“Dragon Ball Super”: la tormenta de la cultura de la cancelación, las buenas intenciones y los equívocos

Por: Milagros Torti Frugone

La denuncia del Ministerio de la Mujer bonaerense por violencia simbólica contra el reconocido animé japonés abrió un debate necesario y latente. La decisión de Cartoon Network de levantar el ciclo y el riesgo de dejar que los menores se críen con la televisión.

Una vez más en anime vuelve a ser el triste protagonista de una polémica que no merece. Después de tantos reveses y ataques en algo que parece un karma, estamos frente a otro debate que tomó dimensiones curiosamente intensas: “Dragon Ball Super”, la última generación de la clásica tira de los ’80, cayó en la tormenta de la cultura de la cancelación. Este desliz tiene dos extremos. Por un lado, el desconocimiento del género; y por otro, y derivado de ese desconocimiento, el aprovechamiento comercial.

Resumiendo, al resultado de observar este contenido en una programación infantil, no hubo mejor idea que quitarla sin ton ni son, luego de promesas de recortar o editar escenas, capítulos completos. Eso se hizo en el pasado, y el resultado fue el mismo: no cambió absolutamente nada.

¿Por qué? Nuevamente, por dos razones.

Primero, la censura, como acto en sí mismo, no es la solución a nada; de hecho, es el comienzo de los problemas culturales más profundos, que llevan a extremos poco deseables. Puede pensarse (quizás) que viene con alguna buena intención de “corregir” algo; pero jamás la historia nos ha mostrado algo positivo tras tomar esa medida. Ni ideológica, económica, social o culturalmente. Siempre fue un desastre.

Segundo, la ignorancia con la que se manejan los objetos culturales japoneses en Occidente, sobre todo por parte de medios y empresas, todavía es de niveles sorprendentes. No comprenden ni que es una ficción compleja, ni que tiene géneros y, por lo tanto, públicos. Que ni los artistas y las obras tienen la culpa de su mal uso, su aprovechamiento al consumo extremo porque “es lo que vende”. Traducción: Dragon Ball (la serie clásica, Z, GT, Súper, las OVAS, etc…) está hecho para un público adolescente. Que los que crecimos en los ’90 lo hayamos visto de niños demarca el mal uso de su transmisión. “Como se ven como dibujitos”,son tratados como tal. Y nada más lejos que el anime de esa catalogación. Si se invirtiera un poco de tiempo en investigarlo, la obra nipona está muy lejos de ser infantil (excepto claro, el kodomo en sí, que es para chicxs).

Nos falta finalmente algo esencial, que complementa el entendimiento. Lxs niñxs no pueden ser criadxs sólo por la televisión, ni Internet. Sus responsables deben tener esas charlas tan esenciales a la edad, para darles conciencia de lo que es real, lo que es bueno, malo o lo que se debe aprender de lo que se ve; y, sobre todo, cual es el verdadero mensaje. El género shonen (del que proviene Dragon Ball, Caballeros del Zodíaco, entre otros) promueve la valentía, la perseverancia y la amistad frente a las más crueles adversidades; tiene sangre (mucha), violencia, sexo, abusos de todo tipo. Sí. Pero, al igual que los cuentos de hadas europeos, originalmente siniestros (edulcorados por el ratón), todo tiene una moraleja. Hay que estar ahí para mostrar cuál.

La clave, en suma, no son las censuras. La clave somos nosotrxs.

  • Milagros Torti Frugone es licenciada en Ciencias de la Comunicación y magister en Industrias Culturales, Política y Gestión.

Ver comentarios

  • Son bestias los que censuran esta tira, no tienen idea de nada, no protegen a nadie, y encima les pagamos, mientras tanto a las mujeres las siguen matando como a moscas.

  • El tema no sería censurar Dragon Ball, ponelo en horario de protección al menor y listo, como está South Park en Comedy Central. Y gasten la guita en cosas necesarias para el ministerio.

  • Malisima la nota. La censura existe desde que existen los medios. Y sí, a veces es la respuesta. El asunto no es si consumimos 'mal' a dragon ball. Juzgar los actos de consumo como mal o bien es ridiculo y más viniendo de una persona que supuestamente es licenciada en comunicación. El consumo es consumo, y la intención del emisor de mensaje no tiene nada que hacer al respecto. Mira si un artista te dice ''NOOO, ESTAS MIRANDO EL CUADRO MAL''. Verdaderamente absurdo.

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