Maestra de la narrativa, Ana María Shua ha llevado la palabra por todos los matices y por todas las dimensiones, desde la novela al microrrelato. Si una constante hay en ella es, precisamente, la variación dentro de un espíritu lúdico que no evade el humor. “Cuando empecé a escribir -le dice la autora a Tiempo Argentino-, mi sueño era que cada uno de mis libros fuera distinto de los demás. Porque como lectora veía que había escritores que me gustaban mucho, pero cuyos libros sus libros eran todos muy parecidos entre sí. Finalmente, uno comprueba que no tiene un mundo tan amplio como pensaba en principio y en la variación me ayuda mucho cambiar de género porque es muy diferente escribir un microrrelato que escribir un cuento largo”.
Su último libro, Un cuerpo roto, reúne doce cuentos que se acercan en cuanto extensión y forma a o lo que suele entenderse tradicionalmente por cuento y en los que el cuerpo es el territorio o escenario en el que suceden las cosas.
Más allá de cuál sea su método para que ocurra el milagro de la variación, lo cierto es que no sería sorprendente que Shua, artesana de la palabra, orfebre de la imaginación, hubiera escrito o escribiera alguna vez un manual sobre la construcción literaria que tuviera el mismo título que el John Austin: Cómo hacer cosas con palabras .

Ana María Shua
–¿Cuál es la diferencia entre cuento largo y de un cuento corto o un microrrelato?. Evidentemente, no es solo un tema de extensión.
-No, un microrrelato ya nace entero, nace con su forma puesta. Aunque uno puede retrabajarlo, retocarlo y perfeccionarlo, la idea ya surge armada, de algún modo, cerrada. Eso que a uno se les se le ocurrió va a ser el microrelato.
En cambio, en una narración más extensa, aunque sea un cuento, de todas maneras uno va e descubriendo qué es lo que quiere escribir y cómo va a hacer ese cuento mientras lo escribe en esa especie de lucha que entabla contra las palabras, en ese bajar a la tierra del mundo de la de la música, de las esferas celestes que uno tiene en la cabeza.cuando hay que bajar eso a las palabras, se logra, pero es un trabajo lento, complejo y se va modificando por el camino y generalmente lo que uno tiene termina por escribir no es exactamente lo que pensaba cuando empezó. Pero con el microrrelato sí, porque el micro el rato ya nace de alguna manera enterito. Con Su con su principio, su final y su tema. Ya uno lo tiene en la cabeza más o menos cómo como va a ser y aunque después cambie en el sentido de que uno lo puede mejorar o cambiarle palabras, perfeccionarlo o pulirlo, ya nace más o menos como va a ser.
El cuento no. Claro que esto depende del autor, pero cuando yo empiezo a escribir un cuento muchas veces no sé cómo va a terminar. Hay escritores escritores tan distintos entre sí como Abelardo Castillo y Fontanarrosa, que decían que si ellos no tienen el final no pueden empezar a escribir cuenta. Eso le pasaba a ellos. A mí no. Yo muchas veces voy encontrando el final a medida que trabajp.

-¿Cuando estás por escribir, tenés idea de si vas a hacer un microrrelato o una obra de qué tamaño?
-Sí, yo no escribo microcuento, al menos que me lo proponga. De hecho, entre un libro de mirorrelatos y otro pasan muchos años en los que yo no escribo ni un solo microrrelato. Sí escribo otras cosas, pero pueden pasar 7, 8 años en que yo no escribo ni un solo microrrelato. Tengo que dar tiempo a que algo cambie en mí para que el siguiente libro sea un poco diferente.
-¿El cuento, en cambio, obedece a siempre a una necesidad?
– Bueno, mi escritura es muy volitiva, muy voluntariosa, o sea, yo escribo porque quiero y me propongo escribir. Nunca pude cumplir con lo que se le exige al joven poeta: que solo escriba si siente que la necesidad de escribir lo desborda. Lamentablemente eso no me pasa, escribo porque quiero y me lo propongo. Me siento y me digo:, de acá no te paras hasta que no escribís algo.
