La Cámara Federal de Casación Penal avaló una serie de planteos de la defensa de la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, en el marco de la Causa Memorando. Nada es decisivo ni relevante, pero la sucesión de fallos se produjo en el mismo momento que el Tribunal Oral Federal número ocho celebraba la audiencia en la que CFK describió que las causas de lo que denomina «lawfare» fueron hilvanadas para neutralizarla políticamente y despejar el camino hacia la instalación, acaso definitiva, de un modelo económico de dominación a partir de la deuda externa.

La Cámara de Casación (por cierto, otra sala y con otros jueces) fue la que posibilitó que la Causa Memorando, la denuncia del difunto fiscal Alberto Nisman, reviviera después de dos cierres confirmados por la Cámara Federal. “Resucitara”, según la expresión que utilizó el viernes.

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La ex presidenta explicó durante la audiencia que los jueces Mariano Borinsky y Gustavo Hornos, de la Sala Cuarta de Casación, fueron los que, habiéndose excusado previamente en todas las causas relacionadas con el atentado contra la AMIA, decidieron intervenir en este expediente para reabrirlo.

Sólo ahora, cuando se plantearon las nulidades porque se conocieron las visitas de ambos al ex presidente Mauricio Macri en fechas concomitantes con aquella reapertura, el expediente volvió a la Sala Primera, en la que debió haber tramitado siempre.

Esa Sala no es, ni de lejos, un tribunal amable para con la vicepresidenta. A dos de sus integrantes, Daniel Petrone y Diego Barroetaveña, Cristina Fernández de Kirchner los vapuleó cuando expuso sobre la causa Dólar Futuro. Y ambos, junto con la tercera integrante, Ana María Figueroa, firmaron el cierre de ese expediente que, en los pasillos de Comodoro Py, sólo generaba burlas y asombro por su perdurabilidad.

A menudo los jueces son como esos maratonistas que saben que a lo largo de la competencia hay momentos en los que aflojar el ritmo, otros en los que apurar el paso y también llega el momento de dar el zarpazo. La carrera es larga.

El tribunal comenzó a intervenir en esta etapa del expediente en la que se acercan momentos de definición. Y, pudiendo haber jugado fuerte en contra de los planteos de la vicepresidenta, dejó correr los tiempos y tácitamente avaló que el viernes se realizara la audiencia que generó, como cada vez que habla, una cadena nacional espontánea.

En los últimos días, esos jueces desoyeron un planteo del fiscal general Raúl Pleé, le devolvieron un incidente al tribunal oral, desestimaron  una presentación de la DAIA y finalmente terminaron por aceptar una serie de medidas propuestas por el abogado Carlos Alberto Beraldi para la defensa de Cristina Fernández de Kirchner.

Nada de eso modifica sustancialmente el curso de la causa. Pero parece un gesto, una señal. Es una ucronía, pero no resulta aventurado suponer que tres años atrás, ese mismo tribunal pudo haber tenido criterios más severos para con los imputados.

En este expediente intervinieron, en distintos tramos, los jueces Claudio Bonadio, Martín Irurzun, Hornos y Borinsky. Hoy ninguno de ellos roza siquiera el expediente. En el caso de Bonadio, a raíz de su deceso.

El tribunal oral federal que tiene asignado el juicio oral tiene en su presidenta, María Gabriela López Iñiguez, a una garantía de probidad y honestidad, además de una notable solidez técnica. Sus dos compañeros varones, Daniel Obligado y José Michilini, también acompañan, aunque -claro está- cada uno con sus respectivas características, estilos y criterios.

El fiscal de juicio, Marcelo Colombo, fue quien aceptó la realización de la audiencia del viernes. En las últimas horas también consintió la libertad condicional del ex vicepresidente Amado Boudou.

La sumatoria de todos esos factores presagia un horizonte con el que se ilusionan, en ese contexto, los abogados defensores de todos los imputados. Esperan que tras la feria judicial y la reanudación de la audiencia que comenzó el viernes ocurra lo mismo que con Dólar Futuro y Qunita. El final del expediente antes del juicio oral es, en ese escenario, desenlace inevitable. En rigor, consideran que esta causa nunca debió haber llegado hasta esta instancia.

Pero, a diferencia de las otras, la Causa Memorando tiene un plus trágico, que se resumió en la imagen de Graciana Peñafort quebrada, recordando entre sollozos al difunto Héctor Timerman. La figura del ex canciller, quien también fue evocado por CFK, se convirtió en un ícono, un estandarte enarbolado como demostración de lo que consideran un trato cruel, inhumano y despiadado, un ensañamiento que causó un sufrimiento extremo.  Y su muerte.

La audiencia se reanudará el 4 de agosto, tras la feria judicial de invierno. Pero la sensación generalizada es que esa fecha será el inicio de una cuenta regresiva hacia un nuevo desenlace.   «