Gabriel Di Meglio: “Belgrano no tenía nada que ver con lo que hoy es ser liberal”

Por: Luciana Rosende

Al cumplirse el 206º aniversario de la muerte del patriota, el historiador aborda su figura y la relaciona al presente. También se refiere a la gestión actual que lo echó del Museo Nacional: "Todo lo que hace el gobierno a nivel mirada histórica es paupérrimo”.

Pobre Manuel Belgrano. En las últimas semanas fue convertido con inteligencia artificial en muñeco de plástico para saludar desde el balcón de la Casa Rosada junto al presidente Javier Milei y su nombre fue usado –por opositores y aliados- para reclamar que el denunciado Manuel Adorni no forme parte del acto en el Monumento a la Bandera que ocurrió ayer en Rosario. Imposible saber si el creador del emblema patrio, que murió en la pobreza y entregó sus últimos salarios para la construcción, le hubiera dado una “patada en el traste”, como dijo un diputado, al ampuloso, enriquecido y deslomado jefe de Gabinete. Pero bastante factible pensar que no le hubiera gustado compartir balcón con el actual mandatario. Dejando de lado los contrafácticos, la fecha invita a repasar la historia de una de las figuras más emblemáticas de la historia argentina, que fue mucho más que el creador de la bandera, como lo suele etiquetar la «historia de Billiken». Abogó por la industria, el desarrollo, la educación pública, los derechos de las mujeres e incluso el cuidado del medio ambiente y la rotación de cultivos.

El historiador Gabriel Di Meglio, exdirector del Museo Histórico Nacional hasta que el Gobierno decidió correrlo del cargo meses atrás, analiza el recorrido de alguien que nació en la riqueza y murió en la austeridad, tras haber dejado todo por su suelo. 

Belgrano claramente tenía ideas liberales. Pero ‘liberal’ a principios del siglo XIX no tiene nada que ver con lo que es ‘liberal’ hoy. Cuando alguien dice ‘liberal’ hoy en Argentina en general define políticas hacia la derecha. En 1810 un liberal podía ser un revolucionario, porque peleaba contra otras cosas. Decir que Belgrano tenía ideas liberales efectivamente es real, pero no quería decir lo mismo”, contrasta Di Meglio, lejos de la interpretación del gobierno sobre el tema, que cerró el video de Belgrano y Milei -bajo una estética de muñecos de Lego- con la frase “siguiendo el camino de nuestros próceres”.

“Por ejemplo, ‘meritocracia’ hoy es un concepto asociado con la derecha. En 1810 era un concepto revolucionario. En una sociedad donde si nacías noble o blanco eras mejor jurídicamente que alguien no blanco, decir ‘todo tiene que ser mérito en vez de nacimiento’ era de izquierda. Hoy suena a discurso de derecha. Lo que se hace a veces es usar un discurso de alguien en otro contexto y al moverlo de época queda totalmente desactualizado. Juan José Castelli, súper revolucionario, en 1810 decía ‘todo tiene que estar ordenado en base al mérito’. Alguien podría decir ‘era un libertario’. Nada que ver, en esa época era algo distinto. Esos usos del pasado son lógicos en la política, pero muy mentirosos”, enfatiza el historiador.

-¿Qué representa la figura de Belgrano, más allá de su peso como creador de la bandera?

-Belgrano es el ejemplo más definido de aquellos que se volvieron una clase dirigente revolucionaria en 1810. Alguien que tenía una vida hecha, de prosperidad asegurada a nivel personal, porque tenía una carrera en la burocracia consolidada, un futuro promisorio en el sistema en el que vivía. Rompe con eso para convertirse en un político, un militar y un diplomático, todo a la vez. Es el ejemplo perfecto de lo que era entrar en la carrera de la revolución. Es un hombre que representa bien su tiempo. Creo que lo que tuvo también de particular fue que siendo porteño fue muy importante para otros lugares. Al crear la bandera en Rosario y convertirse en una figura central en el Norte –Tucumán, Salta, Jujuy- le da una proyección nacional que no todos los personajes tienen.

-En 1812, cuando creó la bandera, hubo quienes no estuvieron de acuerdo. ¿Por qué?

-Al principio los revolucionarios tienen dos ramas distintas. Una, mayoritaria, no quiere una ruptura con el rey de España sino solamente con la metrópoli. Para ser territorios autónomos que compartan al rey. Ese es el plan de la mayoría de los revolucionarios de mayo. Una minoría dirigida por Mariano Moreno sí quería la independencia total. Al principio la posición predominante es autonomista. Pero el independentismo crece muy rápido. Esa tensión se mantiene entre los revolucionarios por varios años, por eso hay seis años de diferencia entre la Revolución de Mayo y la Independencia. Belgrano para 1812 parece mucho más inclinado por la idea de la independencia. Crear una bandera es un gesto independentista claramente. Pero el gobierno del momento, el Triunvirato, tiene una postura autonomista. Le parece que tener una bandera no va, que es un símbolo de ruptura. Por eso le dicen que no la use. Pero muy rápidamente la bandera, más allá del propio Belgrano, se extiende y se empiezan a usar los colores por todos lados.

-¿Cómo sucede eso?

