Este miércoles desde las 18 hs., con entrada libre y gratuita, en el auditorio de SiPreBA, Solís 1158 (CABA), tras la presentación de Manuales imposibles para luchas territoriales (una serie audiovisual producida por Red Editorial), Miguel Benasayag -filósofo y psicoanalista argentino- y Raúl Zibechi -militante social y ensayista uruguayo, experto en política internacional- conversarán sobre los dilemas que enfrentan las experiencias de resistencia al extractivismo y la colonización técnica de la vida, sobre la complejidad que caracteriza nuestro presente y los desafíos para nuevas alternativas. Organizan la Fundación Rosa Luxemburgo y Red Editorial.

Relaciones de fuerza, fin del antropoceno y nuevos posibles

-El agotamiento de la racionalidad moderna se vuelve perceptible en el sentido común, más allá de los discursos de denuncia del desastre ambiental y de las militancias que día a día pelean en los distintos territorios. Al mismo tiempo podemos revalorizar experiencias que, o bien nunca formaron parte de esa lógica y modo de ser del mundo que algunos llaman «antropoceno», o bien ensayan modos de vida alternativos. Sin embargo, ¿no tienen la sensación de que las formas de extractivismo a gran escala, de producción neodesarrollista y de colonización técnica de la vida conforman una relación de fuerza que no deja a nadie fuera de riesgo?

Raúl: Sin duda hay un riesgo existencial como humanidad, por eso hablamos de crisis civilizatoria, algo que sin embargo no afecta a todas las personas por igual. Por eso creo que el riesgo es diferenciado según geografías, clases sociales, colores de piel, sexos y modos de vida. Si hablamos de afectaciones ambientales, siempre las más afectadas son las poblaciones que habitan en territorios de pobreza, en los márgenes de las ciudades, en zonas inundables, porque las personas más vulnerables son siempre las más afectadas por las crisis climáticas.El panorama que tenemos por delante es el fin de las formas de vida que conoció la humanidad, por la conjunción de crisis ambiental, crisis sistémica y geopolítica, y el desarrollo de tecnologías que anulan la autonomía de los seres humanos, convirtiendo a la sociedad en una enorme jaula/prisión regulada por la inteligencia artificial. Este último aspecto representa el fin no traumático de la humanidad, sin guerras ni alteraciones violentas en poco tiempo, sino cocinada a fuego lento por tecnologías digitales. 

-Miguel: Creo que es muy importante caracterizar la crisis que, a nivel mundial, y con diferentes modos, marca nuestra época. Lo que llamamos antropoceno, que corresponde a un modo de producción de sí y del mundo ha llegado hace ya un tiempo, a un punto crítico de “no viabilidad”. Es decir, ese modo, que por supuesto es el modo colonial de apropiarse del mundo, de la vida, encuentra desde hace unos decenios una suerte de inversión, o dicho de otra manera, el pretendido progreso que provoca ese modo de apropiarse del mundo y de la vida, provoca una destrucción  muchísimo más grande de lo que puede producir. Esto puede identificarse utilizando las categorías de Rodolfo Kusch, como la crisis radical del “mundo del ser”. Es así como observamos un fenómeno muy interesante. Las culturas y sociedades del “estar siendo” salen de las sombras, salen de la relegación a la cual habían sido sometidas y aparecen como una alternativa que se diría es posible y necesario, habitar nuestro mundo, nuestras sociedades de otra manera.

-¿Qué modo de comprensión ensayan sobre lo que está pasando? Ya que, si bien sus recorridos son bien distintos, los encuentran preocupaciones en común y, tal vez, una caracterización sobre las lógicas del poder (incluyendo a los cercanos) y la historia reciente de experiencias de contrapoder…

-Raúl: Asistimos a una mutación profunda de los Estados-nación que renunciaron a integrar a las mayorías para limitarse al control y vigilancia, porque han sido secuestrados por el 1%, o sea el capital financiero, que los colocó a su servicio. Uno de los aspectos más preocupantes, por lo menos en el Sur, es la creciente militarización de las sociedades destinada a impedir la protesta social colectiva, que ha sido uno de los caminos que encontraron las clases populares y las y los diferentes para hacer valer sus intereses. Ese camino de cambiar el mundo desde arriba ha sido completamente bloqueado y no se registran procesos de cambio reales desde el Estado desde que se instaló el neoliberalismo. Lo que denominas contrapoder son hoy procesos de construcción de autonomías en casi todos los países latinoamericanos, de la mano de pueblos originarios y negros, campesinos y periferias urbanas, mujeres y disidencias sexuales. Son los extensos procesos de creación de mundos nuevos desde abajo, que en Argentina practican, entre otros, el pueblo mapuche, lo que explica que se lo califique como “terrorista” tanto desde la derecha macrista como, ahora, desde el progresismo kirchnerista.