-Vos manejás el cuento de una forma muy particular. Yo leo los microrrelatos Fenómenos de circo y leo y Un cuerpo roto y no sé si espontáneamente identificaría a la misma escritora. Sin embargo, tienen mucho que ver. Lo que lo que sucede, me parece, que el microrrelato se acerca más a la poesía.
– Sí, sí, se tocan según como uno lo trabaje. Pero en mi caso sí creo que cubren quizás mi necesidad de poesía Yo no soy buena lectora de poesía.
y no escribo casi poesía, pero mi necesidad de ella se expresa un poco a través del microrrelato. Claro. Sí, es verdad. Otros autores, por ejemplo, Galeano, trabaja más con la anécdota. Hay autores que no se acercan a la poesía, pero yo creo que, no en todos, pero en muchos de mis textos sí, me acerco.
-Es que la narración breve suele tener esa impronta poética. En cuanto se empieza a extender la cosa cambia.
-Sí, pero a mí nunca me pasa que un microrrelato crezca y que se transforme en un cuento. Cuando yo estoy pensando en microrrelatos, lo que me sale son
– Por eso te preguntaba antes, si era un tema de voluntad o que era algo que que salía de manera espontánea.
-No, es un tema de voluntad. Lo que pasa es que también cuando estoy escribiendo microrrelato hay un punto en que mis posibilidades se saturan. Un libro me lleva más o menos 3 años y se termina solo cuando siento que me estoy empezando a repetir. Y después tiene que pasar mucho tiempo para que yo pueda escribir algo distinto de eso.
– ¿Particularmente, cómo surgió El cuerpo roto?
– Yo le había presentado otro libro a mi editor español de Páginas de Espuma. Eran cuentos muy diferentes entre sí, unos fantásticos, otros realistas, no tenían nada que ver unos con el otro. Y él me dijo, «Mira, a mí no me gusta publicar libros con cuentos. Yo publico libros de cuentos. A mí me gustaría que los cuentos tuvieran alguna algún tipo de relación entre sí, o por el tono, por la escritura o el tema, lo que a vos te parezca.” Y yo pensé, bueno, el tema, un tema con el que yo he trabajado mucho es el tema de la enfermedad y de la relación con el cuerpo y con la medicina. Entonces, me decanté por ese lado y y de ahí salió este libro.
– Sí, cuando lo leí pensé que este libro es un libro pensado en conjunto, que no reúne cuentos aislados.
-Claro, exacto. No todos los cuentos son inéditos, sino que empecé a armar un rompecabezas s partir de los cuentos que ya tenía. Entonces, eh lo que ya tiene me fue marcando la forma de lo que faltaba. Y entonces ahí de alguna manera yo sabía qué era lo que tenía que escribir o por dónde tenía que ir con el siguiente.
-. Y si yo te hubiera preguntado en ese momento qué estabas escribiendo? ¿Qué me hubieras contestado? ¿Qué era lo que estabas escribiendo para vos?
-Estaba escribiendo cuentos que tenían que ver con temas médicos y con temas que tenían que ver con el cuerpo que incluso había uno que había uno que tenía que ver con una pérdida de la virginidad que no es exactamente un tema médico, pero sí tiene que ver con el cuerpo roto. El cuerpo roto nació entonces de este pedido de mi editor y del interés que el interés que yo tuve toda la vida en la literatura que tiene que ver con temas médicos. Como todo lo que nos pasa a los escritores, todo nace leyendo. Y a mí siempre me interesó mucho leer ficción sobre temas médicos y soy también muy fan de las series médicas. ¿Te acordás de Ben Casey? Era un cirujano del que todas estábamos enamoradas en ese momento.
-Por supuesto que me acuerdo, yo no era la excepción (risas).
-Además era un neurocirujano al que nunca se le complicaba ni se le moría ningún paciente. Hoy las series hoy son mucho más crueles, realmente uno no puede estar seguro de quién va a morir.

