“Defiendo el derecho de opinar de todos, cualquiera sea su pensamiento o condición”, así se define en Twitter Juan María Ramos Padilla, juez del Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional 29 de la Ciudad de Buenos Aires. Con una actitud diferente a la de mayoría de sus colegas, el magistrado participa del debate público sin eufemismos. “Tenemos una Corte lamentable, sus integrantes deberían ser juzgados y, si son condenados, deberían terminar presos”, le dijo a Tiempo Argentino y pidió que “otros jueces empiecen a mostrar la cara” y terminen con el silencio del Poder Judicial.

¿Qué opina de la ausencia de Macri en la indagatoria por el espionaje a familiares del ARA San Juan y el pedido de recusación del juez Martín Bava?

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–Macri es un expresidente de la Nación y todo lo que hace repercute por la representatividad que tiene al ser votado por el pueblo. Es un hombre que se la pasa hablando de republicanismo y de las instituciones y le ha faltado el respeto a todo el pueblo argentino. Si en Argentina alguien roba una gallina, la gente quiere que vayan todos presos. Acá estamos hablando de espiar a víctimas de un delito y el hombre dice que va a dar clases, después cuestiona al juez. Cuestiona a la Justicia y después se llena la boca hablando de justicia. Tiene un nivel de moralidad, decencia y principios bastante bajo. Alguien que está mal acusado lo primero que quiere es ir al juez a explicarle. Macri no honra su calidad de expresidente de la Nación. Hemos naturalizado que este señor Macri pueda ofender a los jueces. Una sola de estas cosas, en otro país, sería un escándalo; acá está naturalizado. Eso le hace mucho daño al Poder Judicial.

–¿Qué tan dañado está el Poder Judicial?

–El Poder Judicial argentino ya empezó mal, organizado para cuidar los intereses de la corona británica y después de la oligarquía vacuna. Tenemos una Corte Suprema lamentable, deberían ser juzgados y, si son condenados, terminar presos porque así fue como pudimos terminar con los golpes militares. Nosotros tenemos que cambiar el Poder Judicial, los jueces tienen que ser juzgados con todas las garantías de la ley y, si son encontrados culpables de todos estos delitos, deberían ir presos. Otra cosa que hemos generalizado es esto de que lo peor que le puede pasar a un juez es que le saquen la jubilación. No es posible que Stornelli esté preparando su defensa al mismo tiempo que acusa a otro. Hablando en la televisión sobre justicia cuando lo llaman los jueces y no van. Se ríen de los jueces.

–¿Por qué deberían ser juzgados?

–Por la participación de la Corte encubriendo o no interviniendo frente a las barbaridades que ocurrieron. Deberían ser juzgados no solo por el Congreso para destituirlos, sino que deberían ser investigados. Si estos hechos se comprueban técnicamente en un juicio, deberían terminar presos como cualquier ciudadano que comete delitos. Hay una mafia encabezada por la Corte, que funciona como una suerte de aliado del partido de la oposición. Espías, causas armadas o inventadas de las que la Corte ha sido partícipe con los representantes de Clarín, etc. Se han apropiado del Poder Judicial y trabajan como si fueran una mafia. Sin la participación y el silencio de la Corte, estas cosas no habrían pasado. Lo vimos a Lorenzetti paseando con el juez Moro y con Bonadio. Rosenkrantz y Rosatti aceptaron violar la Constitución para ingresar. Muy baja calidad moral e institucional. Una parte del Poder Judicial es una especie de mafia que se ha apoderado del Poder Judicial y el problema más grave es que la Constitución no podía pensar que esto podía pasar, que íbamos a tener una Corte mafiosa de delincuentes. La Constitución podía prever que algún cortesano se hiciera coimero o cometiera prevaricatos, pero toda la Corte y un sector estratégico del Poder Judicial que se transformó en mafioso, eso no estaba en la cabeza del legislador. Eso, sumado a los medios concentrados y a un partido de oposición salvaje, nos impide mejorar el Poder Judicial.

–¿Por qué fracasan los intentos de reforma judicial?

–A los poderes fácticos les conviene tener un Poder Judicial fácil de dominar. Desde el año ’30, con la destitución de Hipólito Yrigoyen, la Corte pacta con el golpista Uriburu y saca una acordada en la que reconoce la legitimidad del golpe de Estado, que es lo que se usó después. Y ahora, ya nos parece normal que ningún juez que cometa un delito esté preso. Hay cosas que valen para un lado y para otros, no. Cuando hay gobiernos populares que tienen que ver con la defensa de los más necesitados, las cosas del Poder Judicial funcionan de una manera porque también defienden sus privilegios. Ahora se agravan porque no solo defienden sus privilegios sino porque tienen temor a ser juzgados en algún momento. Porque esta vez son muy graves los delitos que han cometido, tener gente dos o tres años presa porque se les ocurre.

–El caso de Milagro Sala es un ejemplo.

–Es tremendo, ya van casi seis años. Ahí también hay responsabilidad de los que estamos de este otro lado de la grieta. Eso no es una cuestión de tecnicismo ni nada, es una cuestión de decisión política. Un gobierno que defiende los intereses de la Nación no puede tener presos políticos. Es motivo de intervención federal. Morales ha hecho un desastre con la Justicia, ni bien asumió votó la ampliación de la Corte provincial y dos de los diputados que lo votaron al día siguiente juraron como ministros de ese tribunal superior.

–¿Le trae consecuencias expresarse abiertamente?

–A mí me critican porque dicen que soy un juez militante y resulta que un juez militante es el que no va a la Embajada de Estados Unidos y prefiere conocer los barrios. Sin embargo, el militante soy yo porque digo que tengo derecho a tener mis ideas y expresarlas. Si alguien se siente mal o inseguro, me puede recusar. Yo era muy amigo de Alfonsín y no jugaba al paddle como estos atorrantes que lo esconden, pero cuando me tocó la Ley de Obediencia de Debida tenía que cumplir con mi deber de juez y declaré la inconstitucionalidad. «