Este 1° de mayo representa algo distinto porque llevamos más de dos años de este gobierno nefasto y totalmente insensible a las necesidades del pueblo. Hay un punto de inflexión en ese sentido porque también marca la posición no solo de los sindicatos, sino de todos aquellos que tienen que tomar decisiones en función de la defensa del trabajo. El movimiento deja de ser alguien que discute un aumento de salario sino que está debatiendo la propia supervivencia del modelo sindical y de los derechos laborales,tal como los conocemos hasta ahora.
El impacto del DNU 70/23 y la Ley bases en la vida diaria de los laburantes dan cuenta de que algo se rompió porque hay todavía una tolerancia social llamativa tanto de los trabajadores registrados como informales. Hay una etapa de regresión, donde la pelea no es solo gremial sino política y jurídica para intentar frenar los avances.
También necesitamos federalizar las protestas, que se vuelvan masivas, ir por todo el país y no solo concentrarse en Plaza de Mayo. Hay que recorrer todo el país de forma transversal para mostrar que el conflicto también se desplaza a cada provincia. Hay una resistencia que tal vez no se ve tanto, que no llega a todo el país y es importante la unidad en la acción. En esta etapa de regresión de derechos es fundamental la convergencia en la que están trabajando desde la CGT y las CTAs. La unidad es lo único que va a contener a este gobierno y lo que van a dejar cuando se vayan.

Tenemos muchos desafíos abiertos y uno de ellos es la batalla cultural y la comunicación. ¿Cómo llegamos a nuestros jóvenes? El gobierno logró forjar un pensamiento donde el problema es el sindicalismo o tener un gremio que te represente. O que no llegás a fin de mes porque el sindicato te roba. entonces hay que ir a las bases y al origen para explicar que todo lo que el trabajador ha ganado hasta ahora es producto de la lucha y la resistencia.
Hoy somos trincheras que luchamos para no perder derechos, pero no para conquistar derechos nuevos. Eso en parte explica por qué de un tiempo a esta parte algún sector de los trabajadores no se sintió representado. Hay que volver a las bases y transmitir el peronismo con el lenguaje actual. Además de una doctrina, el peronismo es un verbo, acción diaria, abrazar, contener, pensar en el otro y no sólo explicar leyes o derechos. Hay que hacerse cargo de que muchos trabajadores, -tanto cuentapropistas, de plataformas o informales,- no se sienten parte del pueblo trabajador. Es un desafío muy grande el de salir a defenderlos y poderlos hacer sentir parte e integrarlos.
Otra tarea importante es que los delegados gremiales tengan una formación integral más allá de conocer el convenio que los nuclea. El dirigente no puede ser sólo algo reactivo ante una problemática puntual, sino parte de las propuestas que saquen adelante al país. La clave es lo que dijo el papa Francisco: nadie se salva solo, porque el individualismo extremo nos trajo hasta acá. Los sindicatos tenemos que volver a ser red, refugio y trinchera donde el trabajador se sienta protegido.