-No se sabe. Él la crea en febrero de 1812 en Rosario y después la hace jurar en Jujuy. En junio de ese año hay una agitación muy grande en Buenos Aires por una conspiración realista, un momento de gran paranoia, y hay testimonios de gente con banderas celestes y blancas. Evidentemente él interpretó la necesidad de un símbolo, porque ya ahí gran parte de la población estaba radicalizada en contra de todo lo español. Si el gobierno era moderado, gran parte de la sociedad ya no lo era.

-¿Cómo se enseña hoy la figura de Belgrano en la escuela?

-No es un personaje que haya tenido vaivenes, siempre fue muy respetado. Desde mediados del siglo XIX se lo expone -junto después con San Martín- como personajes principales de la historia argentina. Siempre fue muy venerado; el nombre está por todos lados: es hegemónico en el sentido de la memoria. Sí se le fue agregando algunos contenidos a solo ‘creador de la bandera’, que era lo que dominaba todo. Quizás lo que noto es que se volvió mucho a un gran ensalzamiento de los próceres. Nunca desapareció del todo, pero en ciertos momentos como después de la dictadura la historia patria tradicional quedó muy asociada a eso. Ahora hay como un renacimiento. En una época se hablaba de bajar a los próceres de los bronces y ahora otra vez hay un bronce enorme. Pasa mucho en las redes sociales. Cada vez que hay un feriado se habla del genio, el «chad» sería ahora. Personajes casi súper heroicos. Sin duda fueron muy importantes, pero me interesa más verlos como parte de la historia colectiva que como superhéroes de Marvel.

-¿Va en línea con las referencias del gobierno al pasado «glorioso» de la Argentina?

-Ahí la mentira es más evidente. En general todo lo que hace el gobierno a nivel mirada histórica es paupérrimo. No solo en temas ideológicos, sino que está mal, es incorrecto. Todos los gobiernos usan el pasado para legitimar el presente, eso es así en todo el mundo y en toda época. Pero este tiene un uso muy sesgado de la historia, porque elige y crea cosas a su favor. Algunas cosas que dice son directamente estupideces. Decir que Argentina fue una potencia mundial a fines del siglo XIX es absurdo. Las potencias tenían imperios y se sentaban en una mesa a repartirse el mundo. No era una economía a la que le iba bien. Ahí es donde hay errores históricos muy graves. No es que no se pueda discutir presente con pasado, en parte por eso estudiamos la historia. Pero hay que tener mucho cuidado de no trasladar mal los problemas. Alguien que decía «viva el mérito» en 1810 era alguien que quería transformar las cosas, no favorecer a los ricos.

El peor momento

Gabriel Di Meglio es historiador. Se licenció y doctoró en Historia en la UBA, donde da clases sobre la primera mitad del siglo XIX. Entre el 2014 y el 2018 dirigió el Museo del Cabildo, y entre 2020 y 2025 estuvo al frente del Museo Histórico Nacional. Hasta que el mileísmo decidió correrlo de ese cargo. “Creo que esto es algo aleccionador para el resto de los museos. Noto que hay bastante temor en el mundo de la cultura”, dijo en ese momento a este diario.

Desde entonces sigue trabajando como investigador de Conicet y como docente. En un contexto que considera “el peor momento de la ciencia desde la democracia por lo menos. No solo por el desfinanciamiento absoluto del sistema, que en ciertas disciplinas es catastrófico porque rompe cadenas de proyectos y continuidad de la formación. También porque hay un ataque explícito en particular a ciencias sociales y humanidades, blanco predilecto de la extrema derecha. Además de empobrecer a la gente, hay denigración del gobierno y sus acólitos. Nada agradable. Seguimos trabajando, más empobrecidos pero haciendo nuestra tarea de la manera en que se puede”.

Cuando Belgrano pensó en un rey inca

Manuel Belgrano era un «privilegiado». “Era hijo de alguien muy rico y eso le permitió algo rarísimo como viajar a España para ir a la universidad. Estuvo allá en el momento de la agitación que generó la Revolución Francesa. Eso y estar en contacto con la Ilustración española de cerca lo hizo volver con ideas de renovación. No pensando en una ruptura, sino en cómo mejorar sobre todo la agricultura y la educación”, relata Gabriel Di Meglio sobre los primeros pasos de Belgrano. En aquella etapa su planteo era de tinte reformista. Ya para 1812, cuando creó la bandera celeste y blanca, su postura era completamente independentista.

También tuvo una faceta monárquica. No pensando en replicar una monarquía absoluta al estilo europeo. Sino mirando la experiencia incaica. “Cuando Napoléon Bonaparte es derrotado en Europa en 1814 se forma una alianza de monarquías europeas que condenan cualquier gobierno revolucionario y cualquier república. Varios criollos empiezan a pensar que es mejor tratar de tener una monarquía constitucional. Otros empiezan a pensar que sería más ordenada una monarquía. Belgrano propone un plan que une otra línea: una identificación de los criollos revolucionarios con un pasado inca, diciendo ‘nosotros venimos de ahí, nuestros antepasados son ese imperio que enfrentó a los españoles’.

Por eso el himno original dice ‘se conmueven del Inca las tumbas’. El plan fue apoyado por Güemes y San Martín parece verlo con buenos ojos, pero varios sectores republicanos lo critican mucho. Al final, no prosperó”, explica sobre el breve lapso en el que pensaron en la posibilidad de tener un monarca inca.

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