Los productores agroecológicos tienen como premisa no usar insumos químicos sintéticos en sus campos, pero lo cierto es que muchas veces no tienen otra alternativa que recurrir a alguna dosis extra a los abonos naturales, por carencias del suelo en algunas parcelas o como respuesta inmediata ante cambios climáticos.
Los insumos químicos, sobre todo los de reconocidas marcas, son prohibitivos para los pequeños campesinos, fruticultores y huerteros, que por principios no suelen usarlos, algo que los más grandes, sobre todo los que se manejan de forma extensiva y convencional, ya tienen como un costo fijo de sus planteos productivos. Sin embargo, con el conflicto en Medio Oriente generalizado, todos están viendo cómo se disparan los precios.
La urea, el fertilizante nitrogenado más difundido para el suelo es un subproducto del gas natural más amoníaco y CO2, y como tal tiene atado su precio al de los hidrocarburos, que en las últimas semanas venía subiendo, primero tras la incursión de Estados Unidos en Venezuela, el mayor reservorio de crudo del mundo, y ahora con la avanzada de Estados Unidos e Israel sobre Irán, el tercero en reservas de petróleo a nivel global y productor junto a Egipto del 20% de la úrea mundial. En apenas una semana el precio del crudo Brent, de referencia para la Argentina, pasó de US$ 75 a 107.
Argentina importa más de la mitad de los fertilizantes que usa
Como el 80% del costo de producción de la urea se explica por el gas, la zona beligerante que rodea al Estrecho de Ormuz, por donde pasa el 25% del comercio mundial de petróleo y el 20% del GNL (también se transportan los granos), ya hace unas semanas que empezó a impactar en el costo de reposición de este producto en todos los países consumidores. Los fertilizantes fosfatados, que junto al potasio y al nitrógeno conforman el triángulo de nutrición primordial para todos los cultivos, también están inflando su precio por el mismo motivo. El fosfato diamónico subió menos, pero su precio ya se acerca a los US$ 800 por tonelada.
Este cambio en los valores representa una variable crítica para la agricultura argentina convencional, no sólo porque el país importa casi el 60% de los fertilizantes que utiliza, sino porque este año se necesitarán más dólares en un contexto de falta de divisas. En 2025 el país destinó más de US$2.000 millones a la compra de estos insumos en el exterior, sobre todo de China, Marruecos, Estados Unidos y Perú, con una fluidez que ahora se ve amenazada por el cierre de las tradicionales rutas logísticas de los buques y el retiro de ofertas de los principales comercializadores globales.
Los ataques con misiles, drones y bombas en toda esa zona no sólo provocaron muerte y destrucción, también generaron impactos en áreas petroleras, paradas de producción en refinerías, cierre de puertos y aeropuertos, peligro para la navegación comercial en la zona y, como derivación, suba de costos y precios. Las rutas alternativas son más largas, costosas y ahora demandan seguros más caros. En la primera semana de los ataques, los precios internacionales de la urea experimentaron subas de entre US$ 23 y 80 por tonelada, con relación al valor previo.
Al estar en época de cosecha en el país, no hay demanda urgente por comprar y aplicar estos productos, pero en pocos meses la habrá. El maíz y el trigo concentran el 70% del uso de fertilizantes en la Argentina (la soja sólo representa menos del 10%), y la urea es el principal insumo para estos cultivos. En Sudamérica, en la primera semana de los ataques el costo y flete marítimo de la urea a cargo del vendedor registró un aumento de US$160 por tonelada, con lo que el valor teórico puesto en destino ronda los US$700 por tonelada y todo indica que seguirá en ascenso.
Por este motivo, la cadena comercial regional de importadores y distribuidores en su mayoría se retiró del mercado al no tener un valor estimativo del costo de reposición. La incertidumbre sobre las exportaciones desde Arabia Saudita y el encarecimiento de materias primas como el azufre y el amoníaco llevaron a los proveedores a manejarse con cautela y a los fabricantes a frenar sus plantas industriales.
Según los especialistas, la relación de precios cada vez más desfavorable entre el costo de los fertilizantes y el valor de las materias primas agrícolas ha llevado al sector a mantenerse en estado de alerta y buscar alternativas para cuando en la segunda mitad del año se empiecen a planificar las siembras. Además, habrá que ver cómo se comportan las cotizaciones del trigo y maíz, que también están viendo afectados sus precios a futuro como derivación del clima beligerante.