¿Cómo es la representación de Néstor Kirchner luego de su muerte? ¿Cuál es la imagen que pasará a la Historia como pasaron la de Perón o la de Eva?

La representación gráfica es difícil medirla en períodos acotados porque las imágenes necesitan aire, tiempo de decantación. Necesitan de la fricción con la realidad que produce descartes y afirmaciones. Hay imágenes que desaparecen y otras que se imponen hasta convertirse en íconos.

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El ícono de Eva Perón da muchas lecciones al respecto. En un principio había muchas Evas y las representaciones con rodete, las que más se ven hoy, no eran las privilegiadas. Por el contrario, las figuras de Eva que se representaban eran las que tenían los peinados más sofisticados. Entre el ’47 y el ’50, la imagen más frecuente era la de una Eva con peinados ampulosos, de peluquería, que exaltaban la belleza femenina. La que tiene rodete es una Eva post mortem y es el ícono que se afirmó, mientras las primeras imágenes fueron desapareciendo sin llegar a convertirse en emblema, no tuvieron un anclaje icónico.

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Nadie sabe bien cómo se establece un ícono, cómo se perpetúa en el tiempo a través de la posibilidad de relectura, porque si la relectura no es posible, el ícono envejece y termina por desaparecer. La relectura es su posibilidad de continuar siendo una novedad.

Néstor no tiene aún un desarrollo en el tiempo que nos permita tomar distancia, todavía no está anclado. En un momento el Nestornauta, el Néstor con la apariencia del héroe colectivo de Oesterheld, cobró mucho sentido y quizá tenga posibilidades de permanecer como idea creativa.  Pero todavía no se sabe si el tiempo va a homologar este tipo de montajes posmodernos, como es el caso de su fusión con el Eternauta. Sí es posible decir que el ícono serio del tipo de la foto de Mao o de Stalin, que pone en escena al líder poderoso, es anacrónico y es muy posible que su anacronismo haga que caiga en decadencia.

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Perón, Yrigoyen, incluso Frondizi son líderes representados con prestancia, pero Néstor no está ubicado en ese lugar. Su representación va por otro lado, por montajes más modernos. Sus caricaturas quizá tienen más anclaje que su figura misma. Hay un personaje de historieta que lo representa, Lupin. Esa es una forma novedosa de apropiación, por lo que resulta muy difícil establecer si será esa su imagen más contundente. Eso lo dirá el tiempo, porque no hay nadie que pueda establecerlo como ícono.

Encargarle a alguien la representación de una figura política para dejar establecido un canon, como se hacía antes, es un fracaso garantizado. No hay canon y tal vez aparezca por los lugares más inesperados, incluso desde la ironía y de la crítica. Aunque a muchos no les guste, el hecho de que una representación pueda ser polémica es un plus que, lejos de dañarla, la vuelve más interesante. Habrá que esperar que decanten los miles de Néstor que andan dando vueltas.

El Néstor que es un busto en la Galería de los Presidentes de la Casa de Gobierno es literal, no tiene un valor agregado que pueda convertirse en otra cosa, alcanzar un nivel icónico. Es un dato de una representación realista. Y esto no es una crítica, porque los bustos se hacen así y por eso ninguno resulta interesante. Algunos se parecen más o menos, pero ninguno es un ícono. Creo que por ese lado no hay nada que esperar porque la afirmación del valor icónico no se puede imponer.

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Cuando se pretende establecer una estética desde el Estado, hay una mancha de origen que lleva la imagen al fracaso. Es algo que no se puede digitar porque la cristalización de una imagen es auténtica cultura popular. Se pueden sembrar miles de semillas, pero solo algunas prosperarán y serán íconos. ¿Por qué? Ese es un misterio que no se puede explicar. La morfología genera un mundo. El rodete de Eva o un caracol, por ejemplo, se reconocen desde cualquier ángulo que se los mire porque la morfología se cierra sobre sí misma. Y esa es la capacidad de un ícono: absorberlo todo, ser inconfundible, cerrarse sobre sí mismo.