Con distintas instalaciones creadas por tubos fluorescentes acotados a una paleta de colores comerciales que forman parte de una búsqueda realizada por el artista estadounidense Dan Flavin, la Dia Art Foundation completa su presencia en Buenos Aires, más precisamente en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba), en un homenaje que destaca la experiencia del espacio y la luz como grandes protagonistas con la muestra “Dan Flavin. Luz, color y espacio”.

Las “obras de arte a través de la luz” como las llamaba Flavin según señala el director de programación de la Fundación Dia Humberto Moro, provocan al espectador a “experimentar la arquitectura y la luz”, a acompañar las transformaciones de las atmósferas creadas y a recorrer esos bordes, ángulos y esquinas que incitan a asombrarse ante los cambios perceptivos que obligan adaptar la mirada. Bajo la curaduría de Jessica Morgan y Min Sun Jeon (directora y curadora de la Fundación, respectivamente), la exposición que podrá visitarse en el segundo piso del Malba hasta el 17 de agosto, presenta obras creadas entre las décadas de 1960 y 1970. 

Con una paleta de colores limitada, para las configuraciones lumínicas Flavin usó cinco tipos de blanco, dos azules, el verde, rosa, rojo y amarillo, para concebir instalaciones de formas circulares y otras rectas de diferentes longitudes llegando a crear “entornos inmersivos”. Y en la selección actual se destacan los homenajes e ironías de Flavin, el artista minimalista que tituló como “monumentos” a algunas de sus series creadas con luces fluorescentes utilizando una economía de lenguaje que no le impidió bosquejar diseños y variantes llevadas luego al espacio.

Nacido en Nueva York, Flavin es considerado uno de los pioneros del minimalismo norteamericano por su concepción del espacio modificado por la luz de los tubos fluorescentes comerciales, esos que inundaron el modernismo arquitectónico de los “ambientes corporativos” en los 50 y 60, haciendo “homogénea” y “neutral” la iluminación de los ambientes. El material usado, cotidiano y disponible en el siglo XX, es a la fecha una tecnología obsoleta y con un único proveedor mundial, complejiza la guarda y reposición de las instalaciones del artista.

En cuanto a la espaciosa sala del museo del barrio de Palermo, una pared separa dos instalaciones en rojo intenso: una en altura y la otra a ras del piso, creando espacios y diálogos. Por un lado está la instalación de cuatro tubos en altura, cruzados y de título extenso como es “Monumento 4 para aquellos que murieron en una emboscada (a P.K., que me recordó la muerte)” de 1966, y a unos metros sobre el piso, “Rojo, rosa y rojo, rojo” (1964), las cuales abren la experiencia.

Dan Flavin, una muestra para experimentar la luz desde el minimalismo

La primera está dedicada a su amigo y fotógrafo Paul Katz y es también una alusión y posicionamiento “a la violencia de la guerra de Vietnam”. Luego las curadoras exponen una de las ocho piezas de la serie íconos iniciada en 1961, la única de Dia: “Ícono VII (vía crucis)” fechada entre 1962 y 1964. Se trata de una obra chica, realizada con pintura acrílica negra sobre madera y el agregado de un tubo de luz.

Los íconos son relacionados por los expertos con la formación católica del artista y la curiosidad que le producía el efecto del aura dorada de las pinturas religiosas que lo llevaron a preguntarse cómo representar esa luz de otra manera.

Quién es Dan Flavin

“Flavin nació en los suburbios de Nueva York en 1933 en el seno de una familia irlandesa católica, fue al colegio católico y esta educación lo marcó profundamente como persona y artista”, explica Moro. “Durante mucho tiempo trató de metabolizar todas estas influencias a través del arte y la historia del arte y en algún momento incluso quiso ser historiador», explica el ex curador del Museo Tamayo de Ciudad de México.

Pero, avanzando en el espacio, una estructura en forma de zig-zag en la cual se apoyan composiciones lumínicas dedicadas a distintas personalidades, y sin título son el centro de la exposición. Es que esas paredes zigzagueantes crean un espacio especial que soporta, crea espacio y proyecta en todas direcciones una luminosidad compartida por los distintos colores de la serie “Parejas europeas” del artista.

