Teresa Gillis, madre de Jack White, falleció a los 95 años, dejando un legado decisivo en la vida del músico que cofundó The White Stripes y marcó el rock contemporáneo. Nacida en 1930 en Detroit, Teresa fue madre de diez hijos, y Jack, su séptimo, creció rodeado de música, humor y un ambiente que cultivaba la curiosidad y la perseverancia.

Trabajadora incansable, Teresa combinó sus tareas como secretaria en la Archidiócesis de Detroit y ujier en el Masonic Temple con la educación de sus hijos, transmitiendo disciplina y apoyo incondicional. Según ha contado Jack en entrevistas, su madre era una presencia constante, que reía con él, le daba consejos y lo acompañaba incluso en sus primeros experimentos musicales. “Mi madre tenía un oído para la música que no entendía mucho, pero sentía todo”, recordó alguna vez, subrayando su intuición y complicidad.

Jack White despidió a su madre con un emotivo mensaje

Jack White y Teresa

La influencia de Teresa no se limitó al hogar. Jack White señaló que fue ella quien le enseñó a valorar la creatividad, a persistir frente al rechazo y a escuchar el mundo con atención. Su amor por la música y su humor siempre estuvieron presentes, y esas enseñanzas se filtraron en la manera en que Jack aborda su arte: obsesivo, meticuloso y con un respeto profundo por las raíces musicales.

Su fallecimiento fue anunciado por Jack White en Instagram, donde expresó gratitud y amor por la mujer que lo sostuvo, y cuya influencia silenciosa acompañó cada acorde, cada ensayo y cada escena de su carrera. Teresa Gillis será recordada no solo por ser madre de un ícono del rock, sino por el papel central que desempeñó en la formación de su carácter, su ética de trabajo y su pasión por la música.

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En el mundo del rock y la cultura contemporánea, pocas figuras familiares tienen un impacto tan discreto y a la vez tan decisivo. Teresa Gillis representa ese tipo de legado: invisible para muchos, pero fundamental para quienes lo conocen de cerca.