Con su llegada a la gobernación de la provincia, Martín Llaryora desarrolló la peculiar habilidad de moverse en constante equilibrio. Está enfocado en Córdoba, pero con un ojo en el  Congreso y otro en Casa Rosada. El oriundo de San Francisco, al límite con Santa Fe, construye sus primeros meses de gestión entre el acompañamiento al gobierno nacional y el lustre del brillo propio.

Al igual que ocurrió en el resto del país, el 75% que Javier Milei obtuvo en la provincia continúa impactando dentro de El Panal. El contundente apoyo de los cordobeses al nuevo presidente obliga al gobernador a respetar sin chistar la voluntad del mismo pueblo que lo bendijo con su conducción.

“La imagen del presidente es sumamente alta acá, no podemos hacer otra cosa que escuchar lo que quiere la gente y acompañar las políticas que consideremos adecuadas para el crecimiento del país”, confió a este medio un importante colaborador del jefe provincial.

Esta misma línea será la que el espacio adoptará a nivel legislativo. Con el inicio de las sesiones extraordinarias, en las que el oficialismo buscará tratar y aprobar el DNU junto a la ley ómnibus presentada como “Puntos de Partida para La Libertad de los Argentinos”, los diputados de Hacemos por nuestro País y sus aliados pasarán a tener un rol fundamental.

Llaryora (gobernador), Passerini (intendente capitalino) y el saliente mandatario Schiaretti.

Los intereses (de los exportadores) de Córdoba

La semana pasada, las ocho voluntades del cordobesismo sellaron su pacto con ex integrantes de Juntos por el Cambio. El bloque Hacemos Coalición Federal, a cargo de Miguel Ángel Pichetto, se dispone a ser una oposición «responsable» y garante del quórum que el presidente no logra reunir, incluso sumando a diputados del PRO. La vicepresidencia del espacio estará en manos de Carlos Gutiérrez.

El cordobés, que responde al saliente Juan Schiaretti, funcionará como filtro para todos aquellos proyectos que puedan perjudicar directamente a su provincia. Lo propio hará Ignacio García Aresca, alfil de Llaryora, quien está a cargo del juego legislativo y cuida cada uno de los intereses de su líder.

De esta forma, se espera que los nuevos aliados se opongan a la suba de retenciones y cualquier otro proyecto que pueda complicar el funcionamiento de la caja provincial y el humor de los exportadores.

Si bien aún continúan las reuniones y el bloque evaluará uno por uno los proyectos para definir su posicionamiento, lo concreto es que el espacio se mostrará voluntarioso para la aprobación de gran parte de las leyes propuestas por el Ejecutivo. “Hay muchas que terminan con los amiguismos que cosecharon estos años desde el kirchnerismo”, se justificó un integrante ante la consulta de Tiempo.

El negocio para Llaryora

Con este apoyo concreto, Llaryora logrará tener más puntos a su favor en las negociaciones con Casa Rosada. Según adelantaron a este diario fuentes cercanas al gobernador, el mandatario reiniciará formalmente con el reclamo por el índice recibido en concepto de aportes del Tesoro Nacional.

Esta decisión se da en medio de la disputa que vive en su provincia por el incremento en los aportes de los empleados estatales dirigidos a la Caja de Jubilaciones y al Directorio de la Administración Provincial del Seguro de Salud (APROSS) que le costó el primer paro de empleados municipales de su gestión.

Decidido a dar gobernabilidad, el cordobés se mostrará dispuesto a trabajar codo a codo con Nación mientras que las encuestas acompañen al libertario.

Aunque en privado admiten el innegable vínculo con el presidente, sintetizado en la llegada de tres hombres de Schiaretti a la gestión nacional, el gobernador transita el delgado límite de ser aliado sin sufrir las consecuencias de un posible fracaso de La Libertad Avanza. Para ello, se enfocará en continuar atendiendo las necesidades de su provincia.

Tal como él mismo confirmó en una entrevista, su gestión continuará apostando a la inversión en educación y salud pública, a contramano de lo impulsado por el ahora Ejecutivo nacional en su plataforma de campaña. 

Foto: Laura Lescano / Télam

En plena construcción del nombre propio, Llaryora planea subirse al ring de la conducción del peronismo y concretar el deseo de sus antecesores de construir un justicialismo federal. El gobernador sabe que deberá pelear ese lugar con su par bonaerense, Axel Kicillof, quien tiene detrás a las principales figuras del país y que encontraron en él un refugio tras los resultados de la elección. 

Con este escenario, desde Córdoba están dispuestos a construir “desde adentro” y relegar a Unión por la Patria a ser una mera expresión ambacéntrica. En este punto, los aliados territoriales serán la clave de este nuevo armado y la región Centro está dispuesta a pedir pista. De concretarse, sus otros dos representantes, Maximiliano Pullaro y Rogelio Frigerio, podrían convertirse en mucho más que sólo socios comerciales.