Ariel Guarco lidera la Alianza Cooperativa Internacional (ACI) desde 2017, una entidad que representa a más de mil doscientas millones de personas en todo el mundo. Nacido en el cooperativismo eléctrico de Coronel Pringles y también actual presidente de COOPERAR, Guarco encarna una voz global con raíces locales.
En esta entrevista con 4Palabras, reflexiona sobre la realidad de las cooperativas bajo el actual modelo económico, la resistencia institucional frente a las presiones fiscales y el éxito de la Red de Municipios Cooperativos como motor de desarrollo desde abajo.
Desde 2023 la Argentina está viviendo un cambio muy fuerte en su economía. ¿Qué sectores del cooperativismo se vieron más golpeados? ¿Y cuáles mejoraron sus condiciones, si es que eso ocurrió?
Las cooperativas de trabajo son las que más están sufriendo este contexto de falta de consumo, de falta de funcionamiento de la cadena de producción y distribución, los problemas en la cadena de pagos. Muchas cooperativas son proveedoras de pymes. Entonces, en cuanto a las cooperativas de trabajo el efecto ha sido, en algunos casos, devastador.
Luego hay otras cooperativas más consolidadas, como algunas de consumo, por ejemplo, donde si bien el consumo ha disminuido, tienen la espalda y la penetración en el mercado como para estar sufriendo, pero no de igual manera. Paradójicamente, lo que sucede cuando hay políticas de Estado que tienden a sincerar las tarifas de los servicios públicos, es que las cooperativas de ese rubro encuentran que su situación mejora.
-¿En qué sentido?
Ante una política pública que lo que pretendía era tarifas bajas para que la gente tuviera más plata en el bolsillo, las cooperativas de servicios públicos –principalmente las eléctricas– generaron una deuda millonaria que todavía están enfrentando.
Desde esa matriz se ven beneficiadas por ir en un tren que hace que los costos se vean reflejados en las tarifas. Pero es tan diverso el cooperativismo en nuestro país que instituciones de una y otra punta enfrentan situaciones muy diferentes.
-En términos de creación de empleo, hubo cerca de casi 400.000 puestos de trabajo registrados que se perdieron en estos dos últimos dos años. ¿Qué pasa con las cooperativas? ¿Cuánto pueden amortiguar en relación a una PyME o a una gran empresa?
Generar trabajo, cero. En el mejor de los casos, están resistiendo para no despedir. La venta de electrodomésticos, por ejemplo, se achicó muchísimo y hay empleados que tienen menos tareas. No podemos pagar. Pero la respuesta es: resistamos. No dejemos a nadie sin laburo en este momento.
-Frente a este modelo, ¿cuáles son las fortalezas que tiene la propuesta del modelo cooperativo?
La fortaleza es que es un modelo de autogestión. Cuando hay mucho, democráticamente se decide cómo se distribuye. O en qué se invierte. Y cuando no hay nada, o hay poco, o falta, democráticamente se decide cómo enfrentar ese esquema. No se sale corriendo. No abandonamos el barco.
En las peores épocas, las cooperativas no se fueron de los pueblos. No dejaron a los pueblos sin luz, sin agua, sin teléfono, sin internet, sin servicios sociales. Enfrentaron el problema de manera colectiva. Pero estamos ante un modelo que quiere terminar con las cooperativas, porque el cooperativismo desagrega la economía.
Por estos días nos enteramos que una sola persona llegó a ser el primer hombre que tiene el equivalente a la plata que manejan 3.800 millones de personas. Más de la mitad de la población. Es decir, una fortuna individual equivale al PBI de 171 países.
Si no generamos empresas que desagreguen la economía, que hagan que la riqueza vaya al desarrollo local… Si no hacemos nada de eso, no tenemos futuro ni como país ni como humanidad. Ahora, tenemos claro que es un modelo que nos ataca: con leyes, con medidas tributarias, con medidas políticas. Nos pone barreras a las fuentes de financiamiento, nos quita posibilidades de promoción. Trabajan todo el día para que nosotros nos achiquemos.

-En relación a eso, lograron la continuidad de la ley 11.380 que la ley de Hojarasca pretendía modificar. ¿Cómo fue ese proceso de resistencia en el plano político-institucional?
-La ley 11.380 fue concebida en un país que pretendía que hubiera iniciativas privadas, en este caso cooperativas, que desarrollaran en todo el país las condiciones necesarias para prestar mejores servicios. Varias décadas después cambia la percepción de hacia dónde hay que ir y todo ese capital, que es un capital inmovilizado necesario para producir o para generar servicios, pretende ser considerado como sujeto de impuestos que hasta ese momento no se pagaban.
