La selección superó con claridad (80 a 66) a Francia y el domingo definirá el Mundial de China. El peso de Scola, la magia de Campazzo y el factor colectivo, las claves del único invicto de la competencia.

1) Controla desde el arranque. La selección se llevó todos los primeros cuartos de los siete partidos del Mundial. El dominio en el inicio de cada juego es uno de sus sellos: modeló y moderó cada victoria a partir de esa ventaja inicial. Luis Scola se encargó de conseguirla ante Francia con una clínica de básquet en plena competencia: anotó un doble y falta con una corrida de costa a costa, enseguida volvió a correr y marcar de punta a punta y terminó con 10 anotaciones en los primeros diez minutos.
2) Intensidad defensiva. El funcionamiento de la Argentina se apoya en cómo protege su propio aro. Allí comienza a ganar montado en su fiereza y su carácter para anular la potencia de cada rival. De hecho, ninguno equipo pudo marcarle más de 20 puntos en un cuarto en toda la competencia. A Francia, por caso, le ganó todos los cuartos. Esa faceta también le permitió ganar seis partidos por 10 o más puntos (Corea del Sur, Nigeria, Venezuela, Polonia, Serbia y Francia) y totalizar más de 90 en cuatro ocasiones.
3) Sergio Hernández. El entrenador logró potenciar a cada jugador y construyó un equipo que empezó en buen nivel y termina en estado de gracia. Acaso el sorteo le permitió ganar confianza con rivales algo menores que el resto. Argentina le ganó a todos en gran parte por los planteos del Oveja y cuerpo técnico. Diseñó cada partido como un orfebre y siempre vio lo que iba a pasar en cada juego. Pudo dotar de confianza a una delegación que demostró su estatura al superar con pleno control a Serbia y Francia, dos potencias mundiales. “Es el mejor equipo que he dirigido en mi vida. No hay un segundo de distracción, se cumple el plan a rajatabla y hay jugadores en altísimo nivel”, dijo Hernández después de acceder a la final.
4) Todos suman. Si bien hay claras figuras, cada jugador atiende su juego y el colectivo en la selección. Hernández empezó utilizando un equipo corte pero de a poco sumó más minutos y rotaciones con los del banco. Luca Vildoza fue clave para hostigar a los rivales con su defensa, Gabriel Deck se destapó en puntos desde la segunda ronda, Máximo Fjellerup le dio descanso a varios titulares y Tayavek Gallizi utilizó sus 206 centímetros para pelear con los grandotes de Serbia y Francia. “Todo puede ser posible en la final”, dijo Scola aún adentro de la cancha y después de abrazarse con Manu Ginóbili, espectador de lujo.
5) Líderes argentinos, figuras mundiales. Tanto Campazzo como Scola llegaron a China como los abanderados del equipo. Su influencia iba a ser clave para el camino de la Argentina. Son el corazón del equipo y rindieron por encima aún de lo esperado. Por eso se convirtieron en dos de las estrellas de la competencia. Campazzo cerró los dos primeros cuartos con dos bombazos de tres puntos. Es solo una muestra del salto que dio. A los 39 años, Luifa consolidó la victoria ante Francia con dos ¡triples! consecutivos a falta de menos de cuatro minutos para el final. Fue fundamental para construir desde el ejemplo, la constancia y, sobre todo, la vigencia para ser finalistas del Mundial.
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