En medio del ajuste y desfinanciamiento de las universidad, con el Gobierno de Javier Milei que sigue negándose a darles los fondos que dicta la ley y ahora busca el aval de la Corte, la Universidad de Buenos Aires (UBA) tuvo elecciones. Los comicios, en ese contexto, cerraron una semana atravesada por la disputa política estudiantil y el debate de fondo sobre qué modelo de universidad se quiere construir. Con votaciones en las 13 facultades, se definieron las conducciones de los centros de estudiantes y la representación en los consejos directivos, en un escenario marcado por la crisis presupuestaria, los reclamos docentes y un inicio de año con conflictos en distintas unidades académicas.
El resultado general confirma una tendencia: el reformismo conducido por el radicalismo a través de Nuevo Espacio y sus aliados mantiene el control de la mayoría de las facultades, pero con menor margen que en años anteriores. En paralelo, las fuerzas del campo nacional y popular logran crecer en votos y presencia territorial, consolidándose como segunda fuerza en varias unidades académicas, mientras que la izquierda sostiene sus bastiones y los espacios libertarios irrumpen con porcentajes que empiezan a incidir en la fragmentación del escenario.

Uno de los datos más concretos se dio en Ingeniería, donde el Movimiento Linealmente Independiente (MLI) retuvo la conducción con alrededor del 32% de los votos, en una elección que estaba dentro de lo esperado. Sin embargo, el dato político aparece en el reparto: el peronismo alcanzó cerca del 23% y los libertarios rondaron el 17%, configurando un escenario más dividido que en años anteriores. La victoria del oficialismo, en ese sentido, se explica tanto por su estructura como por la dispersión de las otras fuerzas.
Una situación similar se observó en Farmacia y Bioquímica, donde el resultado no presentó sorpresas en la conducción, pero sí mostró un desempeño relativamente mejor del resto de los espacios dentro de un esquema previsible. En Odontología, en tanto, se volvió a ratificar la hegemonía histórica de Nuevo Espacio, sin cambios en el control del centro de estudiantes.
Un elemento que atravesó estas tres facultades Ingeniería, Farmacia y Bioquímica y Odontología fue la reducción de los días de votación, que pasaron de cinco a cuatro jornadas, lo que impactó en la dinámica electoral y en los niveles de participación.
Donde el escenario aparece más competitivo es en las facultades politizadas. En Sociales, el peronismo no solo retuvo la conducción sino que consolidó su posición como primera fuerza, en una elección pareja:la UES se ubicó primera con alrededor del 35%, seguida muy de cerca por La 15 con el 33%, mientras que la izquierda quedó más atrás con cerca del 8% y los libertarios rondaron el 3%. El dato es la competitividad interna dentro del propio campo peronista y kirchnerista. En FADU, la disputa volvió a ser pareja, con un peronismo que se mantiene competitivo y logra sostener el crecimiento que viene mostrando en los últimos años.

En Filosofía y Letras, la izquierda continúa siendo un actor central, aunque el peronismo mejora su desempeño y gana presencia en un terreno históricamente adverso. En Psicología, en tanto, el oficialismo vinculado al reformismo retiene, pero con una oposición que achica diferencias y se posiciona mejor que en años anteriores.
En Exactas, el dato es significativo: el peronismo se impuso con Identidad alcanzando el 36,4%, seguido por el FEM (Patria Grande) con el 23,2% y el radicalismo (Nuevo Espacio) más relegado con el 16,6%. La izquierda quedó con el 6,7%. El resultado marca un corrimiento en una facultad clave, donde el reformismo pierde centralidad.
En Agronomía, en tanto, se sostuvo un esquema más estable. La agrupación independiente LAI ganó con el 45,1%, mientras que el peronismo (FANA/ATP) alcanzó el 34%, seguido por Patria Grande con el 11% y la izquierda con el 8,2%. Allí no hubo cambios en la conducción, pero sí un peronismo que mantiene un caudal importante.

