Mientras Estados Unidos sigue incrementando el envío de tropas y buques a la zona del golfo Pérsico, el mandatario envía mensajes pretendidamente pacifistas a dos días del fin de la tregua establecida con Teherán. Libre navegación y uranio iraní en el debate.

La situación en esas regiones es bastante incierta, básicamente porque el magnate inmobiliario embarra la cancha cada vez que abre la boca y su palabra tiene cada vez menos valor. Si algo le faltaba a Donald John Trump -DJT, como le gusta firmar en Truth– es haberse travestido esta semana en Jesucristo y de haber doblado la apuesta contra el papa León XIV. Una demasía que le granjeó rechazos de la grey católica, de los grupos evangélicos que lo apoyan ciegamente y hasta de los musulmanes, para quienes Isa ibn Maryam (Jesús, el hijo de María), al igual que para el cristianismo, es el Mesías, por lo que tuvo que bajar la imagen creada con IA.
Para colmo, cada día le va peor con sus aliados ideológicos. A la pérdida de acólitos del movimiento MAGA y la derrota aplastante de Viktor Orbán en Hungría a pesar de su apoyo y el del vicepresidente JD Vance, le sumó el rechazo de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, quien se aleja del guerrerismo estadounidense y forma parte, quién lo diría, de una suerte de alianza “independentista” dentro de la OTAN junto con el socialista español Pedro Sänchez. Claro, siendo Roma la sede de la Iglesia Católica, no podía dejar pasar lo que sonó a insulto trumpiano en la figura del pontífice nativo de Chicago.
El cruce con Robert Francis Prevost comenzó con declaraciones del obispo de Roma en las que cuestionaba “la amenaza contra todo el pueblo de Irán”. Trump, que no había sido mencionado, dijo que el papa “es débil en materia de delincuencia y pésimo en política exterior”. La réplica no se hizo esperar: “No tengo miedo a la Administración Trump, yo proclamo la paz”. Días después, León XIV pisó suelo argelino para una gira por África que lo llevaría luego a Camerún, Angola -donde llegó este viernes- para culminar en Guinea Ecuatorial el miércoles. En su primera escala, Prevost, de la orden agustina, estuvo en Anabá, la antigua ciudad de Hipona, donde San Agustín, aquel bereber pecador y converso -en ese orden- fue obispo y murió en el año 430. En Argel, el pontífice firmó el libro de oro en la Gran Mezquita en señal del acercamiento interreligioso con los musulmanes.
Fuera de este debate quizás “para la gilada”, Trump muestra, sin querer, que Teherán maneja los tiempos en una guerra de la que intenta salirse, pero sin pagar los costos de una aventura criminal fallida. Una de las condiciones iraníes a la que la delegación que encabezó JDV en Islamabad le dio un portazo hace una semana fue el alto el fuego en Líbano. A pesar de que la versión oficial decía que la mesa de diálogo forzada por China en Pakistán seguía firme, la información de que EE UU sigue enviando tropas a la región y que el portaaviones USS Gerald Ford volvía luego de reparaciones en Creta, hace presagiar que la tregua que vence este martes no sea sino el preparativo para una nueva ofensiva. Esta vez con las botas en el suelo.
Lo llamativo fue el posteo de DJT sobre avances en las negociaciones con Irán. Tras afirmar que el “polvo nuclear” creado por bombardeos de los B-2 serían enviados a EE UU, escribió una frase que resuena como un ultimátum a quien según sus detractores lo lleva de las narices a la guerra. “Israel no volverá a bombardear Líbano. Estados Unidos se lo prohíbe. ¡Ya basta! (Enough is enough)”. Habrá que ver qué tanto respeto le tiene Benjamin Netanyahu a la prohibición de la Casa Blanca…
Un artículo que publica en el Wall Street Journal apela a fuentes oficiales para confirmar: “el ejército se prepara para abordar en los próximos días petroleros vinculados a Irán e incautar buques mercantes en aguas internacionales, extendiendo así su ofensiva naval más allá de Oriente Medio”. El profesor de Ciencia Política de la Universidad de Chicago Robert Pape considera que “estamos en un punto de inflexión: que Estados Unidos retroceda e Irán emerja como el cuarto centro de poder mundial a corto plazo o que roduzca una escalada para evitar que eso suceda”. Y concluye: “Trump se dirige hacia la escalada”.
Mientras tanto, el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, el hombre fuerte de la dirigencia persa hoy día, se tomó su tiempo para desmentir a Trump. Entre otras cosas dice: “Si continúa el bloqueo, el estrecho de Ormuz no permanecerá abierto/ El tránsito en el Estrecho de Ormuz se realizará según la ‘ruta designada’ y con ‘permiso de Irán’/ La apertura o cierre del estrecho y las regulaciones que lo rigen lo determinará el Mando (iraní), no las redes sociales/ La guerra mediática y la ingeniería de la opinión pública son una parte importante de la guerra, y la nación iraní no se ve afectada por estos trucos”.
Lo más impactante es el tono del mensaje, con palabras, según los que conocen, tomadas del Corán. Ghalibaf puntualiza que Trump miente y le espeta: “Con estas mentiras no lograron la victoria en la guerra y, con toda seguridad, en las negociaciones tampoco llegarán a nada”. «
Y de pronto Pedro Sánchez coronó su aspiración de ser líder del progresismo internacional con una cumbre en Barcelona a la que convocó a los presidentes Claudia Sheinbaum, Lula da Silva, Gustavo Petro, Cyril Ramaphosa y al gobernador bonaerense Axel Kicillof. No sólo eso, de un día para otro terminó coincidiendo con la italiana Giorgia Meloni en que la OTAN está en terapia intensiva y con pronóstico reservado, luego de los embates de Donald Trump desde el otro lado del Atlántico.
A días de la estrepitosa derrota de Viktor Orbán, el llamamiento de Sánchez a tomar acciones en defensa de la democracia frente a las guerras, la desigualdad y la propagación de la desinformación sonó a blasfemia en la ultraderecha hispana del partido Vox.
«Vemos ataques al sistema multilateral, un intento tras otro de impugnar las reglas del derecho internacional y una peligrosa normalización del uso de la fuerza y dentro de nuestras sociedades crece la desigualdad y la desinformación», dijo el español, quien intenta convencer a sus pares regionales para salirse del corset estadounidense y crear un ejército europeo. Con slo eso se ganó la enemistad de Trump, que en España cuenta con la simpatía del partido Vox.
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