El viernes 10 de marzo, la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires confirmó las multas que aplicamos a las empresas de reparto por tener a los trabajadores no registrados mientras fui Ministra de Trabajo de la Provincia de Buenos Aires. En estos años, muchos me insistieron con que los propios repartidores no quieren ser empleados, o con que el tiempo de trabajo es libre y eso no está contemplado en la Ley de Contrato de Trabajo y que hay que hacer un estatuto o algo así con solo algunas prestaciones básicas.
Respeto muchísimo a otros compañeros que encaran el camino de brindar mejoras a un grupo de gente con la que nos hemos desconectado. Siento también, que esa desconexión tiene que ver con que, cuando decimos relación de dependencia, la gente ve que el trabajo formal está mal pago (y muchos tienen miedo de ganar menos en mano), los horarios se venden como fijos y los jefes son horribles.
El problema es que ya están en relación de dependencia. Así como están hoy. Eso encontramos desde el Ministerio de Trabajo, eso dijeron los tribunales y esos fueron los fallos ratificados por la Corte. Reconocer esto no significa sacar sueldo, poner horarios y sumar jefes. Todo lo contrario.
Hay una relación de dependencia porque hay subordinación: la empresa organiza el trabajo para maximizar la explotación y con ello su ganancia. Entonces a la empresa le corresponde afrontar lo mismo que le pedimos a cualquier PyME: hacerse cargo de las contingencias (enfermedad, accidente) y de la salud y seguridad en el trabajo, negociar colectivamente las remuneraciones, hacer las contribuciones a la seguridad social y brindar algo tan simple y tan fuerte como un recibo de sueldo. Y sobre todo, establecer un compromiso de brindar trabajo.
Como la empresa organiza, y se lleva las ganancias, lo que queremos cuando les exigimos que reconozcan esta relación es agregarles sueldo a los trabajadores (en mano y también indirecto con jubilación y obra social), es que todo el tiempo de trabajo se pague de manera justa y es que puedan seguir recibiendo los pedidos de un algoritmo sin que nadie les hinche los quinotos, pero que alguien de la cara cuando las cosas salen mal. Y que si se los manda a pedalear como locos para subir en el ranking, ese alguien esté obligado a poner un baño en algún lado, a brindar agua potable, entregar los elementos de trabajo con los cuales les hacen publicidad gratis, pagar si se accidentan trabajando para ellos y no dejarlos en banda si se enferman y no pueden repartir.
Las empresas no son intermediadoras. Nadie piensa cuando pide “voy a contratar un repartidor a través de las app”. Todos decimos “voy a pedir un rappi o voy a pedir en pedidosya”. El pedido se canceló y ni siquiera podés hablar con el repartidor que supuestamente contrataste. La empresa pone el precio del reparto, asigna los pedidos, establece las pautas de conducta y puede aplicar sanciones e incluso despedir (inhabilitar) trabajadores. Y sobre la flexibilidad horaria, a través de un algoritmo que estudia la demanda y el comportamiento de los trabajadores, hace un control casi de libro de ciencia ficción, cuando no de terror. Establece un régimen de días y horarios a través de recompensas en materia de precio y de frecuencia de asignación de pedidos. No existe del todo esa libertad, pero además difícilmente se pueda garantizar sin romper el modelo de negocios por algo muy obvio: a una empresa que reparte comida no le sirve tener gente un martes a las 3 de la tarde, necesita forzar todo para tener gente el sábado a la noche.
Dicho esto, evidentemente hay una demanda por parte del laburante para poder decidir cuándo trabajar y el modelo de organización permite una mayor flexiblidad. Tiene nuestra atención y necesitamos encontrar solución a esta demanda. En las primeras inspecciones que hicimos, esta demanda estaba muy atada a la necesidad de poder trabajar por encima de la jornada legal. Esto no podemos solucionarlo diciendo “ok, manejen una moto 12 horas seguidas 6 días a la semana, no pasa nada”. Yo no sé en qué momento el capitalismo salvaje nos hizo retroceder 100 años y pelear por trabajar más horas en vez de poder trabajar en un horario razonable y que se nos pague lo suficiente para vivir bien.
Lo que hay que hacer es que se pague más por hora. Y para eso, no solo necesitamos reconocer la relación de dependencia, necesitamos negociación colectiva. Es la única manera de que el sueldo en mano suba, no baje. Y sobre eso, los aportes y contribuciones. ¡Y tiene que pagarse el tiempo que uno está disponible! También tenemos que pensar licencias obvias, que muchas veces están detrás del pedido de flexibilidad. Cosas básicas como poder ir al médico tienen que estar contempladas como normal general (¡y no solo para este trabajo!)
En las últimas investigaciones y encuestas, surge que ahora hay más gente que lo hace como empleo secundario, solo algunas horas. Y que valora también poder entrar y salir, incluso quizás no trabajar una semana o un mes. Yo estoy bastante segura que, con un buen convenio colectivo, novedoso se pueden implementar estos esquemas. Y si es necesario modificar ligeramente la legislación, pensar algún régimen especial de seguridad social para estos casos de alta rotación, buenísimo hagámoslo. Pero partamos de que el trabajador tenga todos los derechos y después vemos que cosa no encaja. No al revés.
La ley nueva no cambia nada. Si son trabajadores en relación de dependencia, no son independientes. Eso no se establece a partir de una ley sino del principio de realidad. Y si se quiere forzar, simplemente es inconstitucional, porque no se puede sacar algo a lo que los trabajadores tienen derecho (aunque no se cumpla) para darles nada.
Todo esto que comparto y perdón si me extendí, lo digo a título personal. No me creo dueña de la verdad, y banco y acompaño todo lo que mejore la vida de la gente. Mis valores me dicen que igual tengo que seguir insistiendo, por más antipático que parezca, no por capricho, sino porque de seguir individualizándonos, y jugando este juego del sálvense quien pueda, no le va a ir bien al que más se esfuerza, le va a ir bien al más fuerte, que en este mundo es el que más plata tiene. Y las mayorías vamos a seguir descendiendo, viviendo cada vez peor mientras unos pocos disfrutan del esfuerzo de todos. Y quiero que el trabajo nos ocupe, no nos preocupe.
Así que voy a seguir insistiendo, charlando e intentando convencer.
