Las ferias regionales del inicio del año volvieron a mostrar la vitalidad de los pequeños y medianos productores de alimentos y la importancia de los espacios de venta directa para la vida cotidiana de las comunidades. Estos encuentros, que combinan celebración popular y trabajo productivo, permiten que miles de familias accedan a alimentos frescos mientras los quinteros encuentran un canal propio para sostener su actividad. Lejos de ser simples celebraciones locales, expresan la trama que hace posible buena parte de la mesa argentina y el esfuerzo de quienes trabajan la tierra todos los días.
Para la agricultura de cercanía estos eventos son, ante todo, una herramienta económica. Permiten vender sin intermediarios, mostrar la calidad de lo producido y construir un precio más justo achicando las cadenas de comercialización. En una provincia como Buenos Aires, donde el cordón hortícola alimenta a buena parte del país, las ferias se volvieron también un espacio de identidad, allí se encuentran diferentes comunidades que sostienen un modelo productivo intensivo en trabajo y conocimiento.

Fiestas y ferias productivas
En ese marco se inscribió la última Fiesta del Tomate Platense realizada en La Plata, que reunió a más de un centenar de puestos de productores del cinturón hortícola, cooperativas, elaboradores y organizaciones de la economía popular. Durante la jornada se desarrollaron talleres de huerta, intercambio de semillas, espacios de comercialización directa y actividades culturales que pusieron en valor una variedad histórica recuperada por los propios quinteros.
Productores participantes señalaron que estas instancias permiten vender sin intermediarios y hacerse de un ingreso inmediato en un momento en que el precio del tomate en origen cayó por debajo de los costos. El encuentro contó además con el acompañamiento de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y de áreas provinciales de desarrollo agrario, que aportaron asistencia técnica y difusión para fortalecer los circuitos cortos de venta.
En diálogo con Tiempo Rural, el ministro de Desarrollo Agrario bonaerense, Javier Rodríguez, comentó que estos espacios demuestran que en la provincia se celebra el trabajo local y la producción de cercanía como motor del arraigo. Sostuvo que “detrás de cada feria hay políticas públicas construidas junto a los productores para agregar valor, cuidar el bolsillo de las familias y defender la identidad de los alimentos bonaerenses”.
También remarcó que el Estado provincial debe estar presente para “fortalecer a la agricultura familiar frente a un contexto nacional adverso y que el camino es seguir impulsando mercados de proximidad, asistencia técnica y articulación con universidades y municipios”.
Marco D’Amico, ingeniero agrónomo e integrante de la estación experimental Gorina, detalló que la Fiesta del Tomate Platense surgió hace más de 20 años y hoy es “muy emblemática porque valoriza un material genético que se fue perdiendo durante muchos años, pero los productores y productoras decidieron defenderlo y continuar su producción”. De esta forma lograron “rescataron un material nativo, mejorado por los propios productores y conservado. Cada año que lo van reproduciendo lo van mejorando con su propia producción selección del mejor tomate de cada campaña”.

Durante la jornada muchos quinteros relataron que por la crisis económica que atraviesa el sector, trabajan a pérdida y que lo que reciben por un cajón de verduras no alcanza para cubrir semillas, alquileres y fletes. El aumento de los costos de energía y combustibles, la apertura de importaciones por parte del gobierno nacional que presiona a la baja los precios locales y la retracción del consumo, golpean de lleno a quienes producen a pequeña escala.
Frente a ese panorama, las ferias y fiestas regionales adquieren un valor estratégico. Son un respiro económico y un lugar donde se tejen redes de cooperación. Cooperativas que compran insumos en conjunto, municipios que facilitan logística, universidades que aportan innovación. En muchos rincones del país se ensayan circuitos cortos de comercialización que demuestran que otra economía es posible si hay decisión política de acompañarla.
El desafío es que esa energía no quede encapsulada en un calendario festivo. Hernán De Pascuale, productor regional que participó de la actividad señaló que “lo que se celebra en cada encuentro debería traducirse en políticas públicas permanentes, créditos blandos para la producción familiar, protección frente a importaciones depredadoras, inversión en infraestructura rural y un sistema de compras estatales que priorice a los pequeños proveedores”. Resumió este pedido al detallar que “sin ese respaldo, la alegría de un fin de semana se desvanece cuando vuelve la rutina de cuentas impagables”.
En medio de la crisis, las ferias recuerdan que la producción de alimentos es un acto profundamente social. Allí donde un productor le explica a una familia cómo sembró ese tomate o esa lechuga se reconstruye un vínculo que mejora el modelo agroalimentario de los pequeños y medianos productores.