El dióxido de carbono es uno de los gases que provocan el “efecto invernadero” cuando se libera a la atmósfera; pero incorporado al suelo, mejora su estructura y retención de nutrientes.
En este camino, el “biochar” es una alternativa que transforma el problema en solución, al permitir fijar carbono en la tierra y evitar que se fugue a la atmósfera. Se trata de un biomaterial que se logra al procesar restos de poda y otros residuos agrícolas mediante “pirólisis”, una técnica que consiste en calentar a altas temperaturas (entre 300 y 900°C), mediante hornos especiales, en ausencia de oxígeno.
Lo que se obtiene es un carbón vegetal que, “al incorporarse al suelo, mejora su estructura, su capacidad para retener agua y nutrientes, favorece la actividad microbiana beneficiosa y contribuye a la economía circular al darle valor a lo que era considerado un residuo agrícola”, destaca el ingeniero agrónomo Javier Collovati, gerente de la Finca Valle de La Puerta, en La Rioja.
La finca arrancó su actividad en 1994 con la plantación de los primeros olivares y viñedos en el Valle de Famatina, bajo un modelo de producción convencional que luego viró hacia la agricultura regenerativa.
Hoy cuentan con 700 hectáreas de olivares y 150 de viñedos para la producción de Malbec, Syrah, Cabernet Sauvignon, Bonarda y el clásico Torrontés Riojano, más una línea de vinos de altura y otra de orgánicos que se cultivan en viñedos aledaños. También incorporaron plantaciones de nogales, producción de biofertilizante, biochar a partir de restos de poda del olivo, y compost.

La bodega aplica técnicas de labranza mínima, evitando la remoción del suelo. El uso de mulching (restos de poda triturados) lo protege de la erosión y mejora su fertilidad. El predio, de más de mil hectáreas, cuenta con cien hectáreas de corredores -que conectan los espacios de monte nativo- e islas de biodiversidad donde se preserva la flora y fauna del lugar.
Biochar: ciencia y economía circular
A partir de un acuerdo de vinculación tecnológica con el Instituto de Ambiente de Montaña y Regiones Áridas (IAMRA) de la Universidad Nacional de Chilecito, se están realizando mediciones de la captura de carbono en el suelo. “Los resultados preliminares muestran que, en los olivares, se logra capturar más carbono y metano del que se emite, a partir de un manejo de los cultivos”, comenta Gabriela Ormeño, encargada de sostenibilidad de la finca. Próximamente se harán mediciones en los viñedos, con el objetivo de ingresar al mercado de bonos de carbono.
Por otro lado, se plantaron rosales junto a los viñedos, que además de atraer polinizadores como las abejas, funcionan como bioindicador para detectar la presencia temprana de hongos que pueden atacar la vid.
La compañía impulsa la economía circular, convirtiendo desechos en recursos. El alperujo (subproducto de la aceituna) se comercializa a un laboratorio de cosmética natural, que elabora cremas rejuvenecedoras a partir de su efecto antioxidante. Y el orujo de la uva, junto con otros desechos vegetales se compostan para elaborar fertilizante orgánico. Las botellas plásticas se reciclan en postes y maderas ecológicas, y los residuos de cartón y papel se donan a la Fundación Garrahan. En tanto, los residuos orgánicos del comedor se procesan mediante vermicompostaje (con lombrices), completando un ciclo de cero desperdicio.
En cuanto al agua, el sistema de riego por goteo y la instalación de sensores de humedad permiten un ahorro del 30% en el consumo, y mediante un convenio con el INTA Chilecito monitorean la sostenibilidad de los acuíferos.
En los últimos años, la finca encaró un plan de transición hacia las energías renovables, con la instalación de paneles solares que cubrirán entre 40 y 50% del consumo eléctrico del predio, e incluso volcar energía limpia al sistema en temporadas de baja demanda.
* Imágenes: Gentileza Guillermo Pardo