La renuncia de Conte: crisis final del gobierno italiano

El presidente del Consejo de MInistros puso punto final al 65º gobierno en 75 años de república. Todo un síntoma. Berlusconi sonríe en bambalinas porque ahora lo buscan para salir del atolladero.

(Foto: AFP)
Por Fernando Collizzolli - Licenciado en Ciencia Política (UBA) fercollizzolli@gmail.com
21 de Agosto de 2019

Con la presentación de la renuncia del primer ministro Giuseppe Conte concluyó en Italia, prácticamente, la experiencia de gobierno de la inédita coalición conformada por la Liga y el Movimiento 5 Estrellas.

Conte anunció su renuncia durante una presentación ante el Senado, con los líderes de los dos principales partidos sentados a su lado -Matteo Salvini (Liga) a su derecha y Luigi Di Maio (Movimiento 5 Estrellas) a su izquierda- y en el marco de un discurso en el que realizó una fuerte crítica a Salvini por haber desatado esta crisis con la presentación de la moción de censura en su contra semanas atrás.

De este modo llegó a su final el mandato del primer ministro número 65 en 73 años de República italiana. Catorce meses –ni más ni menos que el promedio histórico de duración de un Concejo de Ministros en Italia- en los que intentó hacer equilibrio y tender puentes al interior de una coalición de gobierno que pareció siempre estar al borde de la ruptura -producto de las grandes diferencias existentes entre la ultraderechista Liga y el anti-establishment M5E- pero que en realidad nunca estuvo a punto de romperse. Al menos, hasta las pasadas elecciones europeas, en las que Salvini confirmó en las urnas su creciente apoyo popular.

Fue entonces cuando el líder de la Liga entendió que era el momento de dar el salto y comenzó a obrar en consecuencia: la permanencia dentro de la coalición le imponía límites a su crecimiento, Conte había empezado a levantar su perfil político y las vacaciones de verano europeo le permitían agarrar de sorpresa y a contramano a las oposiciones y al M5E.

Además, la moción de censura sobre el propio Salvini preparada para el mes de septiembre en el Parlamento, el escándalo desatado por el aparente financiamiento ruso de la Liga y las dificultades económicas para cumplir con las reformas prometidas aparecían también en el horizonte. En este contexto, las diferencias entre el M5E y la Liga en torno a la construcción de una línea de alta velocidad entre Torino y Lyon (Francia) fueron la excusa utilizada por Salvini para dinamitar la coalición de gobierno e intentar ir a elecciones generales lo antes posible, objetivo que no tiene aún asegurado.

A partir de ahora el presidente Sergio Mattarella iniciará la ronda de consultas con los líderes de los distintos partidos con el objeto de verificar la posibilidad de conformar o no un nuevo ejecutivo con mayoría parlamentaria en el marco de la actual legislatura. Solo un acuerdo entre el M5E y el centroizquierdista Partido Democrático (PD) podría lograrlo. Incluso, recientemente el ex premier Romano Prodi propuso integrar a parte del derechista partido Fuerza Italia de Silvio Berlusconi (su antiguo contrincante) a esa coalición de gobierno a la “alemana”.

En caso de no alcanzar ningún acuerdo, el presidente puede promover también la conformación de un “gobierno técnico” que garantice el cumplimiento de algunas de las obligaciones que tiene Italia por delante (ley de presupuesto 2020, reforma constitucional para reducir el número de parlamentarios, elección del comisario europeo). Alternativas que se debaten por estas horas con el objeto de no tener que regresar nuevamente a las urnas, en unas elecciones en las que Salvini sería el favorito y quedaría a las puertas de formar gobierno con el apoyo de otros partidos de derecha.

Sin embargo, estos acuerdos de palacio intra-elites son parte del problema y le han hecho mucho daño a la democracia italiana. Tanto un acuerdo M5E-PD como la conformación de un gobierno técnico corren el riesgo de continuar incrementando el rechazo de la ciudadanía hacia el sistema político italiano y/o de aumentar la popularidad del propio Salvini ante la aparición de cualquier crisis de gobierno o frente a la adopción de medidas impopulares.

Ninguno de los últimos 5 primeros ministros italianos (Monti, Letta, Renzi, Gentiloni, Conte) fue el vencedor de las elecciones generales. Desde el triunfo de Berlusconi en 2008, nadie pudo congeniar victoria en las urnas y mayoría parlamentaria. Situación que ha empeorado desde la última reforma electoral del año 2017, realizada con el objeto de limitar las posibilidades del M5E de llegar al gobierno. Una ley proporcional disfrazada de mayoritaria que obliga a la conformación de amplias coaliciones para alcanzar el gobierno y cuya hija directa fue la extraña pareja entre el M5E y la Liga que acaba de terminar con idas y venidas, vueltas y revueltas propias de las mejores “commedia all´ italiana”.



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