El grito de Lamine Yamal

Por: Alejandro Wall

El crack del Barcelona nació en España pero, hijo de una madre de Guinea Ecuatorial y de un padre marroquí, es musulmán y está comprometido con su origen. No sólo flameó la bandera palestina. También subió la imagen a sus redes. Quería dar el mensaje.

Ubay Al-Qurshali pinta los escombros de Gaza. Hace unos días, en Rimal, uno de los barrios que se consideraba más próspero de la ciudad hasta ser destruido por las bombas israelíes, Ubay dibujó en una pared la figura de Thiago Ávila, un activista brasileño integrante de la flotilla humanitaria que intentó llevar ayuda a Gaza pero que fue detenido y luego deportado por el gobierno de Benjamín Netanyahu. Esta semana, en esas mismas ruinas, junto a su compañero Ahmed Al-Halabid, otro artista urbano palestino, Ubay pintó a Lamine Yamal, joven figura del Barcelona y la selección española, ahora también un símbolo para los palestinos después de ondear la bandera roja, negra, blanca y verde por las calles catalanas durante los festejos por el título de liga. 

La celebración del último lunes fue multitudinaria. Fueron 750 mil personas por las calles. Los jugadores campeones se sacaron fotos, bailaron y firmaron autógrafos con la gente, una mayoría de jóvenes y niños que deliraban con el título que el Barcelona había logrado nada menos que frente al Real Madrid. Fue en ese momento en que a Yamal le dieron una bandera de Palestina. Estaba en el autobús descapotable con sus compañeros y entonces tomó el asta y la dejó flameando. No se quedó en eso, Yamal subió la imagen a sus redes. Quería hacerlo, quería decirlo, quería dar el mensaje. 

Yamal es musulmán. Hijo de Sheila Ebana, una moza originaria de Bata, Guinea Ecuatorial, y Mounir Nasraoui, un pintor de Larache, Marruecos. Él nació en Llobregat, Catalunya. Sus padres se separaron cuando él era muy chico. Pero aprendió sus culturas. Pudo haber jugado para Marruecos, pero lo hace para España. Aún así, a los 18 años, está comprometido con su origen. A fines de marzo, en un partido entre España y Egipto, se escuchó el grito de “el que no salta es musulmán”. Al día siguiente, Yamal escribió en su cuenta de Instagram: “Yo soy musulmán, alhamdulillah (gracias a Dios)”. Si bien aclaró que sabía que no lo decían por él, lo sentía como una falta de respeto. “Usar una religión como burla en un campo os deja como personas ignorantes y racistas”, dijo.

Esa es la historia de Yamal y es el contexto que hay que conocer para entender por qué hizo flamear la bandera palestina. Su técnico, el alemán Hansi Flick, volvió con aquello de que se tienen que dedicar a jugar al fútbol. “Son cosas que no me gustan. He hablado con él y si él quiere hacerlo, es su decisión. Tiene 18 años”, dijo Flick. Algunos recordaron que el agente del entrenador es el empresario israelí Pini Zahavi. Colegas de Alemania cuentan los problemas que tuvo Flick para administrar las posiciones políticas de los jugadores de la selección de ese país durante el Mundial de Qatar. También le subrayaron a Flick que es el entrenador del Barcelona. Más que un club. 

Por esas mismas horas también circularon supuestas declaraciones de Pep Guardiola en la conferencia de prensa previa al partido del Manchester City con el Cristal Palace. “Un jugador de fútbol es un modelo a seguir seguido por millones, y su opinión es influyente, por lo que debería expresar su opinión cuando sea necesario”, le adjudicaron. Nunca existieron esas palabras. No hacía falta inventarle nada a Guardiola. Ya dio muchas muestras de apoyo a Palestina condenando el genocidio. “En cada oportunidad en la que pueda ayudar a alzar la voz para hacer una sociedad mejor, lo intentaré y estaré ahí”, dijo este año.

El gesto de Yamal escaló. A él y a su familia le sugirieron que quizá podía tener problemas con patrocinadores. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, lo acusó de “incitar contra Israel y fomentar el odio”. El presidente del gobierno de España, Pedro Sánchez, lo defendió: “Lamine solo expresó la solidaridad con Palestina que sentimos millones de españoles. Otro motivo más para estar orgullosos de él”

Sin que tuviera conexión con Yamal, justo en estos días se publicó una entrevista a Kylian Mbappé, estrella francesa del Real Madrid, en la revista Vanity Fair de España, donde habló de cuando llamó a votar contra la ultraderecha en las últimas elecciones francesas. “No estamos desconectados de lo que ocurre en nuestro país -dijo Mbappé-. La gente a veces piensa que, como tienes dinero, como eres famoso, ese tipo de problemas no te afectan. Pero a mí sí me afectan, porque sé lo que significan y qué tipo de consecuencias pueden tener para mi país cuando esa clase de personas toman el control. Así que somos ciudadanos. Tenemos derecho a dar nuestra opinión como cualquier otro”.

La Asociación de Fútbol de Palestina le agradeció a Yamal su gesto. Un mural en el Bohemian Football Club en Dublín, Irlanda, muestra al jugador del Barcelona con la bandera palestina. Su nombre se escribió gigante en la arena de Gaza, sobre el Mediterráneo, el mismo mar que baña a Barcelona. Todo está unido por esas aguas. El dibujo se mantiene colorido entre las ruinas. “Queremos agradecerle lo que hizo”, explicó Ubay Al-Qurshali. “Arriesgó su carrera, su desempeño como jugador y su futuro, pero no le importó y apoyó la causa palestina”. Lamine Yamal, para ellos, es un grito al mundo. Ahora él mismo es bandera.

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