La Argentina salió a la cancha para enfrentar a Argelia y también a una maldición, la que persiguió a las dos anteriores selecciones campeonas del mundo en sus posteriores debuts mundialistas. Ambas, la de 1978 y la de 1986, perdieron sus primeros partidos del Mundial siguiente. Y esta, la del 2022, todavía tiene el recuerdo de la sorpresa que se llevó con Arabia Saudita en Qatar.
Nada de eso tenía que volver a pasar. Lionel Scaloni apeló al proverbio eternáutico, que lo viejo funciona. Presentó un equipo de conocidos. Diez de los once fueron campeones del mundo. El impostor del juego era sencillo de descubrir, se trató de Facundo Medina, el único debutando en un Mundial, algo inevitable por la lesión de Nicolás Tagliafico.

Enseguida, el equipo mostró el santo y seña de esta selección, fútbol y compromiso. Hasta Messi, que se paró al lado de Lautaro Martínez en ataque, tomó responsabilidades defensivas. Todos vigilantes, todos atentos. Y asociándose, lo que casi le da la posibilidad de gol a Lautaro a los tres minutos. El cabezazo lo tapó Luca Zidane, el arquero hijo de Zinedine, que miraba desde el palco.
Después vino un gol anulado por fuera de juego a Messi, una pelota servida por Lautaro. Y llegó el susto, a los siete minutos, con una gran jugada de Ibrahim Maza, el argelino nacido en Alemania que juega en el Bayern Leverkusen, y que habilitó con un pase magnífico a Fares Chaibi, que estaba adelantado, incluso un poco más que Messi, aunque acá tuvo que actuar el VAR.
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— 🇦🇷 Selección Argentina ⭐⭐⭐ (@Argentina) June 17, 2026
🎥 Triplete e historia para el 🔟 argentino.pic.twitter.com/BZ4LO9mebL
El sacudón le avisó a la Argentina que también la podía pasar mal. Así que apretó el cinturón un poco más. Se puso más seria de lo que siempre está. Porque este equipo es serio, juega completamente alejado de cualquier frivolidad. A imagen y semejanza del cuerpo técnico que lo diseña.
El pase de Rodrigo De Paul para encontrar a Messi con territorio libre abrió las aguas. Fue exquisito. Después Messi mostró que los años no pasan. Y que si pasan tratará de que no se note. Messi volvió a brindar otra función para la reverencia. Fue todo suyo, como si estuviera en Qatar o Barcelona. Pero está en Kansas City, en la inmensidad del Arrowhead, para dar otra clase de fútbol, para empezar su Mundial 2026.

La noche en la que cumplió 200 partidos con Argentina encontró una nueva víctima, Argelia, y se convirtió en el único jugador en hacerle goles a once selecciones distintas en Mundiales. Hizo tres goles. Le dio el triunfo a la selección, la primera de Sudamérica en ganar su partido en este Mundial, pero además sumó 16 en Mundiales. Lo pasó a Ronaldo, O Fenómeno, y lo alcanzó a Miroslav Klose. Y se convirtió en el tercer goleador de mayor edad en el torneo. Todavía tiene 38 años, cumplirá en unos días los 39. Quedó detrás de Roger Milla, que marcó para Camerún con 42, y Pepe, que en el Mundial pasado convirtió a los 39. Todavía puede pasarlo.
Una vez brindado su show, salió de la cancha. Demostró que administra su cuerpo. Mejor descansar para lo que viene. Messi resiste al paso del tiempo. Esta selección también. Otra vez este equipo demuestra una seriedad que emociona. Otra vez ver a la selección en un Mundial, como hace tres años y medio, fue una fiesta. Y esto recién empieza.



