La firma tuvo lugar el 17 de enero en Asunción, Paraguay; ahora la expectativa está puesta en que tanto el Parlamento Europeo como los congresos de los países miembros del Mercosur ratifiquen el acuerdo. En sus considerandos el tratado indica que se busca un comercio equitativo, mayor acceso a mercados y la cooperación en áreas estratégicas como el desarrollo sostenible y la inversión. Además, refuerza el diálogo político, las geoestrategias y los vínculos económicos entre los estados miembros de ambos bloques.
En el ámbito agropecuario genera posturas divididas, porque los productores nacionales y regionales enfocados en la exportación ven oportunidades de acceso ese enorme mercado sin aranceles, pero los pequeños y medianos productores europeos, junto con las organizaciones de trabajadores, expresan preocupación por la competencia desleal, la falta de beneficios directos para ellos y el riesgo de desigualdad.
De hecho, en este cuarto de siglo de deliberaciones, presionaron fuerte para que no se realice esta alianza y se refugiaron en los millonarios subsidios de sus estados. Por eso ahora hay organizaciones que señalan asimetrías regulatorias en normas laborales y ambientales, y continúan las discusiones enfocadas en la necesidad de cláusulas espejo para garantizar condiciones de competencia justa y proteger a los productores de los diferentes países de la UE.
A nivel regional también hay detractores por el lado de los pequeños y medianos productores rurales, que señalan que el histórico acuerdo profundiza el modelo de exportación de materias primas, pone en riesgo puestos de trabajo y acelera la contaminación en el Mercosur. Es cierto que hay una asimetría, la UE tendrá preferencia para ingresar vehículos, reactores, maquinaria, aviones y vacunas, por ejemplo, que tienen un alto valor agregado, mano de obra calificada y tecnología de punta.
Visiones encontradas
“El acuerdo no es una solución real para los países del Mercosur, sino que refuerza el modelo orientado a la exportación, traslada costos ambientales, económicos y sociales muy altos para nosotros. Y debilita la soberanía alimentaria, la justicia climática y la justicia ambiental a nivel internacional”, advirtió a la agencia de noticias Tierra Viva María Fernanda López, coordinadora de Comunicación de Tierra Nativa Argentina.
En un país donde seis de cada diez dólares que ingresan por ventas externas provienen del agro, queda claro que el sector agroexportador argentino será el gran beneficiado, pero no el único. Las principales entidades rurales locales coincidieron en calificar la firma como un día histórico, incluso enviaron a algunos de sus miembros a la ceremonia, y destacaron el impacto estratégico que tendrá sobre las exportaciones, las inversiones y la previsibilidad de largo plazo.
“La UE atraviesa un cambio profundo, con menor producción primaria y una población rural envejecida. Lo que genera una oportunidad concreta para relocalizar inversiones, integrar cadenas de valor y producir alimentos de manera sostenible desde el Mercosur”, subrayó el presidente de la Cámara de la Industria Aceitera Argentina y del Centro de Exportadores de Cereales Gustavo Idígoras.
El bloque europeo tiene 450 millones de consumidores, con un ingreso promedio anual por persona de US$43.000, e importaciones agroalimentarias por más de US$200.000 millones al año. Sin embargo, hasta ahora, la Argentina sólo realiza envíos a ese destino unificado por menos del 3% de ese monto, al que seguro cambiará con el nuevo acceso preferencial.
El acuerdo cubre prácticamente todo el entramado agroindustrial argentino, con cuotas anuales específicas para el bloque: complejo soja (harina, aceite, pellets, biodiesel), maíz y sorgo (1 millón de toneladas), carnes bovina (100.000 tn), aviar (180.000 tn), porcina (25.000 tn), frutas, maní, miel (45.000 tn), arroz (60.000 tn), quesos (30.000 tn), pescados y mariscos, vino fraccionado, etanol (650.000 tn). Como no existen limitaciones sobre la procedencia de origen del producto, el impacto del acuerdo es federal.
Beneficios para las exportadoras
La UE reconocerá 220 Indicaciones Geográficas del Mercosur, de las que 104 son argentinas, valorizando y protegiendo en el mercado europeo productos regionales emblemáticos, como vinos, quesos, bebidas y alimentos. Además, la Comisión Europea movilizará un Fondo de Cooperación Reforzada de hasta 1.800 millones de euros para el Mercosur (subvenciones y garantías), sujeto a aprobación del presupuesto de la UE, para apoyar la implementación efectiva del Acuerdo.
La Sociedad Rural Argentina, Federación Agraria y Confederaciones Rurales Argentinas aseguraron que el acuerdo representa una oportunidad concreta de crecimiento para el comercio exterior argentino hacia el viejo continente y abre una posibilidad de ampliar mercados, diversificar exportaciones y avanzar en mayor valor agregado.
Entre los beneficios comerciales sectoriales que se desprenden del acuerdo, según la SRA el 99% de las exportaciones agroindustriales del Mercosur accederán a algún tipo de beneficio. El 70% de los productos ingresarán sin arancel desde el inicio, el 14% tendrá una desgravación gradual en plazos de 3, 7 o 10 años, y el 15% restante lo hará mediante cuotas con arancel reducido o directamente cero.
Por su lado, desde CRA también celebraron el tratado, pero remarcaron que, si bien la entidad impulsa la inserción del agro argentino en los mercados globales, al mismo tiempo buscará garantizar la defensa técnica y gremial de los intereses de los productores frente a este nuevo marco comercial.
La Confederación Intercooperativa Agropecuaria (Coninagro) destacó que el acuerdo puede convertirse en una plataforma para consolidar exportaciones con mayor valor agregado y estándares internacionales. “Esperamos que nuestro Congreso sea lo suficientemente expeditivo para poder tener acceso a la ratificación, que bien podrán aprovecharla los países que más rápido se adhieran”, destacó su presidente Lucas Magnano.