El jueves 2 y el viernes 3 de diciembre se realizó en el predio de la Ex ESMA la primera edición de las Jornadas Internacionales: Desafíos en el Campo de los Derechos Humanos, organizadas por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. Más de 200 ponencias- divididas en 30 mesas temáticas y coordinadas por destacados profesionales de la Argentina y la región- trataron la temática del lawfare en América Latina y su impacto en la vigencia de los derechos humanos. Las jornadas contaron, además, con la participación del ex mandatario ecuatoriano Rafael Correa, quien disertó en una mesa especial y en el cierre del evento.

“Cuando hablamos de lawfare hablamos de la manipulación de una herramienta- la ley para el orden social-que se deja de usar para la construcción de ese orden social y se empieza a usar como un arma contra la cabeza de victimas determinadas; colectivos que se estigmatizan: artistas K, dirigentes K, mapuches; sujetos políticos capaces de tener representación política”, expresó Graciana Peñafort, Directora General de Asuntos Jurídicos del Senado de la Nación, durante el acto de apertura que contó con la presencia de Martín Soria, Ministro de Justicia y Derechos Humanos, Carlos Zannini, Procurador del Tesoro de la Nación y la moderación de Horacio Pietragalla Corti, Secretario de Derechos Humanos.

Sumate y apoyá el periodismo autogestivo

ASOCIATE

Para Peñafort el  lawfare no es nada novedoso sino “una forma  de guerra psicológica que hace muchos años desde Estados Unidos tiene por objeto algo que se ve en la región y en Argentina: conquistar determinados recursos valiosos de distintos países”. “Cuando era legítimo el uso de fuerza con las dictaduras que azotaron la región, cuando había un modelo de distribución de la riqueza determinado que había que implementar, se recurría a los golpes de estado, una interrupción del orden democrático”, recordó. “El lawfare es lo mismo: una interrupción del orden democrático por medios más elegantes. Lo que hay detrás del lawfare es una estrategia de dominación; no hay lawfare porque sí, por placer de la crueldad sino porque hay una disputa en la sociedad que se trata de resolver de un modo distinto al que dictan las leyes en la Constitución”. Para la funcionaria, la serie de vulneraciones de derechos y garantías generadas por el lawfare ha dejado un sistema judicial totalmente “deshilachado”: “El poder judicial existe para que haya un árbitro que de modo independiente resuelva los conflictos que hay en una sociedad. Cuando llega al punto de degradación al que llegó durante la época macrista, nos perdemos el árbitro, perdemos la confianza y aparecen estas locuras que pretenden reemplazar el imperio de la ley por el imperio de la fuerza y del prejuicio. Y apuntó hacia los medios hegemónicos de prensa: “No hay lawfare sin medios de comunicación: para que el lawfare funcione hay una instalación del tema: una estigmatización que empieza a parecerse en mucho casos a un discurso de odio”.

En sintonía, el ex presidente de Ecuador, Rafael Correa, expresó en el cierre del evento que no se enfrenta ya la brutalidad del Plan Cóndor pero sí nuevas y sutiles formas de represión como el lawfare: “Ya no torturan ni matan no porque no quieren sino porque no pueden: los adelantos tecnológicos evidenciarían estos crímenes prácticamente en tiempo real por ello ahora a la represión la revisten de tintes legalistas y hasta de moralidad” con el objetivo de destruir moral, política, económica y judicialmente a los adversarios políticos. “En esta estrategia del lawfare se empieza primero con una acusación de mucho impacto y poco sustento. Luego viene un bombardeo mediático que aniquile el apoyo que pueda tener la víctima escogida y finalmente, el ser culpable o inocente será un detalle irrelevante para jueces que ya no buscan condenar por razones sino razones para condenar. La sentencia condenatoria ya fue establecida por los medios y la supuesta opinión pública”, agregó. “Esa prensa que siempre debió ser guardiana de la verdad ha sido la primera en robárnosla. Los casos que hemos enfrentado serían imposibles en un estado de derecho. Pero también hubiesen sido imposibles si hubiésemos tenido una prensa algo decente”, reclamó el ex mandatario y propuso “elevar el derecho a la verdad al rango de derecho humano”: “Sin verdad no tendremos justicia, democracia y ni el mismo desarrollo. La verdad no es una dádiva, es un derecho inalienable”. A propósito del término lawfare, Correa retomó la polémica en torno a cómo nombrar esta herramienta judicial: “No es guerra, no hay conflicto entre dos fuerzas. Es realmente exterminio, abuso (…) Lo que menos tiene es de jurídica porque tan solo es una criminalización de la política que en realidad destroza leyes, procedimientos y derechos humanos”, dijo, y recordó el impeachment de Dilma, los juicios y el encarcelamiento de Lula da Silva  en Brasil, el golpe de estado a Evo Morales en Bolivia con la connivencia de la Organización de Estados Americanos,  así como las múltiples causas judiciales iniciadas contra la ex presidenta Cristina Fernández y contra él mismo en Ecuador.

En este sentido, Peñafort se mostró preocupada por lograr mejorar las instituciones judiciales del país: “No podemos tener situaciones de pericias que antes de empezar tenemos  el resultado, o jueces que tomen cafecitos con el poder ejecutivo, fiscales que necesitan recurrir a espías. Si no, lo que se vulnera son los derechos del pueblo argentino. Y entonces al pueblo le quedan pocas salidas. Y así, las únicas salidas que se legitiman son las violentas, convertir al delincuente en un queso gruyere”, exclamó en alusión a los dichos del diputado electo José Luis Espert. “Porque cuando se acaba la ley empieza el imperio del odio. El odio mata, el lawfare también. Pelear por la plena garantía de los derechos es una manera de pacificar la sociedad porque si no pacificamos ni confiamos en el árbitro, la sociedad también se degrada”, concluyó. En tanto Correa resaltó que la herramienta del lawfare no sólo conforma “un abierto atentado a los derechos humanos, al debido proceso y a la libertad de las personas sino que también atenta contra las democracias y cambia- al menos temporalmente- la misma historia”.