Delfina Argento cuenta con la suerte que, por el momento, no tuvieron sus dos compañeras: un amparo judicial le devolvió su derecho a trabajar en la Feria de San Telmo, tras ser inhabilitadas el domingo 1 de marzo a través de una expeditiva medida instada por el jefe de gobierno porteño, Jorge Macri, que calificó a las tres puesteras de antisemitas. Es domingo, y en la recorrida de Tiempo los feriantes coinciden en señalar que el macrismo despliega sus peores estrategias para apropiarse del espacio público.

Aquel día, una artesana invitada –ceramista– le pidió de mala manera a su vecina que sacara una bandera de Palestina que había colgado en su puesto. La tensión escaló de tal modo que intervino Delfina. “En mi rol de delegada me acerco, le pido por favor que baje el tono y le explico que acá no nos tratamos así”, recuerda la joven modista de 36 años, que hace ocho años se sustenta con la venta de lencería y distintas ropas (deportiva, de cama y para salir) que confecciona con sus manos y ofrece en Defensa al 700, una de las tantas ferias que tiene a la Plaza Dorrego como epicentro, donde se creó la denominada Feria de Antigüedades en la década del ’70.

“Esta feria tiene una particularidad. El 700 es un espacio que se recuperó después de una lucha cuando el Gobierno de la Ciudad nos quiso sacar en el 2019”, dice con orgullo Asunción, quien trabaja la cerámica gres y la joyería en cerámica. Más allá de que están regularizados por CABA, en este sector de la calle Defensa los mismos puesteros exigen que todos los productos sean artesanales y que no haya reventa.

“Se consolidó un colectivo constituido con rezagos de distintas cuadras que quisieron ‘limpiar’ y armamos algo muy organizado, muy asambleario que aborda justamente la violencia institucional y trabajamos mucho las diferencias”.

El 700: el sector de la Feria de San Telmo que lucha contra el ataque del Gobierno de la Ciudad
Foto: FETR

La persecución

“La mujer empezó a gritarnos que éramos unas ‘terroristas’, ‘asesinas’, ‘unas negras de mierda’ y ‘unas locas’”, añade Delfina, quien ante el temor de ser agredida físicamente, convocó a una oficial que estaba en la zona. “Ahí dice ‘voy a llamar a mi jefe’, cosa que nos sorprendió porque nosotros no tenemos jefes. Después aparecieron más personas que se quedaron con ella”.

Marcelo hace juguetes e instrumentos con elementos naturales como madera, calabaza y caña. Hace casi dos décadas que tiene su puesto en la cuadra de Defensa al 700, entre Chile y el Pasaje San Lorenzo. “Primero había un tumulto y un murmullo, hasta que fueron levantando la voz. Me acerqué porque nos conocemos todos hace mil años –relata–. La compañera bajó la bandera, pero varios le dijimos que no estaba cometiendo ningún delito, era una bandera como cualquier otra”. Según reconstruyeron los feriantes, la artesana invitada era la tercera vez que participaba de la Feria de San Telmo y en todas había tenido algún tipo de problema con colegas.

Finalmente, la mujer decide irse. A esa altura, era tal el encono que se había generado que otros puesteros de la cuadra cantaban al momento que abandonó el espacio, mientras la secuencia era grabada por uno de los acompañantes de la ceramista. Ese video de menos de un minuto y medio bastó para que el legislador Waldo Wolff asegurara que había presentado una denuncia penal porque “una mujer fue agredida por su condición de judía”. Jorge Macri reposteó un comunicado oficial en el que advertía: “Todos los responsables de este hecho ya fueron identificados y hemos procedido a dar de baja sus permisos para que no puedan volver a formar parte de la Feria”.

“Nosotros no la echamos y mucho menos por su religión. Ni siquiera estábamos al tanto de que era judía. A la semana nos llegaron las bajas a las tres mujeres que aparecemos en el video”, precisa Delfina, una de las deshabilitadas.

Se trató de una baja automática, sin el debido derecho a la defensa, a un proceso, «sin dejarnos contar qué pasó”, esgrime la joven, que se divide entre el sur del conurbano y el barrio porteño de Boedo donde vive. Además de ser modista estudia abogacía en la UBA y profesorado de música en Avellaneda. Cada una de las damnificadas presentó un amparo y el caso le cayó a un juez diferente.

Delfina tuvo la fortuna de que el Juzgado 8 le dio lugar a la cautelar hasta el dictado de una sentencia definitiva. La medida fue apelada por la Dirección General de Permisos y Ferias. Mientras tanto, los feriantes del 700 cada domingo hacen colectas para entregar fondos a las dos mujeres que siguen sin poder ir: «Hace 7 semanas que las compañeras no pueden venir a trabajar. Es un montón. Nosotros vivimos de esto. Es nuestro sustento. No poder trabajar en ninguna feria de la Ciudad te aniquila la economía y lo emocional. Es angustiante«. «

La disputa por el espacio público

Elsa trabaja el metal con sus manos. El año que viene cumplirá 40 años como artesana. Su puesto está frente al de Delfina. Ambas son algunas de las figuras que están hace años en El 700, el espacio de la enorme Feria de San Telmo en el que el funcionamiento es colectivo, solidario, y se autoimpusieron una norma: que todos los y las feriantes elaboren productos hechos por ellos mismos, de manera artesanal.

Para Elsa, al igual que para muchos de sus colegas, lo que le pasó a sus tres compañeras (Delfina, Rita y Marta)no hay que verlo como un hecho aislado. Más allá de que esto pudo ser un tema ideológico, lo que sucede es un avance sobre la disputa del espacio público. A ver quién se lo va a quedar, si los pobres o los ricos”, esgrime en alusión al accionar del gobierno de Jorge Macri que ya desmanteló (o busca hacerlo) otras ferias y producciones en el espacio público. Además de los operativos contra la gente en situación de calle.

“Hay un avance del gobierno sobre toda la gente que trabaja en la calle. Hay algo que se llama gentrificación, que se da cuando un lugar se pone de moda como San Telmo, en donde viene gente de mayor poder adquisitivo y desplaza a los que ya estaban. Eso es lo que está sufriendo toda la feria”, describe Elsa.

Y destaca que en este proceso se vuelven un actor clave las inmobiliarias, pero también los locales gastronómicos que avanzan sobre las veredas y las calles. “Ese es el plan que tiene el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires para San Telmo y La Boca, donde ya fue desmantelada la Feria de Caminito”, concluye.