-Miguel: Ambos estamos de acuerdo en que la caída del “mundo del ser” corresponde a la crisis del modo occidental y cartesiano según el cual “el hombre debe ser amo y posesor de la naturaleza”. Pero, al mismo tiempo, observamos que, en realidad, lejos de abrir masivamente las puertas a una mirada de experiencias y experimentaciones de otros modos de vivir, “buen vivir” o “vivir bien” (que, por supuesto, siguen desplegándose), esta caída da lugar mayoritaria y extendidamente a una celebración del mundo de la alta tecnología, ese mundo sin cuerpos, sin territorios que pretende continuar el proyecto de la modernidad en una suerte de híper modernidad. Por eso hablamos de la colonización tecnocientífica de la vida como la dominante y más peligrosa de nuestro tiempo…

-¿Por dónde sienten la presencia de puntos ciegos que tienden a paralizar o a generar desazón? ¿Por dónde avizoran la emergencia de nuevos posibles o, al menos, indicios de interés para explorar? 

-Raúl: El principal punto ciego es plegarse al sistema, renunciar a la diferencia, porque si los pueblos no mantienen y profundizan sus diferencias respecto al sistema, simplemente desaparecen. Ahora bien, acotar la capacidad de ser diferentes a los pueblos originarios (“como no somos indígenas, no podemos”) es un modo muy cómodo de no moverse del lugar. Un ejemplo: si actuamos, en el barrio, en el colectivo que integramos, en la universidad… estamos desafiando el individualismo. Pero para hacer trabajos colectivos, minga, debemos trabajar los egos individuales, el deseo de ser más que el resto, y además desafiar a un sistema que no lo admite. En la universidad, y pongo este ejemplo porque buena parta de las y los jóvenes pasan por ese antro, ¿no podemos exigir que todas las tareas sean colectivas en vez de individuales? Podríamos forzar para hacer tesis de maestría o doctorados con trabajos enteramente colectivos… a ver qué pasa. Lo que pretendo apuntar es que todas y todos podemos hacer las cosas de otro modo, que la capacidad de resistir no depende de la geografía ni del sector social al que pertenecemos. Si fuera así, podemos colgar la toalla y chau.

-Miguel: La situación que estamos describiendo nos obliga a pensar y construir nuevos modos de actuar, que no caigan en la trampa del enfrentamiento directo (ahí un punto ciego, tal vez), sino que se dispongan a elaborar de otro modo el conflicto. Comprender cómo desde experiencias del “estar siendo” se puede resistir a la destrucción no es fácil. Además, para actuar es necesario asumir la complejidad y encontrar los ejes situacionales…  Pero sobre todo, si tenemos en cuenta que 70 por ciento de los habitantes del mundo viven en las grandes “Babilonias”, es decir, bajo la lógica o la influencia de las metrópolis tecnificadas, el desafío parece mucho más complejo. Para decirlo de cierta manera, si en frente nuestro tenemos un monstruo militar o industrial, en nosotros mismos tenemos la “monstruosidad” de vivirnos sobre todo como individuos. El problema es que las formas de emancipación que heredamos no dejaban de ser antropocéntricas ni de dirigirse a individuos (por separado u organizados), al tiempo que respondían a una forma teleológica que permitía pensar que si se partía del punto A se llegaba al punto B. Mientras que hoy necesitamos poder asumir, por un lado, el carácter situacional del actuar, donde no se trata más de ir del punto A al punto B, sino de habitar las coordenadas situacionales y desarrollar ahí mismo vectores de justicia social, solidaridad, libertad; por otro lado, la eficacia de la resistencia y creación de alternativas depende de corrernos del centro de la escena para, mejor, participar de ecosistemas o formas de coexistencia donde lo humano es un elemento más.  

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Raúl Zibechi: militante social y ensayista uruguayo, experto en política internacional, periodista. Colabora con varios medios alternativos latinoamericanos. Vinculado a diversos movimientos latinoamericanos, mundos indígenas, experiencias alternativas, luchas sociales. Publicó: Los arroyos cuando bajan: los desafíos del zapatismo (1996), Genealogía de la revuelta argentina: la sociedad en movimiento (2003), Territorios en resistencia (2008), Autonomías y emancipaciones: América Latina en movimiento (2011), Descolonizar el pensamiento crítico y las rebeldías (2015), Cambiar el mundo desde arriba. Los límites del progresismo (2017), El 68 en América Latina. Los desbordes desde abajo (2019), entre otros. Fue parte del movimiento estudiantil vinculado a los Tupamaros en Uruguay y en su exilio en España se vinculó al Movimiento Comunista. 

Miguel Benasayag: filósofo y psicoanalista argentino que vive en París. Doctor en Psicopatología en la Universidad de Paris VII, Diploma en Investigación de Tercer ciclo en Biología, Neurofisiología en la Universidad de Montpeliér. Dirige Laboratorios Sociales entre Brasil, Italia, Francia y Argentina. Publicó más de treinta títulos, algunos de los cuales son: La singularidad de lo vivo (2019), El cerebro aumentado el hombre disminuido (2015), El mito del individuo (2013), Che Guevara. La gratuidad del riesgo (2012), Pasiones tristes. Sufrimiento psíquico y crisis social (2010), El compromiso en una época oscura y Elogio del conflicto (con Anélique del Rey, 2022, 2018), La vida es una herida absurda (con Luis Mattini, 2013). Formó parte activa del PRT-ERP; estuvo detenido en la década del ’70, hasta exiliarse a Francia, tras cuatro años en prisión. Fundó el colectivo Malgré Tout.

Ariel Pennisi es ensayista, docente (UNPAZ, UNA), editor (Red Editorial), integrante del IEF CTA A.