En el marco del 50 años aniversario del inicio de la última dictadura cívico militar, el Parque de la Memoria y el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de Buenos Aires proponen una muestra distinta y novedosa “La memoria de la colección”: una selección de 40 artistas argentinos de la acervo patrimonial del Moderno que entabla un diálogo de resistencia y memoria ante la violencia política y fáctica del terrorrismo de Estado, ese que volcada en la sociedad segó vidas y proyectos y cuyas políticas de violencia perduran.
Inaugurada en el mes en que comenzó la fiebre mundialista, pero abierta hasta el 12 de octubre, la exposición “La memoria de la colección: El Moderno en el Parque”, se asienta en todo el espacio de la Sala Presentes Ahora y Siempre (PAyS) del Parque de la Memoria, un espacio público rodeada por las esculturas y el gran memorial que testimonia a las víctimas del Terrorrismo de Estado, en ese paseo verde ubicado a orillas del Río de la Plata, a metros de Ciudad Universitaria de la UBA.

Con curaduría de Nicolás Cuello, por parte del museo y Cecilia Nisembaum por el Parque de la Memoria, la exposición reúne obras que reconstruyen ese “entramado de prácticas artísticas” que fueron “producidas entre mediados de los años sesenta y comienzos de los ochenta” en respuesta “a la violencia política, la censura, la persecución y la interrupción del orden democrático”, según el museo.
La muestra hace foco en artistas que “buscaron dar forma a las tensiones de uno de los períodos más traumáticos de la historia argentina”. Pero ¿cómo pensar una exposición que hable sobre esos tiempos convulsionados y oscuros? ¿Qué obras y artistas retomar sin desarmar los relatos de las muestras actuales del museo? ¿Cómo construir un diálogo intergeneracional vinculando arte y política pero sin caer en lugares comunes? Estas preguntas, entre otras, disparadas al espacio, invitan a reflexionar sobre los abordajes críticos de los artistas y sus poéticas que interpelan la vida social en cada nueva presentación de las obras en la interrogación del presente.
“La memoria …”, en sintonía con el criterio curatorial de la Sala PAyS, fue “pensada no como algo estático sino tratando de generar una apertura” con “obras que no estuvieron relacionadas entre arte y política necesariamente”, según la curadora. Y por otra parte, la amplia colección del museo público permitió “hablar sobre cómo la comunidad artística intentó de manera diversa responder o agenciar una respuesta afectiva, formal, intelectual, más o menos explícita a lo que estaba aconteciendo en un contexto de ascenso de la violencia política en nuestro país”, explicó Cuello. Pero a su vez, la investigación permite, agregó el investigador, “reconsiderar cómo puede ser visible el régimen de politicidad de una obra de arte en una época, de qué manera los artistas son leídos como sujetos críticos”.

En definitiva, este buceo en la memoria y las variadas respuestas permiten hablar sobre el “pasado reciente” y representan una gran “oportunidad para ensanchar una economía de representación de cómo el arte puede actuar de manera política o crítica frente a un contexto de adversidad, además de seguir estudiando el pasado e incorporar y complejizar lo que conocemos como la historia del arte argentino y la producción artística en contexto de dictadura”, resumió el curador.
Memoria del arte con postura crítica
Propuesta en cinco núcleos temáticos, la exposición transcurre entre los años 50 y 80. Pero el diálogo dispuesto evade lo temporal abarcando algunas obras de los 90 y los 2000 para ampliar perspectivas y lecturas posibles. Uno de esos casos es “Instauración institucional” (1994), una instalación de Luis Felipe “Yuyo” Noé restaurada y presentada en el Museo MAR de Mar del Plata en 2023.
La obra funciona como cierre entre las décadas con la vuelta de la democracia. Una obra que responde a: “esa poética del caos formal, colorimétrica y sobre todo este desorden que aparece materializado con la explosión del bastidor”, porque “para Yuyo era una manera de decir que no existe una refundación de un proyecto de país sin la incorporación de este caos y sin abrirnos pasos a través de él”, argumentó Cuello. Sin embargo, la obra de Noé no clausura la muestra.
A su vez, en el diálogo interinstitucional se destaca la gran estela con letras caladas de la frase “Pensar es un hecho revolucionario” -y título de la obra-, de Marie Orensanz, la cual se replica en el interior de la sala con “Eros” (1974) y esa misma frase junto con otras escritas sobre papel; y el otro punto de contacto es la caligrafía que escamotea censuras del prolífico y desafiante León Ferrari, el artista que tiene como contraparte la escultura sonora “A los Derechos Humanos” del Parque.
