Tras las lluvias del anterior fin de semana, el lunes comenzó el día en el Archivo General de la Nación (AGN) con una recorrida por los depósitos en la sede de Alem 246. Preocupaba que pudieran haber ocurrido filtraciones, como ya había pasado alguna vez. Pero el panorama que encontró el personal del Departamento Documentos Fotográficos fue mucho peor. Un sector del subsuelo estaba completamente inundado. Más de 1500 cajas con fotografías de alto valor documental, bajo el agua.

No tenía que ver con las lluvias, sino con “un ingreso de agua producto de la vandalización de la red de agua corriente, específicamente el robo del medidor instalado en la vereda del inmueble”, según confirmó el Ministerio del Interior, del que depende el AGN. “Durante los días siguientes se procedió al bombeo del agua y al salvataje de la documentación afectada. El organismo y el ministerio movilizaron insumos y personal de múltiples áreas para la realización de las tareas necesarias, que continúan desarrollándose hasta el día de hoy”, indicaron el viernes.

Foto: Archivo General de la Nación

Un informe interno que recibió el director, Emilio Perina, señala que el AGN dispone de guardia policial a cargo de la seguridad edilicia: “Esto se podría haber evitado si se cumpliera con las rondas de vigilancia que se deben realizar durante los fines de semana”. La notificación formal se elevó a las diez de la mañana de ese lunes. Pasadas las 17, aún no se había logrado desagotar el agua del depósito.

El patrimonio en riesgo –distribuido en más de 1500 cajas con cientos de fotos y negativos cada una- incluye archivos en papel, vidrio y plástico. Algunos de los fondos que quedaron sumergidos tienen material del antiguo diario Crítica, de YPF y de Agua y Energía. También hay fotos del fondo Witcomb, uno de los bancos de imágenes más antiguos del país. Lleva el nombre del fotógrafo inglés Alexander Witcomb, quien se instaló en la Argentina en 1869 y desde entonces la retrató.

El Archivo y la precarización al rescate

Las tareas de rescate comenzaron apenas se pudo ingresar al sector inundado. El proceso es lento y artesanal. Se extienden grandes rollos de papel corrugado, cubierto luego por papel blanco. Sobre eso, se abren las cajas y los sobres que contienen. Se distribuyen las fotos con la imagen hacia arriba, tomando cuidados extra si hay descripciones con tinta en el reverso. Luego, se dejan ante deshumidificadores para quitarles humedad. Todo esto, según relatan desde el lugar, con el stock de insumos de compras de los últimos años, sin certezas sobre qué pasará cuando haya que reponer.

“Muchas fotos perdieron la claridad. Una vez que las fotos se secan, hay que volver a colocarles códigos y aguardar que el departamento vuelva a suministrar cajas con identificadores. Estas horas de trabajo son las más importantes, para evitar que aparezcan hongos y que se pegue foto con foto. Es muy difícil todavía estimar el volumen del daño”, se lamenta un trabajador, que pidió mantener su identidad en reserva por temor a represalias, en un contexto de despido masivo de empleados estatales.

Foto: Archivo General de la Nación (@AGNArgentina) / Color: César Jara (@csrjara)

La gran mayoría de las y los profesionales del sector están precaridazos, con contratos que ahora se renuevan cada tres meses. “Si esto pasaba el 30 de junio y no renovaban a los contratados, no había quién hiciera esta tarea al día siguiente. Porque el 80% somos contratados. Y en el otro 20% hay personal administrativo que no está capacitado en cuestiones de archivo. Hay quienes se están quedando hasta 12 horas para rescatar estas fotos, pese a que se plantea la política de sacar las horas extras en el Estado”.

Por la dimensión del daño se sumaron profesionales de otras áreas del AGN e incluso de otros espacios, como el Conicet, el Museo Histórico Nacional o la Biblioteca Nacional. Todos atravesados por el ajuste, los despidos, y también por las amenazas y ninguneo libertario sobre el rol que cumplen. En este caso, sumarse al rescate implica exponerse a las emulsiones y el olor químico del material fotográfico y permanecer en cuclillas sobre las fotos sepia en el piso durante horas.

Archivo dividido

El material del Archivo General de la Nación –que depende del Ministerio del Interior– está repartido en distintas sedes, porque nunca se terminó de completar la mudanza al edificio de Rondeau 2277, en Parque Patricios. Según consta en la web oficial, las consultas presenciales de las y los investigadores pueden realizarse en las tres sedes: en la de Alem 246 –donde ocurrió la inundación-, en la de San Nicolás (la más nueva) y en la de San Telmo (Paseo Colón 1093).

Paradójicamente, fue esta mudanza inconclusa la que permitió que hubiera espacio disponible en la sede más antigua para desplegar los rollos de papel y poner a secar las fotos, con el cuidado artesanal de personal contratado y de voluntarios. Con el tiempo se sabrá qué pedazos de historia se pudieron recuperar y cuáles se perdieron para siempre.

Foto: Archivo General de la Nación
El director macrista que asumió con «autorización excepcional»

Cuando se detectó la inundación el director del AGN, Emilio Perina, estaba en un congreso en Uruguay. Pero se mantuvo atento al tema, según pudieron saber las y los trabajadores. Designado durante la gestión de Javier Milei, el funcionario no es nuevo en el área: ya había dirigido el archivo bajo la presidencia de Mauricio Macri.

Ferviente antikirchnerista e hijo del ex asesor de José Alfredo Martínez de Hoz Moisés Konstantinovsky, su nombramiento en 2016 requirió de una “autorización excepcional por no reunir los requisitos mínimos establecidos en el artículo 14, Título II Capítulo III del Sistema Nacional de Empleo Público”. Por estos días, comparte con el Presidente su mirada sobre el impulsor de la Campaña del Desierto, Julio Argentino Roca, a quien considera “uno de los más grandes hombres de nuestra historia”.

Foto: Archivo General de la Nación