La controversia abierta por la suspensión de las clases presenciales entre el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodrguez Larreta, y el presidente, Alberto Fernández, significó para Juntos por el Cambio el punto de partida de la pelea electoral que se avecina. Por primera vez desde el año pasado, todas las tribus de la alianza opositora se alinearon detrás del alcalde porteño para respaldarlo en su negativa a cerrar las escuelas por dos semanas para bajar la curva de contagios de la segunda ola. Rodríguez Larreta retomó su diálogo con el expresidente Mauricio Macri y con la titular del PRO, Patricia Bullrich. Ahora apuesta a extremar la polarización con el gobierno en una estrategia que está más sustentada en encuestas sobre el rechazo a cerrar las escuelas que en conclusiones epidemiológicas.

Hasta la semana pasada, en el macrismo aguardaban la inminente restricción de la circulación durante la noche para afrontar el abrupto incremento de contagios. La opción de suspender la presencialidad de las clases en el Área Metrpolitana, según pudo saber Tiempo, estuvo sobre la mesa porteña, bonaerense y nacional, desde comienzos del año. Pero en la administración porteña tomaron como una afrenta la decisión del presidente de no hacer ninguna consulta previa. También lo leyeron como una oportunidad para el alcalde, que viene de transitar meses grises dentro la coalición opositora y de su propio partido.

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En la comuna porteña asumen que, tal como contó Tiempo en su última edición, el presidente tiene un amplio respaldo para el endurecimiento del aislamiento, pero mucho menos margen para interrumpir, aunque sea en forma provisoria, la presencialidad de las clases.

Sobre esa presunta certeza trabaja Larreta, aunque ya reconoció públicamente que acatará el DNU que firmó el presidente. Espera que la Corte Suprema se expida en forma urgente sobre el recurso que presentó el viernes. La aventura no reunió el entusiasmo de todo el gabinete porteño, pero cosechó el activo respaldo de Macri y Bullrich dentro del PRO, y de los demás socios de la coalición opositora. Puertas adentro del partido amarillo, el ala dura considera que Larreta puso en primer lugar una bandera que sostiene el PRO desde el año pasado y uno de los ejes comunicacionales que le permitieron diferenciarse con más eficacia, que la promoción subrepticia de los banderazos contra el gobierno.

Tan aferrados están a esa definición, que el PRO prepara un mapa de presencialidad escolar en todo el país para denunciar en qué distritos no se cumple. En el camino de esa planificación, en el partido amarillo se toparon con la suspensión de las clases presenciales por dos semanas y también se encontraron con un Rodríguez Larreta decidido a capitalizar el tironeo, convencido de que tiene un amplio margen para facturarle al gobierno que no lo llamaron para consultarle una medida tan sensible.

El alcalde se escudará en estudios propios. Sostendrá la poca incidencia de mantener las aulas en funcionamiento en el incremento de la curva de contagios.

En la Casa Rosada consideran todo lo contrario y aseguran que es un recorte arbitrario elegido para tensar la cuerda. El contrapunto transcurrirá durante las próximas dos semanas y subirá de tono el miércoles, cuando ambas administraciones se encuentren en la audiencia que convocó la Corte para escuchar posiciones. El máximo tribunal lo considera vital antes de expedirse sobre la demanda que presentó Larreta para reclamar la restitución de los fondos coparticipables que la Nación le redujo el año pasado.

El tironeo con la Rosada dejó debajo de la alfombra las internas de la alianza opositora. Puso al alcalde porteño en un lugar expectante dentro de JxC y en la administración capitalina le agradecen con ironía al presidente por haber dado un giro abrupto con la presencialidad escolar, que dejó muy expuesto al ministro de Educación, Nicolás Trotta.

En el PRO miran la escena con entusiasmo. Aseguran que la contienda podría ayudar a diluir algunas internas intestinas. La demostración está en el descongelamiento del vínculo del alcalde con Macri y Bullrich. Si las coincidencias van más allá de cerrar filas contra el gobierno, a pesar de las consecuencias epidemiológicas que eso significa, el acercamiento podría ordenar la contienda entre Bullrich y Larreta en la Ciudad y diluir el rechazo porteño a su candidatura a diputada nacional.

El alcalde viene de meses aciagos para construir su candidatura presidencial a nivel nacional y la presión de la pandemia reduce su margen para imponer candidatos propios que compitan con una eventual postulación de Bullrich. Larreta estaría dispuesto a permitirle el desembarco en su territorio con tal de consolidar su liderazgo dentro del partido sin que eso implique disputar el poder en internas.

Lo mismo sucede con la exgobernadora bonaerense María Eugenia Vidal. Viene de presentar su libro Mi camino, con una plataforma comunicacional con la que dejó claro que también quiere ser candidata a presidenta y que todavía no descartó presentarse este año. Aumentó el suspenso de una eventual postulación que podría ordenar las disputas de JxC en la provincia, donde ya piden pista desde Elisa Carrió hasta Miguel Pichetto o Emilio Monzó, dentro de una disputa en la que el radicalismo cuenta con el médico Facundo Manes como una opción competitiva.

Hasta la semana pasada esos eran los contornos de la balcanización bonaerense del arco opositor y de la debilidad relativa del alcalde porteño. Ahora, cada tribu opositora se entusiasma con un eventual desgaste de las medidas del gobierno para transitar la segunda ola de contagios. Creen que la corrosión que impone la pandemia podría tener consecuencias determinantes para el oficialismo en las legislativas de este año. Ese punto fue sostenido por el ala dura en la última reunión de la Mesa Nacional de JxC y la ausencia de consenso frenó una definición con respecto a la postergación de las PASO que propuso el ministro del Interior, Eduardo “Wado” De Pedro. Los socios de la alianza no fijaron fecha para hacerlo.  «