Todas estás cercanías también abrazan las obras de artistas como Norberto Gómez, Carlos Gorriarena, Víctor Grippo, Silvia Brewda, Leandro Katz, Mirtha Dermisache, Alberto Heredia, Elda Cerrato, Alejandro Santamarina o Josefina Quesada, entre otros. Y si “Crucifixión” (1983) de Gómez inaugura la exposición con la impactante escultura, una infaltable Marta Minujín cierra la muestra con uno de sus proyectos, no concretado aún, de construir una Margaret Thatcher de hierro (1982), en clara referencia a la Guerra de Malvinas y la pérdida de soberanía.
Las pinturas, esculturas, instalaciones, dibujos, objetos, fotografías y videos, reflejan la comprensión sobre cómo “el arte puede asumir una posición crítica, producir conocimiento y trabajar en favor de la elaboración del trauma colectivo”, desde la propuesta curatorial compartida y pensada desde el Parque para la conmemoración.
De hecho ambas instituciones de la ciudad de Buenos Aires, el Moderno y el Parque, se aúnan en el proyecto institucional que pivota entre arte y derechos humanos renovando cuestionamientos en un contexto signado por violencias demasiado cercanas a lo que significó la última dictadura cívico militar (1976-1983).
Por ello, pensar en conmemorar los 50 años del golpe de Estado de 1976 desde esa perspectiva no fue una tarea sencilla según relata la curadora y directora del Parque Florencia Battiti, y confirmado por la directora del Museo Victoria Noorthoorn como un gran acierto. Al contrario, Cuello y Nisembaum, encargados de la empresa junto a los equipos de trabajo de ambas instituciones, dedicaron varios meses en investigar la colección del museo, que este año cumple 70 años desde su fundación, para articular un diálogo diferente.
Cuándo visitar la muestra
“La memoria de la colección” puede visitarse en el Parque de la Memoria – Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado (Av. Costanera Rafael Obligado 6745, CABA), de martes a viernes de 11 a 17, y sábados, domingos y feriados de 11 a 18 con entrada gratuita.
Entre estás dos conmemoraciones, una festiva y la otra trágica, “La memoria de la colección” se inscribe en el eje temático Memoria y futuro de la programación 2026 del Moderno, y éste a su vez, es compartido con la exposición “Oscuridad visible: La larga sombra de la dictadura” que por estos días se exhibe en el Spazio Punch en el marco de la Bienal de Venecia.
El recorrido de la muestra
En Buenos Aires, el eje de Memoria y futuro se expande en la exposición al cuerpo y sus deformaciones con la crucifixión en correlato con una de Juan Carlos Castagnino, y otras obras tempranas, para continuar con la nueva figuración y las metáforas. En cambio, una segunda sala recupera las conceptuales obras de Grippo sobre los oficios con instalaciones de una mesa de carpintero o trabajos de albañilería o huerta en pleno proceso, las cuales conversan con las formas robustas de la clase trabajadora de Carpani, junto a los rostros fotografiados por Sara Facio durante el funeral de Perón. Estás piezas pensadas en clave actual enlazan juventud, trabajo, organización sindical y las consecuencias económicas.
Luego el recorrido aborda la comunicación y los nuevos lenguajes que escapan a la censura y el control de la libertad de expresión con Dermisache y Ferrari, por ejemplo, o detallan la muerte del asesino del Che en clave policial con una investigación de Katz: desde el identikit de la ejecutora, al arma utilizada y la foto del cuerpo desnudo del asesino, yacente. Y como contrapartida la sala de la subjetividad, abstracción, y lo espiritual y la experimentación perceptiva abren la lectura de un vínculo impensado, según los curadores: ¿una forma de evasión?, tal vez.
Por último, las últimas dos salas permean la transición entre la instalación de Noé y otras pinturas, para dar paso al vínculo entre la lucha por los Derechos Civiles en Estados Unidos a los Derechos Humanos en Argentina en “I pray with my feet, en tres partes” (2014) de Marcelo Brodsky, para culminar con los proyectos sobre Malvinas, ya a pasos del lugar de consulta de la base de datos de las victimas del Terrorismo Estado.

