Cuando era chico, en su casa de Villa Luro, las bibliotecas brillaban por su ausencia. Pero a los 12 años el papá de un amigo, un tipo muy lector que viajaba mucho porque era ingeniero naval y pasaba seis meses al año arriba de un barco, le abrió los ojos a un universo inesperado. Un día sacó una edición de “Jorge Luis Borges. Cuentos Completos” envuelta en diarios y comenzó a leer. Mucho de los datos ocultos entre aquellas líneas (filosóficos, matemáticos, literarios y hasta esotéricos) se le escaparon, pero algo llegó y marcó lo que hoy es Abril Sosa. “El primer cuento que me leyó fue ‘La casa Asterión’ y un poco siempre me sentí ese Minotauro, el no entendido”, confiesa. A los 16 abandonó el secundario y Borges se transformó en su escuela y obsesión. “Soy músico por él” asegura el ex baterista de Catupecu Machu y líder de Cuentos Borgeanos.

Luego de cinco años del lanzamiento de su primer disco solista, Abril Sosa regresa con un nuevo álbum: “Canciones para que me crea”, donde mezcla una diversidad de géneros que van desde la balada hasta el trip-hop, aunque nunca deja de prestarle atención a la poesía y al formato canción.

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“Este disco lo tuve durante años en la cabeza y sabía los temas de principio a fin. Tenía quince días reservados en el  estudio y en trece grabamos todo, nos sobraron dos días. Estaba tan cocinado todo que me permití, modestamente, jugar a ser Prince”, revela. Abril grabó todos los instrumentos: baterías, pianos, guitarras, bajos y, por supuesto, las voces.

“Sentí que este es mi primer disco. Ya tengo 20 años viviendo de la música y este es mi segundo trabajo solista. Pero el primer disco donde hay un desprejuicio total. Este no es un disco rockero: todo lo contrario.  De hecho lo mezcle con el tipo que le mezclo a Lali Esposito, porque más allá de lo que te guste, suena increíble y yo quería alejarme de lo que venía haciendo. Esa fue la búsqueda”, admite. De hecho volvió a tocar la batería, algo que no lo hacía desde Catupecu Machu.

Cada una de las diez canciones del álbum está acompañas por un video, todos ellos dirigidos por Abril y definidos como “imágenes complementarias”. El material también incluye “textos complementarios” que inspiraron y precedieron a cada uno de los temas. “En mi devoción por manifestarlo todo, añadí a este disco unos suplementos que encierran otras de las artes que amo: el cine y la literatura”, puntualiza.

Abril incursionó en la actuación en la película de Martín Piroyansky “Abril en Nueva York” (2012). “Pero fue porque estábamos ahí y se dio. Yo vivía en lo de una amiga, sin un peso, sólo porque me copaba la ciudad. Martín compró una cámara y empezamos a armar todo sobre la marcha. Quedó bien. No es algo a lo que quiera dedicarme, pero si se vuelve a dar me mandaré”, dice Abril. Los videos los hizo porque le dieron la oportunidad en la discográfica y decidió aprovecharla.

“Todo en mi surge a partir de la inseguridad, sobre todo a la hora componer y escribir –confiesa–. Un día me creo Lennon  y al otro día me digo: ‘Soy un tarado, soy Chano. Esto es un desastre’. Entonces ahí entra en juego el productor. Yo  me considero un buen producido, dejó el espacio para que el otro juegue y me dejo llevar”. La producción  de “Canciones para que me crea” estuvo a cargo de Pablo Romero, cantante de Árbol, quien en su momento trabajó en dos discos de Cuentos Borgeanos. La base fue encontrar un sonido pop usando los bajos doblados con sintetizador Roland, tambores  acústicos con bombos electrónicos, una marimba digital, y después jugar con todo eso.

“Hago las cosas que quiero, aunque no siempre salen como las imagino. Por eso sigo haciendo canciones, sigo intentando. Este no es un disco conceptual, para escuchar completo. No creo que nadie lo haga así hoy en día: son temas que tienen que ver con la manera que se escucha música ahora, canciones aisladas, que se pueden retomar en cualquier momento”, concluye.

Abril Sosa presenta “Canciones para que me crea” este viernes a las 21 en La Trastienda (Balcarce 460).