En facultades como Derecho, Económicas, Medicina y Veterinaria, el mapa se mantiene sin grandes modificaciones. En Derecho, sin embargo, aparece uno de los datos políticos más relevantes de la elección: aunque el reformismo retuvo la conducción, el peronismo hizo una votación récord. Según los resultados, Nuevo Espacio se ubicó en torno al 52%, mientras que el peronismo con La Centeno, La Cámpora y la JUP alcanzó cerca del 39%, recortando alrededor de 15 puntos en relación a 2024, cuando la diferencia había sido de 60% a 31%. El dato marca un crecimiento sostenido en una de las facultades más grandes y tradicionales de la UBA, donde históricamente el oficialismo se imponía con mayor amplitud.
En Económicas, el «reformismo» volvió a imponerse con claridad: Nuevo Espacio alcanzó cerca del 70%, muy por encima del resto. Detrás quedaron Proyecto con alrededor del 10%, Somos Libres con el 7% y Causa con el 2%. El dato confirma que sigue siendo uno de los bastiones más sólidos del oficialismo universitario, que conserva sus posiciones en el resto de estas facultades, aunque en algunos casos con caudales más ajustados y con una oposición que, si bien no logra disputar la conducción, incrementa su volumen electoral.
En este contexto, los espacios libertarios aparecen como un actor nuevo. Sin alcanzar conducciones, logran en varias facultades porcentajes que en algunos casos superan los dos dígitos, incidiendo en la fragmentación del voto opositor y alterando la dinámica tradicional de la disputa.

Durante la semana, desde la Facultad de Ciencias Exactas, la conducción del centro de estudiantes había anticipado un escenario de fuerte disputa. “Lo que se ve es que el radicalismo sigue teniendo una estructura muy consolidada en varias facultades, pero también hay un crecimiento de los espacios que venimos construyendo alternativas”, señaló la presidenta del centro, en referencia al avance del peronismo en distintas unidades académicas.
En esa línea, remarcó el trasfondo político de la elección: “No es solo una elección de centros, también se discute qué universidad queremos y qué rol tienen los estudiantes en ese modelo”, planteó, en un contexto atravesado por el conflicto presupuestario y los reclamos docentes.
Desde el propio estudiantado también aparece una lectura más ligada al pulso fino de cada facultad. En Exactas, por ejemplo, la atención estaba puesta en la disputa por las minorías. “Había que ver si algunos espacios podían sostener los consejeros que habían conseguido en la elección anterior. Eso también marca cómo se ordena la representación”, explicó un estudiante.
En Psicología, en tanto, la mirada apunta tanto a la continuidad como a las tensiones internas. “Es un centro que se sostiene hace años, en parte por su articulación con la gestión, pero hay demandas que siguen sin resolverse”, señaló un estudiante, y agregó: “En la campaña volvieron a aparecer temas como el comedor o el costo de los apuntes, que para muchos estudiantes son centrales”.

Sobre la dinámica electoral, advirtió: “La aparición de nuevas listas y espacios hace que el voto se distribuya más. Eso no siempre cambia quién gana, pero sí modifica las diferencias”.
Además, durante la semana se cuestionó el adelantamiento del calendario electoral originalmente previsto para septiembre y su traslado a abril, en un contexto donde el cuatrimestre recién comienza. Según señalaron distintas agrupaciones, esto dificulta la participación plena del estudiantado y se vincula también con la disputa por el rectorado, donde el oficialismo busca consolidar su posición.
Con este panorama, las elecciones dejan una conclusión clara: no hay un cambio en la conducción general de la UBA, pero sí un reordenamiento del mapa político estudiantil. El reformismo continúa como fuerza dominante, aunque con menor margen, mientras que el peronismo crece en votos y presencia en varias facultades, y nuevos actores comienzan a intervenir en una escena cada vez más fragmentada.
En ese marco, la elección no solo definió autoridades estudiantiles, sino que también expuso con más fuerza el contexto que atraviesa hoy a la universidad pública: recortes presupuestarios, conflicto salarial docente y un escenario de ajuste impulsado por el Gobierno nacional, que mantiene sin resolución la discusión por el financiamiento del sistema. En ese clima, el resultado electoral no se lee solo en clave interna, sino como parte de una disputa más amplia sobre el presente y el futuro de la educación universitaria.
