del ajuste, se publico el descubrimiento del registro de vida más antiguo de Sudamérica, en Olavarría.
4 de Enero de 2017

Este año el Conicet sufrirá el recorte de casi el 20% en cantidad de becarios, cien patentes menos presupuestadas, 130 proyectos de investigación menos que en 2016 y, sobre todo, un ajuste del 60% en la Carrera de Investigador, con el menor ingreso de científicos en diez años. A pesar de este panorama, los hallazgos de los investigadores persisten. Esta vez fueron geólogos del Conicet, que hallaron en el partido bonaerense de Olavarría una forma de vida de hace 545 millones de años. La novedad fue publicada en la revista Scientific Reports. Aunque la sugerencia del ministro Lino Barañao a la comunidad para que busquen colocar sus trabajos en revistas internacionales esta vez le jugó en contra: hoy la reconocida revista Nature publicó en su portada la ocupación del Ministerio por parte de los investigadores, días atrás.

Se trata del registro de vida más antiguo encontrado en Sudamérica “y se cree que sería el antecesor de la fauna actual”, indicaron desde el organismo, donde denominaron con el término “biota” al hallazgo, ya que debido a la antigüedad –dijeron- no se puede afirmar que sea un vegetal o un ser animal: “Es el concepto con que se define a cientos de impresiones fósiles de unos 545 millones de años de antigüedad que científicos del CONICET en el Centro de Investigaciones Geológicas (CIG, de la Universidad de La Plata) encontraron en la formación Cerro Negro”. 

El descubrimiento consiste en un gran número de huellas sobre piedras pertenecientes al período Ediacárico, ubicado entre 563 y 541 millones de años atrás, lo que lo convierte en el registro más antiguo de Sudamérica. “Son impresiones de cuerpos blandos llamados body fossils, que tenían una estructura más compleja de lo habitual conformadas por células eucariotas, es decir, compuestas por membrana, citoplasma y núcleo, y eventualmente con función de tejido”, describe María Julia Arrouy, becaria posdoctoral del CONICET y primera autora del trabajo. “Desde el principio nos llamó mucho la atención lo que vimos, porque en el tiempo del que estamos hablando los únicos organismos que existían eran algas unicelulares flotando en el agua, y esto da cuenta de algo más complejo”, afirma. 

Daniel Poiré, investigador principal del CONICET en el CIG y director del grupo de trabajo, realizado en colaboración con expertos de la Universidad Estatal Paulista de Brasil, agrega que “estos macrofósiles son muy escasos en el mundo; sólo han aparecido en Canadá, Australia, Namibia, China, Rusia, Reino Unido, y ahora en Argentina”. Por algunos de sus rasgos, especialmente su forma de disco, los investigadores se arriesgan a ubicarla dentro del sector “aspidella”, un conjunto de organismos marinos. “Esa hipótesis implica la presencia de un mar, algo que también está en discusión para este período geológico. Hay teorías que hablan de la existencia de un océano denominado Clymene, y nuestro descubrimiento la abonaría”, apunta Arrouy. Según lo informado, esta biota habría vivido cerca de la playa, en aguas someras no muy cristalinas, a una profundidad de entre 4 y 20 metros”.

En la época de esta forma de vida (más primitiva que la descripta para el período Cámbrico, iniciado hace 542 millones de años en lo que se denomina Explosión Cámbrica) la atmósfera era distinta: “estaba más cargada de dióxido de carbono y otros gases ‘nocivos’ para la vida como la conocemos hoy, y los organismos estaban adaptados a esas condiciones. Además, los había a montones, quizá porque no tenían depredadores”, razona Arrouy. En ese cambio de período irrumpió la fauna diversificada antecesora de los animales que hoy se conocen, y especies como las “aspidellas” no subsistieron. Hasta ahora, los antecedentes más cercanos se habían encontrado en Brasil y Paraguay, pero en esos casos ya tenían esqueleto, por eso sugirieron que lo aparecido en el centro de la Provincia de Buenos Aires “es más antiguo”.

El Conicet salió a difundir este hallazgo en medio de un conflicto que no está cerrado. Ahora quien lo divulgó fue la revista internacional Nature, que habla de la ocupación del Ministerio de Ciencia días atrás como "la acción más extrema de los científicos argentinos después de meses de protestas", tras la sanción del primer presupuesto de la gestión de Mauricio Macri. "Y la ocupación parece haber valido la pena, en parte: a muchos de los involucrados se les ha ofrecido extensiones a sus becas", agrega la nota.

Las becas posdoctorales que se prorrogaron en el acuerdo con los casi 500 científicos que no ingresaron a la Carrera de Investigador, a pesar de haber sido evaluados y aprobados, vencen el 31 de diciembre del año próximo. Varios de ellos viven en provincias, donde no quedaron conformes con la resolución adoptada por los grupos de científicos de Capital y alrededores. Ante esta situación, harán un plenario nacional el 4 de febrero. Mientras que la semana pasada el Conicet publicó el listado de becarios de este año (doctorales, posdoctorales y de finalización de doctorado) que expuso un nuevo recorte: en un año pasaron de 3326 a 2796 becas.

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