Gran avance de la UBA: el mate podría retrasar la aparición del Parkinson

Por: Eugenia Tavano

Un equipo de investigadores concretó el estudio preliminar donde demostraron que el consumo de yerba reduce en un 10% la muerte de un tipo de neuronas afectadas por la enfermedad.

Desde antes de que los jesuitas llegaran a América, el poder benéfico de la Ilex Paraguiansis, más conocida como yerba mate, ya era conocido por el pueblo guaraní. Convertida con el tiempo en una de las bebidas más populares de Sudamérica, sus propiedades saludables fueron ensalzadas, discutidas, y últimamente, reivindicadas a nivel global. Uno de los hallazgos más importantes en ese sentido lleva el sello de la Universidad de Buenos Aires, donde un equipo de investigadores demostró que el consumo de yerba mate tiene un efecto neuroprotector que podría retrasar la aparición del Parkinson.

El biólogo molecular Juan Ferrario se dedica a la investigación del Parkinson desde hace más de 25 años. Formado con el reconocido neurólogo argentino Oscar Gershanik, su trayectoria incluye el paso por el Hospital Pitié-Salpêtrière de París, institución que comenzó a estudiar la enfermedad neurodegenerativa en 1880. “La primera línea en la que venimos trabajando desde hace más de dos décadas es la de la neuroprotección”, cuenta a Tiempo Ferrario. “Esto consiste en estudiar cómo podemos hacer para que las neuronas no se mueran, que es lo que sucede en el Parkinson, específicamente con un tipo de neuronas que son las que producen dopamina”.

En relación a eso, desde 1980 en diversas investigaciones clínicas se venía observando que entre los tomadores de café había menos riesgo de desarrollar Parkinson. “A partir de 2000 la investigación se amplía y se comienza a hablar también del té verde, es decir que también se observa que hay menos Parkinson entre consumidores de té verde. De ahí, se incorporan sucesivamente otros alimentos, como la dieta mediterránea, el vino tinto y poco más”. Nuevos estudios realizados en Brasil y la Argentina  a partir de 2015 demostraron que también entre los tomadores de mate existe menos riesgo de desarrollar Parkinson. Todas buenas noticias, pero apenas la punta de un ovillo que los científicos debían empezar a desenmarañar. “Por entonces se empieza a notar que la incidencia de la enfermedad también bajaba entre quienes toman café descafeinado (NdR: el mate también contiene cafeína), y así se puso el foco en otros componentes como los polifenoles, y en particular, el ácido clorogénico, que es al que hacemos referencia en nuestro estudio del mate”.

Los polifenoles son un grupo de antioxidantes de origen vegetal, y los investigadores de la UBA ahondaron  en ellos. “Preparamos un extracto de yerba mate en el laboratorio y lo agregamos a un cultivo primario de neuronas dopaminérgicas de embriones de ratón, observando que tenía un efecto neuroprotector importante”. Para ser más claros, lo que los científicos comprobaron es que, gracias a la yerba, las neuronas no se morían tan rápido, es decir, se morían menos. “Lo que siguió fue probar en el cultivo los principios activos mayoritarios de la planta, pero aislados: cafeína, ácido clorogénico, tiobromina, y así vimos que había neuroprotección principalmente con el ácido clorogénico”. El estudio fue publicado en 2019 en una de las revistas más importantes en materia de Parkinson, Movement Disorders.

Un “limpiador” de neuronas

Ferrario explica que lo que siguió a este descubrimiento fue entender “qué pasa adentro de las células” para que se produzca este efecto de protección. En eso estaban los investigadores cuando la pandemia obligó a suspender primero el trabajo y luego, a retomarlo con restricciones. Lidiando con el esfuerzo de volver a poner el laboratorio en condiciones, el equipo de la UBA dio otro paso crucial: demostró que el ácido clorogénico activa una molécula llamada AMPK, que funciona como un sensor central de la energía celular. “Esto activa, a su vez, la autofagia, es decir, el proceso de limpieza de la célula”. Una de las causas de la muerte de las neuronas dopaminérgicas es, justamente, el déficit energético.

Ferrario viene colaborando, a su vez, con la doctora Irene Taravini, quien junto a un equipo de la Universidad Nacional de Entre Ríos se dedicó a alimentar ratones con bebida de yerba mate durante tres meses, tras los cuales se realizó un modelo clínico de inicio temprano del Parkinson. “Inicio temprano significa que la enfermedad no está muy avanzada, es decir que existe, aproximadamente, un 50 por ciento de muerte de neuronas”, explica el biólogo. Luego, se alimentó a los ratones con mate durante un mes más. “Se encontró una protección de alrededor de un 10 por ciento menos de pérdida neuronal, lo cual es súper significativo”, dice Ferrario. “Hay que seguir investigando estos mecanismos, porque la gente ya está tomando mate y se ve que el consumo retrasa la aparición del Parkinson”.

Una costumbre muy sana

En este punto, el investigador hace una distinción: “No hay que pensar al mate como un medicamento. El mate es simplemente un hábito saludable, pero esto, además, es muy auspicioso para el producto, la marca mate. En el mundo crece el consumo de yerba justamente por sus beneficios para la salud”, dice el especialista de la UBA que, a lo largo de estos años y entre otros apoyos —como el del CONICET—, contó con financiamiento del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM). “El mate se suma a otros hábitos saludables como correr, dormir bien, hacer deporte, que también retrasan la aparición del Parkinson y de otras enfermedades”, dice Ferrario. “Mate y café son los dos alimentos que más ácido clorogénico tienen, pero el mate le ‘gana’ al café en otro aspecto: por su composición molecular y la forma en que lo consumimos, beberlo no provoca picos de cafeína». «

Houssay, acidez y crisis

Juan Ferrario se considera un “apasionado” de la Ilex paraguaiensis. Entre otras iniciativas, su colaboración con el Instituto Nacional de la Yerba Mate incentivaron al biólogo a escribir, junto a Carla Johan Lorenzo, el libro La ciencia del mate, publicado dentro de la colección «Ciencia que ladra» que dirige Diego Diego Golombek. «Alli analizamos con evidencia científica aspectos que popularmente nos importan, como la hidratación, la acidez estomacal y demás”. Ese trabajo, a su vez, llevó a Ferrario a rescatar casi 30 investigaciones sobre yerba mate que el mismo Bernardo Houssay, Nobel argentino de medicina, había realizado en los años 30 a pedido del Ministerio de Agricultura. Hoy, aunque el equipo que dirige en la UBA sigue activo, el biólogo no deja de recalcar las grandes dificultades que conlleva el desfinanciamiento estatal a la ciencia.

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