La destrucción de una estatua que representaba la lucha de las mujeres en la ciudad de Tabqa, en el norte de Siria, y las videos donde yihadistas sostienen trenzas en sus manos cortadas de las cabelleras de milicianas kurdas que defienden Rojava (Kurdistán sirio), son una muestra clara de hacia dónde quiere llevar el país el presidente interino Ahmed al Sharaa (conocido como Mohammed al Jolani cuando no tenía vergüenza en reconocer su pasado en Al Qaeda y Estados Unidos le había puesto recompensa a su cabeza).

Lo ocurrido en Tabqa es parte de una sucesión de hechos que se vienen desarrollando en Siria en las últimas dos semanas y tienen como protagonistas a las milicias yihadistas que responden al régimen de Damasco, por un lado, y al pueblo kurdo y sus organizaciones políticas y militares, por el otro. En medio, el “gran juego” de Estados Unidos no solo para Siria, sino para todo Medio Oriente. Como aliados de Washington, están Israel y Turquía, ambos regímenes que públicamente se critican pero que por lo bajo negocian la repartición de la región más convulsa del mundo. En el caso de Siria, la traición a los kurdos que derrotaron al Estado Islámico (ISIS o Daesh) y la “normalización” del territorio se viene negociando desde el momento en que fue derrocado el régimen de Bashar al Asad, en diciembre de 2024.

Desde hace dos semanas, el régimen de Damasco (liderado por el grupo terrorista Hayat Hayat Tahrir al Sham -HTS-) hizo todo lo posible para cortar las negociaciones con las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) y la Administración Autónoma Democrática del Norte y el Este de Siria (AADNES), encabezadas por los kurdos y que incluyen a árabes, armenios, asirios, turcomanos y circasianos. El cambio veloz de postura de la Casa Blanca fue la lanza que permitió abrir el territorio a decenas de milicias yihadistas que responden a Damasco y tienen su apoyo financiero y logístico en Ankara.

La eterna lucha de los kurdos de Siria por su existencia

La AADNES, que controlaba casi el 40% del territorio sirio, se retiró de Deir Ez-Zor y Raqqa, denunció las masacres cometidas por las fuerzas islamistas y replegó sus unidades militares a Rojava, la región kurda fronteriza con Turquía. En el medio del caos, los yihadistas liberaron a cientos de prisioneros de Daesh que estaban en cárceles bajo resguardo de las FDS y la Coalición Internacional encabezada por Estados Unidos. Tom Barrack, enviado especial de Washington para Siria, fue contundente al declarar que la alianza con las FDS ya no tenía sentido, porque la Casa Blanca consideraba a Al Sharaa y a sus yihadistas como “autoridades” confiables para Siria.

Ahora las fuerzas islamistas de Damasco asedian Kobane, ciudad-símbolo de la lucha kurda contra Daesh. Sin agua y sin electricidad, cerca de quinientas mil personas esperan la avanzada final y, en su mayoría, se encuentran dispuestas a defender sus calles junto a las Unidades de Protección del Pueblos y de las Mujeres (YPG/YPJ). Al mismo tiempo, miles de habitantes intentan trasladarse a zonas seguras en el este de Rojava. En los últimos días también se vieron imágenes impactantes de miles de pobladores de Bakur (Kurdistán turco) y de Bashur (Kurdistán iraquí) cruzando las fronteras hacia Rojava para sumarse a la resistencia, en un hecho similar a cuando las YPG/YPJ derrotaron a Daesh en Kobane, en 2015.

El régimen de Damasco y Turquía (su principal aliado) buscan desarticular la organización política, militar y social que la AADNES construyó durante catorce años. Para eso, difunden la idea de que los kurdos no apoyan a las FDS. También sostienen este discurso luego de que varias tribus árabes (principalmente de Raqqa y de Deir Ez-Zor) abandonaran su participación en la AADNES y juraran lealtad al régimen de Damasco. En esas dos provincias sirias, la crisis económica, las rispideces históricas y las promesas de Al Sharaa de “dinero fresco”, desequilibraron una balanza sostenida en la fragilidad de la realidad crítica que vive Siria hace casi dos décadas.

En un artículo reciente, el politólogo kurdo Ali Cicek analizó en profundidad el panorama de los kurdos de Siria, donde se entretejen disputas y reordenamientos geopolíticos que, si se llegan a concretar de manera definitiva, no tendrán ningún tipo de beneficio para los pueblos que habitan la región.

