Cuando la señal deja de buscar

Por: Boris Cane

Tras los ataques de fines de febrero, la conectividad internacional de Irán se desplomó hasta rozar el 1%.

UNO. La guerra tiene esa costumbre de hacerse oír con los ojos. Sirenas, cristales rotos, el zumbido de los motores en plena fuga; ese golpe breve que transforma una calle transitada en un baldío abandonado. Esta vez, sin embargo, trajo también un silencio técnico, obediencia del aire. Tras los ataques de fines de febrero último, la conectividad internacional de Irán se desplomó hasta rozar el 1% de su pulso habitual. Ese apagón se estiró durante semanas, consolidándose como uno de los encierros digitales más vastos que hayan registrado los monitores de tráfico.

El drama verdadero se urdió en los sótanos de la arquitectura de acceso, lejos de la pirotecnia del cielo. De pronto, la pantalla siguió encendida, pero el mundo dejó de contestar. Los íconos conservaron su brillo y las aplicaciones su diseño, pero todo adquirió la consistencia de una puerta pintada sobre un muro de ladrillos.

En esa clase de penumbra, la confianza es lo primero que se quiebra. Un mapa inmóvil ya no orienta cuando la señal de GPS se ha extinguido; es apenas un dibujo inútil. Un chat que no entrega mensajes deja de ser una herramienta para volverse una burla privada. La red, que hasta ayer servía para comprar el pan, estudiar, pedir un auto o escuchar la respiración de un pariente en el otro extremo del mapa, se redujo a una coreografía de reflejos sin destino.

La tecnología guarda esa forma curiosa de crueldad, porque mientras funciona parece un proceso biológico, algo natural; cuando se retira, se descubre con espanto que ocupaba el lugar de un órgano vital.

DOS. Irán entró en este conflicto con el 85% de su gente conectada a Internet. Lo que sobrevive es la Red Nacional de Información (NIN), un ecosistema que respira bajo jurisdicción propia. En ese perímetro todavía se mueven los portales oficiales y los mensajeros estatales, como Bale o Eitaa. Una red nacional puede venderse como un refugio contra el caos externo, pero en la práctica funciona como un cerrojo electrónico.

El castigo trasciende el simple gesto de bajar una palanca. Las autoridades iniciaron una cacería minuciosa contra quienes se atreven a ocultar terminales clandestinos de Starlink, una osadía que hoy se paga con hasta dos años de sombra en una celda. Existe, además, una amenaza latente sobre cualquiera que use la red para filtrar imágenes del interior hacia esos canales satelitales de la oposición que transmiten desde el exilio.

La policía de la ciudad santa de Qom informó la captura de diez individuos por enviar imágenes. Un orden que se impone con fuerza.

El mundo diseña hace años la idea del espacio digital. Ahora, Internet se concibe ahora como un sistema de esclusas donde cada gobierno aspira a controlar la entrada, la salida y la presión del flujo. La política del siglo pasado discutía fronteras de tierra y alambre; la de este siglo aprende a dibujar en las nubes de las que todos hablan, pero que nadie ve.

Es una geografía incómoda. Teherán fortalece su muralla interna; Moscú perfecciona un internet cada vez más angosto; Bruselas borra ciertos medios ajenos con la excusa de proteger su propio espacio público. Aunque cada bloque elige un vocabulario distinto, pero el parentesco es profundo cuando lo que se discute es qué realidad merece circular por los cables.

TRES. La palabra información pierde la inocencia cuando un Estado la trata como si fuera combustible, morfina o uranio enriquecido. En ese momento deja de ser un bien abstracto para volverse infraestructura, aduana e instrumento.

La oscuridad informativa integra la guerra. La organiza. La pule.

Esto modifica la experiencia moral del otro. Una sociedad conectada discute, se miente y se seduce en tiempo real. Una sociedad aislada, en cambio, empieza a intuir al vecino como una silueta borrosa. El otro vive, sufre, pide auxilio, pero su mensaje llega tarde o se pierde en el camino. Esa demora altera incluso la compasión: lo remoto empieza a parecer irreal.

La manipulación moderna prefiere gestionar la visibilidad con una sofisticación siniestra. Quedó demodé aquello de quemar libros en las plazas; hoy basta con ordenar el paisaje para que ciertos hechos pierdan velocidad de carga y las preguntas necesarias aparezcan demasiado tarde en los buscadores. O la IA.

Queda, sin embargo, una imagen mínima. Un teléfono se enciende en la noche. La barra de señal apenas respira. Aun así, alguien abre una aplicación y escribe unas pocas palabras. Las deja ahí, suspendidas, como si confiar en un trayecto incierto fuera todavía una forma razonable de la esperanza.

Ese gesto contiene la verdad de que el poder fracasa mientras exista la costumbre de buscar una respuesta. El día en que ya nadie escriba, el encierro habrá encontrado su forma perfecta. Y las formas perfectas del poder suelen parecer, al principio, simples soluciones técnicas.

Egipto, 2011

El primer gran oscuro digital a propósito, de esos que se hacen con mala leche y no por tormenta eléctrica, ocurrió en Egipto, cuando la calle hervía alrededor de la plaza Tahrir. El 27 de enero de 2011, justo antes de que la gente se juntara en serio, al gobierno se le ocurrió la idea sencilla y brutal de levantar el teléfono y decirles a casi todos los proveedores: “muchachos, cierren la canilla”. Y la cerraron. En cuestión de horas, más del 90% del país quedó sin internet y con la red móvil convertida en un recuerdo borroso. Nadie coordinaba marchas por chat. El truco funcionó tan bien que desde entonces quedó como ejemplo de manual. El apagón dejó de parecer un accidente técnico y pasó a integrar la caja de herramientas del poder, ahí nomás del estado de sitio y el toque de queda.

Una de esas historias que, contadas en clave local, dan para un caso entero del agente “Best Hamas Seller”: misión en el Cairo, informe final prolijo, viáticos justificados y un par de chistes oscuros que el Negro Fontanarrosa aprobaría sin corregir una sola coma.

Compartir

Entradas recientes

Superricos y tramposos: sus cuentas offshore crecen mucho más de lo imaginable

Datos de Oxfam exponen el aumento de la concentración de la riqueza: lo oculto equivale al…

40 segundos hace

Péter Magyar, un derechoso distinto a Orbán, pero no tanto

Conservador y europeísta, rompió hace poco con el actual mandatario. Un político moderno que se…

6 mins hace

Perú no sale de su caos político: ¿quién irá al balotaje junto a Keiko?

A una semana de los comicios, pelean voto a voto el progresista Roberto Sánchez y…

10 mins hace

¡Felices primeros diez años de Tiempo Argentino!

Nuestros lectores y socios celebran una década de periodismo independiente, comprometido y sin presiones. Voces…

22 mins hace

Abrazo al Pellegrini: la comunidad educativa se planta contra el desfinanciamiento y el ajuste de Milei

Estudiantes, docentes y familias realizaron una jornada de visibilización para reclamar la implementación efectiva de…

2 horas hace