Durante las últimas semanas, la Argentina volvió a mostrar una contradicción que debería interpelar a toda la dirigencia política y empresarial. Mientras Vaca Muerta alcanza niveles históricos de producción y el país se prepara para convertirse en un jugador relevante en el mercado mundial del gas natural licuado (GNL), cientos de industrias debieron detener su producción por falta de suministro durante la reciente ola polar. La explicación no estuvo en la escasez del recurso, sino en una realidad mucho más preocupante: la infraestructura sigue siendo insuficiente y profundamente desigual.
Hoy la Argentina tiene gas. Lo que no tiene es un sistema capaz de transportarlo de manera eficiente y federal hacia todas las regiones del país.
La discusión ya no pasa por si Vaca Muerta representa una oportunidad. Eso nadie lo pone en duda. El desarrollo de la formación neuquina constituye uno de los activos estratégicos más importantes que posee la Argentina y abre una enorme posibilidad para generar divisas, atraer inversiones y fortalecer la seguridad energética nacional.

Sin embargo, el verdadero desafío consiste en preguntarnos quiénes participarán de ese desarrollo y quiénes volverán a quedar mirando desde afuera.
Misiones es uno de los ejemplos más claros de esa desigualdad. Nuestra provincia continúa sin acceso al sistema nacional de gas natural, a pesar de que la Argentina dispone de recursos suficientes para abastecer su mercado interno durante décadas. Mientras se anuncian inversiones millonarias para exportar gas al mundo, miles de industrias, comercios y familias misioneras siguen dependiendo de energías considerablemente más costosas para producir, calefaccionarse o desarrollar nuevos emprendimientos.
No cuestionamos la necesidad de exportar. Todo lo contrario. Celebramos que el país avance hacia un perfil exportador capaz de generar dólares genuinos que no se fuguen y queden en el ámbito de la economía del País y consolidar una nueva matriz energética. Pero resulta imprescindible que ese crecimiento también sirva para resolver las profundas asimetrías internas históricas y que además sean los catalizadores que impulsen y no condicionen el desarrollo de toda la Nación.
El reciente invierno dejó una enseñanza muy clara. El problema energético argentino ya no es la falta de recursos. El problema es la ausencia de infraestructura suficiente para distribuirlos. Si más de 500 industrias debieron reducir o paralizar su actividad mientras Vaca Muerta registraba récords de producción, queda demostrado que producir más no alcanza cuando el sistema de transporte continúa siendo el cuello de botella.
Para provincias alejadas de los grandes centros energéticos, esa limitación adquiere una dimensión todavía mayor. La competitividad de nuestras economías regionales relegadas no depende únicamente del esfuerzo del sector privado. También depende de que el Estado impulse las obras estratégicas que permitan integrar definitivamente a todas las provincias al sistema energético nacional.
La ampliación de gasoductos, las nuevas plantas compresoras y los proyectos de licuefacción son pasos importantes. Pero el federalismo energético no puede terminar donde finaliza una obra de infraestructura. Debe llegar hasta cada provincia, que hoy continúa esperando una oportunidad de desarrollo; con costos diferenciales por ser poseedoras del recurso; no regalado, ni subsidiado.
Desde el Movimiento Industrial Misionero sostenemos que el gas natural no debe ser visto únicamente como un recurso para exportar, sino también como una herramienta para impulsar la industrialización, generar empleo, reducir costos logísticos y mejorar la competitividad de las economías regionales.
La energía es un factor de desarrollo. Allí donde llega el gas llegan inversiones, nuevas industrias, empleo de calidad y mayor competitividad. Allí donde la infraestructura y los servicios no llegan, las posibilidades de crecimiento también se reducen.
La Argentina tiene una oportunidad histórica de transformar su riqueza energética en una verdadera política de desarrollo nacional. Pero ese proceso solo será exitoso si incorpora una visión genuinamente federal de impulso económico planificado.
Porque el verdadero éxito de Vaca Muerta no será únicamente vender gas al mundo. Será lograr que ninguna provincia argentina siga quedando al margen de esa riqueza.