La espera es un documental sobre la adopción, las miradas estigmatizantes y románticas que sobre ella se producen, y también un experimento de narración cinematográfica encabezado por Darío Doria, quien asegura que “es una construcción de un montón de gente: cada una de las voces nos prestó una historia, un pedacito de su vida particular, de sus pacientes o de su experiencia”. El propio Doria argumenta, después de atravesar la experiencia: “Entre todos armamos esta película. A mí me tocó coordinar, pero la siento muy de todos los que quisieron que esto saliera adelante. Hay mucha intimidad en esto”.
El film, que se estrena el 28 de mayo, surgió de una inquietud compartida con Florencia Gattari. “Ella elaboró el guión de Vicenta -el documental anterior- y escribió la voz en off, así que ya teníamos una película hecha y coincidimos en este tema”. Y a poco de andar descubrieron que “para contar estas cuestiones de los chicos que viven sin familia, por la razón que sea, hay un montón de aristas”. Por lo tanto, de acuerdo a lo que querían contar, “no era posible abordarlo desde un par de miradas: había que tener una especie de collage de historias para entender un poquito, aunque sea, por dónde pasa la dificultad de estas situaciones”. Entre otras cuestiones a considerar estaban “las familias, los juzgados, psicólogos, trabajadores sociales, los hogares, las familias de tránsito: hay muchísimos jugadores”. Cuando entendieron eso empezaron a pensar “que tenía que tener estructura de collage: muchas miradas que van aportando una partecita, sabiendo que el todo no lo íbamos a tener jamás. Nunca se tiene el todo, pero sí podíamos brindar una mirada un poco más amplia de la temática”. Entonces comenzaron “a buscar historias, una por una”.
Aparecieron quienes hablaban de las devoluciones de chicos, quienes mencionaban los tiempos de la Justicia, quienes contaban problemas de adaptación, incluso las situaciones más felices, esas que acostumbramos llamar milagros. El abanico, sin embargo, para el objetivo buscado, llevó a dejar “tres o cuatro historias afuera: se nos iba demasiado de triste la peli”, reconoce. “La peli tiene su cuota triste y, si seguíamos agregando historias en ese sentido, se nos iba. O por lo menos nosotros sentíamos que se nos iba hacia demasiada tristeza, y no era la idea. La idea no es espantar a nadie, sino decirte: ojo, que esto no es tan fácil; es complicado, pero si te preparás puede salir bien. Y la otra selección que hicimos fue buscar personas que no nos dieran data dura o información. No nos importaba la información dura. Nos interesaba encontrar personas que nos contaran historias de niños, porque en realidad los protagonistas de la peli son los niños. Los adultos son quienes utilizamos para poder contar esas historias.”
La espera empieza bien arriba, con una historia que desborda optimismo y sueño. Pero a continuación empieza a desarmar la fantasía desatada y, como quien dice, a poner las cosas en su lugar: una especie de lago del que se ve una bella superficie y apenas se imagina su misterioso riesgo. “Al principio no sabíamos muy bien para dónde iba a ir. Fue en el proceso de hacerla que encontramos un norte. Uno sabe más o menos que quiere ir por este lado. Y a partir de ese norte vas haciendo algunos cambios: ojo, que esto no es una boludez, los temas de adopción necesitan adultos muy preparados.”
Una de las razones por las que encontraron ese norte con bastante naturalidad fue llegar al tema con cierta ingenuidad. “Nosotros partimos de no saber casi nada. Cuando vas a hacer una entrevista para una película y aprendés en ese mismo momento, o escuchás algo que te sorprende y no sabías que existía, esa ingenuidad es la misma que tiene el espectador. Nuestra emoción de escuchar algo nuevo es lo que queríamos transmitir. Si yo me emociono al escucharlo, pretendo que, con suerte, alguien del público se vaya emocionado de una manera parecida a como yo me emocioné. La ingenuidad no es falta de conocimiento, sino querer aprender, querer escuchar.”

La sorpresa cinematográfica del documental está relacionada con su búsqueda: cada decir necesita una manera de ser dicho; o, dicho de otro modo, cada contenido necesita su forma. “Al principio la gente espera que aparezca alguien hablando, pero no. A los cinco minutos te das cuenta de que no va a aparecer nadie. Los protagonistas de la película son los que están esperando que algo suceda para poder volver a vivir en una familia: ellos son los protagonistas, y eso lo teníamos claro. No queríamos entrevistar a los chicos, elegimos no hacerlo. Primero porque sería revictimizarlos; además, es difícil que se miren a sí mismos con las historias que tienen. Y si pongo a un adulto en cámara, vos ves al adulto, no ves al niño. Entonces dijimos: ‘Si no hay niños, si no los vemos, no vemos a ningún adulto’”.
En la segunda parte del documental sí aparecen “porque son historias en primera persona”: gente que pasó por la experiencia de esperar una familia. “Queríamos darle un lugar a los adultos en la película, pero no al suyo propio: solo con sus voces, siempre hablando de los niños. Al principio pensábamos que iba a ser un bodrio: 80 minutos de lugares vacíos. Pero funcionó.” El método consistió en ir a filmar a un lugar, “llevarse cuatro o cinco minutos de material estático, volver, editar y, si faltaba alguna toma o algo no encajaba, buscar otra locación”. En cambio, el “montaje fue con el timing de las voces”. El resultado es tan acogedor como ilustrativo y emocionante. “Es un tema muy estigmatizado y había que escaparle al golpe bajo. Si bien hay historias tristes, y sé que hay llanto y emociones, tratamos de evitar todo lo posible caer en el dramatismo fácil o en la lástima barata. Y ahora que ya la vieron -los invitamos al BAFICI-, sabemos que están contentos. Es una forma de ir devolviéndoles lo que nos dieron: ‘Ustedes nos dieron esto; miren, con eso hicimos esto’. Esa parte está buenísima.”
La espera
Argentina, 2026, 79 minutos. Dirección: Darío Doria. Guion / Investigación / Entrevistas: Florencia Gattari. Estreno: 28 de mayo.