Ese fue Beto, alguien que nunca dejó de sembrar. Alguien que, doy gracias, soñó y no soñó solo. Doy gracias, sí.

Sí, Beto. Vos.
Tu sonrisa, tu militancia blindada, tu consejo oportuno, tu sabiduría para comprender que ni las derrotas ni los triunfos son para siempre, tu abrazo generoso y la mejor de las mejores maneras de vivir o, más cierto, tal vez no la mejor sino la única que conocemos y, doy gracias, compartimos: darse a los demás.
Beto fue espejo y luz. En el Sindicato de Prensa de Buenos Aires, SiPreBA, tomamos de los aciertos y fracasos de los Metrodelegados un mapa de acción.
Seguimos sus huellas. Nunca, doy gracias, estuvimos solos. La paciente construcción colectiva se fue fortaleciendo, sus raíces, casi siempre invisibles o invisibilizadas, se extendieron en terreno fértil y árido. Y dieron fruto.
Ese fue Beto, alguien que nunca dejó de sembrar. Alguien que, doy gracias, soñó y no soñó solo.
Doy gracias, sí.
E invito, desde el dolor de hoy y la esperanza de mañana, a honrar a Beto con lo que él nos enseñó: compromiso, unidad, lucha.
Aye, Gio, guarden el orgullo de haber amado y haber sido amados, no hay tesoro más preciado.
Beto Pianelli, querido Beto, abrazo hasta donde nos alcance la fe, es decir, abrazo interminable. «
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