Contra las paredes, de cada lado de la sala, el dispositivo es acompañado por cinco de las piezas que homenajean al constructivista ruso Vladimir Tatlin, completando el revés del zig-zag con otra serie de “tubos fluorescentes de ocho pies que tienen otra luz atrás y recargados en la esquina”. Sin embargo, en contrapunto, la linealidad horizontal se instala a un costado con una de las “barreras”, rectángulos bajos con predominio del color verde de la luz, para una  obra que puede escalarse hasta los 100 metros de largo y con la dedicatoria a uno de los fundadores de Dia: “Para ti, Heiner, con admiración y afecto” de 1973. 

Por supuesto, este gran diálogo de luces y espacios efímeros que Flavin propone se completa con pulcras fotos y textos en el pasillo externo de la sala iluminada por la luz natural. “El color es una experiencia absolutamente subjetiva, cambiante y en constante movimiento y eso es lo que ustedes van a experimentar”, expresa Moro al tiempo que invita a “recorrer el espacio con el cuerpo”. Es que no hay otro modo de percibir esas singularidades cambiantes de la materia, imperceptible e incorpórea, pero presente.

En cuanto a Tatlin (1885-1953), el creador del “Monumento a la Tercera Internacional” de 1920 -una torre en espiral que no llegó a construirse y cuya maqueta se exhibe en la Nueva Galería Tretiakova de la ciudad de Moscú-, se exponen en esta oportunidad cinco piezas de las 13 que posee la colección de Dia, conformada con tubos blancos rectos de variadas longitudes. 

Dan Flavin, una muestra para experimentar la luz desde el minimalismo

De hecho, “un único tubo fluorescente” crea una “relación directa con la arquitectura” y Flavin “retoma el gesto radical de Tatlin de abandonar el marco en busca de un lenguaje no objetivo de forma y color”, destacan desde el museo. 

Dan Flavin (Nueva York, 1933-1996) dejó el seminario al que asistía por mandato paterno para enrolarse en la Fuerza Aérea de Estados Unidos en 1954 siguiendo a su hermano gemelo; y estudió arte a través del Programa de extensión de la Universidad de Maryland en Corea. Ese fue un tiempo en que formado como técnico meteorólogo dedicó momentos a la creación y la contemplación del arte.

De regreso en su ciudad se matriculó en la Escuela de Bellas Artes Hans Hofmann y luego estudió historia del arte y cursó clases de dibujo y pintura en la Universidad de Columbia hacia 1959. Y dos años después realizó su primera muestra individual de collages y acuarelas en la Galería Judson de Nueva York.

En una trayectoria que va desde los dibujos y pequeñas pinturas en estilos gestuales expresionistas abstractos a los ensamblajes con objetos encontrados, pasó a los íconos y trabajando de lleno en 1963 con las  esculturas de tubos fluorescentes y soportes metálicos, esos que llegó a expandir a espacios muy amplio: como el “llenar toda una galería de luz ultravioleta en la alemana Documenta 4 de Kassel (1968)”, entre otras.

Para Moro, el tiempo pasado como “observador meteorológico” durante el servicio militar en Seúl fue muy importante, tal como lo dice con sus palabras: “esa observación de todos los factores ambientales incidieron en la forma en la que (Flavin) considera la luz y sus particularidades”. Por eso, y ya de regreso en Estados Unidos, los cursos de arte y el haber trabajado en museos como en la oficina de correos del Guggenheim o guardia en el MoMA, entre otros, le dieron al artista un panorama diferente del detrás de escena y “otra especie de conciencia muy elevada” siendo estos espacios el lugar en “que su obra floreció”.

En Argentina, la obra de Flavin fue presentada en 1998 en Proa, la misma institución del barrio de La Boca que expone hasta el 2 de agosto dos piezas de la misma colección de la Dia Art Foundation, en la muestra colectiva “Penumbra”. La “trayectoria de Flavin está entrelazada con la de Dia”, institución  que posee la colección más importante de su obra, con cerca de un centenar de piezas y un stock de tubos de repuesto, y que a su vez le dedica, desde 1983, un espacio permanente de exhibición en Bridgehampton, Nueva York.

Además, Flavin es uno de los casi 90 artistas que trabaja la Dia Art Foundation, fundada en Nueva York en 1974 por Philippa de Menil, el galerista alemán Heiner Friedrich y la historiadora del arte Helen Winkler con el objetivo de ayudar a los artistas a realizar proyectos no viables de otro modo.