Nos organizamos, hicimos gestiones, explicamos y tuvimos suerte. Ahora estamos con otro tema desde hace tres años que es el certificado PyME. Es tratar de generar consensos, de dar a entender lo injusto de las situaciones a las que nos someten. Tenemos buena recepción.
-En concreto, cuando dice que encontraron recepción, ¿a qué grupos se refiere?
Estoy hablando de diputados y senadores. Para ser claros y concretos, donde no encontrábamos respuesta en el tema Hojarasca o certificado PyME, era en el Ejecutivo. Sí recepción, sí diálogo, pero no definiciones.
-Una de las apuestas más importantes que está haciendo Cooperar en los últimos años es la Red de Municipios Cooperativos. ¿Qué implica y qué resultados tuvieron?
-Fue concebido justamente porque teníamos la sensación de que cuando el político llega a Buenos Aires ya es tarde. Queríamos entablar el contacto desde abajo. Sobre esa base, empezamos a trabajar para ver qué podíamos hacer en conjunto con los intendentes. Nos fijamos cuatro políticas amplias, con márgenes grandes.
-¿Cuáles?
Trabajar por el desarrollo local; por el cuidado de las personas y el ambiente; por la idea de educarnos en principios y valores que para nosotros son los del cooperativismo, pero que todos defendemos; e intentar generar negocios entre cooperativas. Que cada vez que un municipio necesitara algo primero nos mirara a nosotros. Después, si se puede o no, ya es otro asunto.
Hoy somos más de cien municipios, pero hay provincias enteras que se han adherido y cada vez nos piden más. Pero no queremos solo firmar, sino que establecemos políticas claras de hacia dónde queremos ir. Es una experiencia que también está queriendo ser replicada a nivel mundial.
-Yendo al plano global, en la última década recorrió 80 países. ¿Qué se puede aprender o replicar en Argentina? Pero también, ¿qué puede enseñar la Argentina a otros países?
-Donde somos pioneros y estamos fuertes es en el modelo de cooperativas de servicios públicos, que casi no existen en otros lados. Y es una forma de hacer cooperativismo que involucra a las comunidades de manera entera. Se le presta servicios públicos a casi el 20% de la Argentina. El 80% de las redes rurales de electricidad son cooperativas. Son cosas que no se conocen. Y ahí está la matriz productiva del país, no nos confundamos.
También se ha puesto el foco a nivel internacional sobre el caso argentino en la recuperación de empresas. Somos valorados y estudiados. Estamos muy bien orientados en lo que son cooperativas de innovación y tecnología, pero poco masificados.
Tenemos que avanzar aún en conectar la cadena de producción con la de distribución y la de consumo. En muchos casos nos quedamos en lo marginal. Trabajamos con los compañeros y vamos a la feria barrial. Y en Tokio no van a la feria barrial, tienen un supermercado. No hay que pensar en chiquito.
Hoy la comunidad internacional está viendo cada vez más a las cooperativas como el modelo que da las respuestas que otros modelos no dan. Todo el mundo está siendo excluido. Estamos frente a modelos despersonalizados. Entonces ponen al cooperativismo como el ejemplo de lo que hay que hacer. Por eso la ONU decidió celebrar el Año de las Cooperativas una vez por década, para promover el modelo cooperativo.
Tuve la oportunidad de hablar con Narendra Modi, el primer ministro de India. Es el líder de la democracia más grande del mundo. 1.600 millones de personas. Y él dijo que India no se puede desarrollar sin las cooperativas. Una cooperativa es la principal productora de fertilizantes y tiene 55 millones de socios.
Necesitaban proteínas para que los niños tuvieran los niveles proteicos que les permitieran seguir la curva cognitiva de crecimiento. Y lo hizo una cooperativa láctea, Amul. Que, entre paréntesis, hizo un acuerdo con la AFA y promociona la selección argentina. India creó un ministerio de la Cooperación…
-Vence su mandato al frente de la ACI. ¿Buscará la reelección? ¿Qué implica para Argentina?
-Ahora en septiembre hay elecciones. América decidió hace varios meses que teníamos que seguir. Sería el último, porque no se puede ir más de tres periodos. Hoy el movimiento cooperativo tiene 1.200 millones de personas. Lo que queremos es que esto empiece a ser más valorado y reconocido en nuestro país para dejar sentadas las bases de que es posible llevar adelante el desarrollo de una manera que nos incluya a todos, que no deje a nadie afuera, que sea participativo.
Estamos en un contexto en el que la democracia empezó a ser puesta en duda, con gobiernos cada vez más nacionalistas y dictatoriales. Vamos por el camino contrario. Aún en los peores momentos de nuestro país, en la dictadura, este movimiento siguió. Y debe tener más presencia, tiene que ser más escuela.

