Como informó Tiempo este domingo, existe un crecimiento de diagnósticos de TDAH y trastornos de lenguaje en niñas, niños y adolescentes, y entre sectores de especialistas, familias y autoridades educativas preocupa los efectos de rotular a temprana edad, y que en muchos casos conlleve tratamientos con medicación.
En un mundo pos pandémico de pantallas, urgencias, falta de silencios y hogares donde cada vez se habla y se comparte menos, los trastornos y, sobre todo, terapias de lenguaje empiezan a multiplicarse. La licenciada en Fonoaudiología y autora del libro “Terapia del lenguaje en las infancias”, Giselle Aronson, analiza el aumento de consultas vinculadas a dificultades del lenguaje en niños y niñas, cuestiona la tendencia a los diagnósticos rápidos en las infancias y advierte sobre el riesgo de buscar respuestas únicas para problemáticas complejas.
En diálogo con Tiempo, la especialista aborda algunos de los ejes presentes en el informe especial sobre el aumento de diagnósticos de TDAH y el creciente uso de medicación en las infancias. “Los trastornos del lenguaje son cuadros clínicos en los que se observan dificultades en la adquisición, apropiación y desarrollo del lenguaje, tanto en la comprensión como en la expresión”, explica.
-En los últimos años muchos especialistas hablan de un fuerte aumento de los trastornos del lenguaje en niños. ¿Percibe ese crecimiento en el consultorio? ¿A qué lo atribuye?
-Con más de 25 años de experiencia en la clínica del lenguaje en las infancias, noto un significativo aumento, no específicamente de los llamados “trastornos del lenguaje” sino de la gran demanda de terapia del lenguaje que los profesionales fonoaudiólogos/as estamos recibiendo. Creo que hay una epidemia de “diagnósticos exprés”. Entonces, no sé si el aumento se refiere realmente a casos de trastornos del lenguaje, o si en realidad hay un sobre-diagnóstico y, por ende, aumenta la demanda de terapia. En infancias en desarrollo, más que una etiqueta estigmatizante, un diagnóstico debería ser siempre una hipótesis que oriente y guíe una terapéutica.
-¿Existe alguna relación entre los trastornos del lenguaje y diagnósticos como el TDAH? ¿Suelen aparecer asociados?
-En torno al lenguaje, el más conocido y frecuente es el diagnóstico de TEL (Trastorno Específico del Lenguaje), también denominado TDL (Trastorno del Desarrollo del Lenguaje). En ciertos ámbitos clínicos y terapéuticos, entre TEL o TDL y TDAH, suele aplicarse uno de los dos diagnósticos como respuesta global a problemáticas complejas. Lamentablemente, hoy escuchamos de un niño o niña que “no habla” y en esas dos palabras se generaliza una enorme variedad de situaciones y cuadros. Un rótulo no puede responder por sí solo a una problemática compleja ni reemplazar la singularidad, el entorno familiar y social de cada niño o niña.
-¿La pandemia pudo influir en el aumento de diagnósticos de TDAH?
-Creo que vino a profundizar una tendencia que ya se venía dando desde hace años. Si bien el uso de dispositivos tecnológicos y la exposición a pantallas ya configuraban un modo de subjetivación, desde 2020 toda nuestra vida se mediatizó: lo laboral, lo social, lo vincular y lo escolar. Entonces, ante el aumento de diagnósticos, deberíamos preguntarnos si realmente aumentan los casos o si estamos frente a un nuevo escenario en relación al desarrollo de los niños y niñas de hoy.
-Para finalizar, ¿observa un aumento en el uso de medicación vinculada al TDAH en niños y adolescentes?
-De la mano de la tendencia al diagnóstico exprés, en muchos ámbitos médico-terapéuticos el uso de medicación pareciera responder a la misma lógica: encontrar una respuesta única y definitiva a problemáticas complejas del desarrollo. El diagnóstico es necesario y pertinente ante la demanda de una familia; es un derecho del paciente. Pero también es un derecho del niño o la niña que ese diagnóstico sea resultado de un proceso que respete su singularidad y que la medicalización sea una alternativa y no un destino ineludible.