“No nos podemos morir con el macrismo de nuevo acá”, dice Lita Boitano, titular de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, 48 horas después del multitudinario regreso a la calle en la marcha del 24 de Marzo. Cuenta que también se lo comentó a Alberto Fernández y Cristina Kirchner a quienes vio, por separado, en las últimas semanas: con el presidente compartió un acto en la sede del Conicet por el Día de la Memoria y a la vicepresidenta la visitó en el Senado con organismos de Derechos Humanos, tras el ataque al despacho y días antes de cumplirse 46 años del golpe genocida. 

Con la camiseta de Boca, la 10 sobre la espalda y un barbijo intervenido con un “Nunca Más”, Lita ahora está adentro del club que Mauricio Macri usó de trampolín político y gobernó durante 24 años. Rodeada de nietas y nietos, entre un chiste y otro, la referente de DD HH sostiene un mensaje político que llega en clave de alerta. “Con lo complejo que está el país, el mundo, todo, este 24 de Marzo fue uno de los mejores actos de los últimos años”, evalúa sobre la potente y multitudinaria jornada.

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Fue nada menos que la primera desde la llegada del Frente de Todos al poder. Ocurre después de que las restricciones por la pandemia aparecieran como una excusa coyuntural para que algunos sectores propagaran discursos negacionistas o banalizaciones. Acaso lo más fuerte fue la macabra instalación de bolsas mortuorias con algunos nombres de referentes de Derechos Humanos durante una marcha opositora frente a la Casa Rosada.

El jueves, uno de los comentarios en los alrededores de la Plaza de Mayo era otro episodio repudiable: la estación Rodolfo Walsh de la línea E del subte había amanecido violentada con distintos mensajes contra el periodista, militante y escritor al cumplirse 45 años de su asesinato y desaparición. En esta edición, Ricardo Ragendorfer aporta un dato que convierte al hecho en algo más que una acción aislada de un pequeño grupo de partidarios de Unión Republicana: como se observa en las grabaciones, los andenes estaban desiertos y los atacantes actuaron en una zona liberada que, en realidad, debería haber estado custodiada por la Policía de la Ciudad.

No fue la única vandalización de esta semana. El frente del Sitio de la Memoria Virrey Cevallos, ubicado en Virrey Cevallos 630, en Monserrat, apareció pintado con aerosol. En el espacio que fue un centro clandestino de detención, tortura y exterminio durante la dictadura, hoy funciona la redacción de El Grito del Sur.

Ambos ataques fueron condenados por el Sindicato de Prensa de Buenos Aires que, de hecho, inauguró un mural en la estación en homenaje a Walsh, como una reivindicación de su lugar como periodista, intelectual y trabajador de prensa que, además, construía sindicalmente. Lo hizo en unidad, junto con otros gremios, como el del subte (AGTSyP), y con apoyo de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación.

La vandalización es apenas una muestra de lo que la derecha es capaz de hacer. Incluso ahora, que no gobierna, mantiene poder de daño. Es un ejemplo que se conecta con la advertencia que Lita Boitano lanzó en el acto por la memoria en Boca. Y a la vez es una síntesis de la coyuntura, porque los ataques, como pocas otras cosas, encuentran a todo el campo popular en un mismo campamento.

Foto: Gentileza Matias Cervilla