Los bombardeos realizados ayer por Estados Unidos y el Reino Unido contra los rebeldes hutíes en Yemen, responsables de numerosos ataques contra buques comerciales en el mar Rojo en «solidaridad» con los palestinos de la Franja de Gaza, elevaron los temores a una expansión regional del conflicto y llevaron a países como China a llamar a la «moderación».

Los ataques aéreos comandados por Washington y Londres golpearon emplazamientos militares de los hutíes en varias localidades.

Como consecuencia, al menos cinco personas murieron y seis resultaron heridas, según informó el portavoz militar del movimiento rebelde, Yahya Saree, en la red social X (antes Twitter).

Precisó que fueron 73 bombardeos que incluyeron la capital Sanaá y la ciudad portuaria de Hodeida, que controlan los rebeldes.

En una declaración conjunta, Estados Unidos, Reino Unido y ocho de sus aliados aseguraron que con estos ataques buscan «desescalar tensiones» y «restaurar la estabilidad en el mar Rojo».

«Las acciones de hoy demuestran un compromiso compartido con la libertad de navegación, el comercio internacional y la defensa de la vida de los marinos frente a ataques ilegales e injustificables», declararon Australia, Bahréin, Canadá, Dinamarca, Alemania, Países Bajos, Nueva Zelanda, Corea del Sur, Reino Unido y Estados Unidos.

El presidente estadounidense, Joe Biden, lo describió como una «acción defensiva» en respuesta «a los ataques sin precedentes de los hutíes contra buques internacionales en el mar Rojo» que amenazan el comercio global.

El movimiento islamista palestino Hamas lanzó una dura advertencia por Telegram: «Condenamos enérgicamente la flagrante agresión estadounidense-británica en Yemen. Los hacemos responsables de las repercusiones en la seguridad regional».

Milicianos de ese grupo lanzaron el 7 de octubre diversos ataques en suelo israelí, en los que mataron a 1.200 personas, la gran mayoría civiles, y secuestraron a unas 240, entre ellas una veintena con nacionalidad argentina.

A partir de ese ataque, Israel declaró la guerra y comenzó una ofensiva en la Franja de Gaza que dejó hasta el momento más de 23.400 muertos, una gran mayoría de ellos mujeres y niños, y una grave crisis humanitaria, con escasez de suministros esenciales y alrededor de 1,9 millones de personas (de un total de 2,3 millones que viven en el enclave) obligadas a abandonar sus hogares.

Los hutíes forman parte del autodenominado «eje de resistencia», una agrupación de movimientos armados hostiles a Israel y apoyados por Irán en el que también están Hamas y el movimiento chiita libanés Hezbollah.

Desde el estallido de la guerra en Gaza, los hutíes lanzaron numerosos ataques en el mar Rojo, forzando a muchos buques comerciales a evitar la zona, lo que encarece y retrasa el transporte entre Europa y Asia.

Según el ejército estadounidense, desde el 19 de noviembre, este grupo rebelde que controla parte de Yemen lanzó un total de 27 ataques cerca del estrecho de Bab al Mandeb que separa la península de Arabia de África.

En respuesta, Estados Unidos desplegó buques de guerra y forjó en diciembre una coalición internacional para proteger esta ruta por donde transita un 12% del comercio mundial.

A pesar de las advertencias de la Casa Blanca y del Consejo de Seguridad de la ONU, los hutíes dispararon el jueves un misil balístico antibuque, lo que generó los últimos bombardeos de la coalición internacional liderada por Washington.

Pese a esta ofensiva, un portavoz del grupo yemení aseguró que seguirán atacando los buques vinculados a Israel que transiten por esa zona.

Esta escalada provocó una ola de reacciones internacionales.

Al subrayar que «el mar Rojo es un importante punto de paso para la logística internacional y el comercio energético», China expresó su «preocupación» por la escalada de tensiones y pidió «moderación» a todas las partes.

Por su parte, Irán condenó los bombardeos británico-estadounidenses calificándolos de «acción arbitraria» y «violación» del derecho internacional y Rusia los tildó de «ilegítimos» pero la OTAN los defendió como acciones «defensivas».

El Gobierno de Jordania destacó que «sigue con preocupación» la situación en el mar Rojo y alertó de que Israel «empuja a toda la región hacia más conflicto, tensión y guerra» por su ofensiva contra la Franja de Gaza.

«Nuestro país se enfrenta a un ataque masivo de barcos, submarinos y aviones estadounidenses y británicos», declaró el viceministro de Relaciones Exteriores hutí, Hussein Al Ezzi, citado por medios rebeldes.

«Estados Unidos y Reino Unido deben estar preparados para pagar un alto precio y asumir las graves consecuencias de esta agresión», agregó, en declaraciones reproducidas por la agencia de noticias AFP.

Medios estadounidenses señalan que los bombardeos se llevaron a cabo con aviones de combate y misiles Tomahawk. Reino Unido dijo haber desplegado cuatro cazas Typhoon FGR4 con bombas guiadas por láser.

El ataque se produjo justo después del fin de una gira regional por Medio Oriente del jefe de la diplomacia estadounidense, Antony Blinken, justamente para evitar una conflagración del conflicto en Gaza.

La guerra en Gaza aumentó también la tensión en la frontera entre el norte de Israel y Líbano, donde se producen disparos casi diarios entre las tropas israelíes y los milicianos de Hezbollah.

Además, en Irak y Siria, las fuerzas estadounidenses recibieron desde octubre 130 ataques de las facciones locales proiraníes que dicen actuar en solidaridad con los palestinos, según el Pentágono.