¿Qué particularidades crees que tiene este libro?
– Es la primera vez que escribo un libro de cuentos tan coherente, digamos así. Porque mis otros libros de cuentos han tenido todos temas mezclados, tanto fantásticos como realistas. Este es un libro muy realista todo, no tiene ningún cuento fantástico. Es algo raro en mi literatura porque, en general, en todos mis libros hay algunos cuentos realistas y otros fantásticos. Aquí no. Aquí estoy tratando todo el tiempo con temas muy realistas, tratados de una manera reealista y es como la apoteosis del una tendencia que he tenido desde que empecé, porque mi primera novela se llama Soy paciente, y era sobre alguien internado en un hospital. Otra de mis novelas es La muerte como efecto secundario y también que ver con tema de medicina y de hospitales y tengo muchos cuentos, muchos cuentos que no están en ese libro y que también tienen que ver con el mismo tema. Incluso en uno de mis libros de microrrelatos, que es Botánica del caos, hay una sección que se llama Enfermedades y trata de enfermedades imaginarias.
– Este placer de que te dan los temas médicos tiene que ver con algo es algo familiar o es algo que te ocurre a vos particularmente?
-Es algo que Tiene que ver conmigo, me gusta mucho ese tipo de literatura que tiene que ver con con temas médicos. Desde Bulgákov, desde Quevedo hasta Oliver Sacks. Me gustan estos temas vistos desde el paciente y vistos desde el médico. Siempre me gustó leer sobre ese tema y bueno, dime lo que lees y te diré lo que escribes (risas).
¿Vos venìs de una familia de médicos o de escritores?
No, mi mamá era dentista primero cuando yo era chiquita y después estudió psicología y fue psicóloga hasta una semana antes de morir a los 82 años .Y mi papá era ingeniero agrónomo, pero después tuvo una fábrica de cables. Algo muy argentino. Llegó a tener colmenas cuando yo era muy chica, pero después se metió en la fábrica de cables y se dedicó a eso.
¿Había una biblioteca en tu casa?
-Si, una biblioteca con muchos libros del secundario y de la universidad, muchos libros de odontología y de cría de conejos, pero también había algunos libros de ficción, sobre todo de mi mamá, a mi papá lo que le gustaba era leer sobre la Segunda Guerra mundial. Recuerdo cuando encontré El Decamerón. En realidad, estaba intonso, es decir, con las páginas aun sin cortar, estaba sin abrir. Abrí yo las páginas, empecé a leer y me sorprendí mucho. Me pareció un poco indignante a esa edad. Yo era muy chiquita Mira Pero es un libro que fascina
Neurología y literatura
-¿Qué es lo que deslumbra de Oliver Sasks?
-Que fue gran neurólogo y que es placero leerlo porque fue un escritorazo. Describe sus casos neurológicos con una ternura y una pasión que uno piensa qué pena no haber ser un caso neurológico para haber sido descripto por él en un librolibro. Luego uno reflexiona y dice:»qué deseo tan tonto.»
– Sí, cuando yo lo descubrí me quedé me quedé muda porque la verdad es que es difícil entender cómo logra que un tema supuestamente árido se convierta en algo apasionante
-Totalmente, casi como si fuera literatura de ficción. algo que es ensayístico y no lo es al mismo tiempo. Las historias son muy muy hermosas Así que sí, lo admiro muchísimo, Pero, además, hay muchísimos grandes escritores que han escrito sobre estos temas como Chejov , por ejemplo, Margaret Jourcenar en Opus Nigrum o Camus en La peste. El tema médico se ha abordado de mil maneras en la literatura y a mí todas me fascinan no desde ahora, sino desde que era joven sana y fuerte
todo lo que tenga que ver con No sé por qué, porque digamos ahora bueno. ya soy una vieja cachusa y me ha pasado de todo, pero cuando empecé no era joven y sana y fuerte. Incluso estuve a punto de estudiar medicina. Por suerte en en algún momento me di cuenta que lo que realmente me gustaba de la medicina eran las palabras.