Cicek escribió: “Con HTS, una fuerza construida con gran preparación por el Reino Unido, ahora hay un gobierno en Damasco integrado en el proyecto de reorganización liderado por Estados Unidos y Occidente. HTS acepta las reglas de la modernidad capitalista, está económicamente integrado en Occidente, reconoce de facto la hegemonía israelí y guarda silencio sobre la ocupación israelí de partes del sur de Siria”.

La eterna lucha de los kurdos de Siria por su existencia
Foto: Agencia ANHA

El politólogo detalló que la nueva “nueva estrategia” para Siria y Medio Oriente “se selló formalmente en la reunión en París los días 5 y 6 de enero de 2026, donde Siria e Israel acordaron un mecanismo de comunicación conjunto bajo la supervisión de Estados Unidos”. “Sin embargo, esta reunión no se limitó a eso -indicó Cicek-. Al mismo tiempo, se formó una alianza contra la AADNES. No es casualidad que el ministro de Asuntos Exteriores turco, Hakan Fidan, también estuviera presente en París ese día.Esta alianza contra Rojava, apoyada por Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Turquía, también cuenta con el respaldo de la Unión Europea”.

El rol de Europa

La complicidad de la Unión Europea con el régimen de Damasco quedó evidencia el 9 de enero, cuando la titular de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, se reunió con Al Sharaa, le dio su bendición y le prometió más de 600 millones de euros para la “reconstrucción” del país. Mientras la funcionaria europea le sonreía al ex Al Qaeda, las milicias yihadistas atacaban a la población kurda de Alepo y festejaban el retorno del Daesh.

El periodista británico Matt Broomfield, en un artículo reciente, apuntó: “Al Sharaa puede ser un autoritario islamista, pero es el tipo de autoritario abierto a la inversión occidental y a una distensión con Israel en su frontera sur”. Una descripción por demás de precisa para los nuevos tiempos que corren en Siria.

Aunque el 20 de enero pasado el régimen de Damasco y las FDS declararon un alto el fuego por cuatro días, las fuerzas yihadistas continúan atacando las regiones kurdas, con el objetivo de ingresar a las ciudades de Kobane y Hasakah. Ayer, el comandante en jefe de las FDS, Mazloum Abdi, y la titular del Departamento de Relaciones Exteriores de la AADNES, Ilham Ehmed, se reunieron con Tom Barrack en Erbil, capital de Bashur. Abdi comunicó que la reunión fue “productiva y constructiva” y que el alto el fuego es fundamental para retomar el diálogo y las negociaciones con Damasco para “lograr una verdadera integración” en el país. Todavía es muy pronto para saber si la reunión en Erbil abrirá la puerta para una solución real al actual conflicto sirio.

La eterna lucha de los kurdos de Siria por su existencia
Foto: Agencia ANHA

Durante más de un año, la AADNES intentó llegar a un acuerdo con el régimen sirio (como lo había intentado bajo el gobierno de Bashar al Assad), con el fin de construir un Estado democrático, descentralizado y que los derechos de las minorías y las mujeres se cumplan sin dobleces, para lo cual demandaba que esa iniciativa tenía que tener rango constitucional. El Ejecutivo de Al Sharaa tomó medidas que los kurdos consideraron “decorativas”, mientras en unos pocos meses impulsó la masacre de drusos y alauitas.

Días atrás, la investigadora y académica kurda Rojin Mukriyan resumió con precisión la situación en Rojava: “Es posible que los kurdos no cuenten con apoyo internacional en este momento. Parece que muchas coaliciones regionales y globales han decidido aliarse con antiguos grupos de Al Qaeda”. Sin embargo, esto podría cambiar si los kurdos responden con fuerza y unidad -agregó en un escrito en su cuenta de X-. El poder solo reconoce el poder”. Mukriyan afirmó: “Los kurdos están más unidos ahora. El nivel de unidad que hemos visto entre los kurdos (…) no tiene precedentes, y esta unidad puede cambiar el equilibrio de poder sobre el terreno”. “El destino de Rojava determinará el destino de los kurdos en el futuro Oriente Medio. Los kurdos no tienen más opción que ganar esta guerra”, sentenció la académica.

Esta realidad que describe Mukriyan es, otra vez, la única opción que tiene el pueblo kurdo.