Este jueves, el presidente Javier Milei y el ministro de Economía, Luis Caputo, aprovecharon sus presencias en un foro financiero para machacar con una idea: «Pierdan el miedo al 2027».

En pocas palabras, el argumento es que la economía está mejor que nunca desde el regreso de la democracia, pero los medios de comunicación hacen campaña sucia contra el gobierno insistiendo con que hay “malaria» y «la gente no llega a fin de mes».

El presidente y su ministro no dieron cifras o datos que avalaran su optimismo en relación a su supuesto buen gobierno y el bienestar de la población. Se limitaron a arengar al público, compuesto por personas cercanas al universo financiero, con el objetivo de moldear las “expectativas del mercado” ante la clara caída de imagen positiva de Milei y su gobierno.

Pero más allá de los sermones, las cifras sobre la malaria y la imposibilidad de llegar a fin de mes existen. Las dio a conocer el domingo pasado Tiempo en una nota de Alfonso de Villalobos. Surgen de un informe reciente elaborado por el Grupo de Estudios en Desigualdad y Movilidad Social (GEDyMS) del Instituto Gino Germani, de la Universidad de Buenos Aires y basado en datos oficiales al cierre de 2025. Repasemos:

-El 71% de los ocupados tiene ingresos por debajo de la línea de pobreza. Dentro del universo de ocupados hay diferencias: en el caso de los asalariados informales, ese porcentaje sube al 90%. Para los asalariados registrados, el nivel se ubica en el 59,3%, es decir que más de la mitad de los trabajadores registrados asalariados (no los monotributistas) tiene ingresos que no cubren la Canasta Básica Total, que es el umbral que mide la pobreza.

-Hay sectores de asalariados donde se manifiesta de manera masiva la malaria. Por ejemplo, el 68% de los y las trabajadoras de la enseñanza tienen ingresos de pobreza. Un peldaño más abajo se encuentran los empleados de la industria manufacturera, de los que el 67,4% sufre la misma situación. Y mucho peor es la situación de las trabajadoras de casas particulares, de las que el 97,7% gana para pobre.

-Milei ha ensalzado la figura del cuentapropista tanto porque supone una corporización de la “libertad” como por la supuesta mejora de los ingresos respecto de los trabajadores asalariados privados y públicos registrados (según informa el Indec). Pero, en promedio, los ingresos laborales de este segmento alcanzan los 720 mil pesos mensuales, un 45% por debajo de lo que percibe un asalariado formal. El 86% no logra superar el valor de la Canasta Básica Total (pobreza) y el 42% el valor de la Canasta Alimentaria (indigencia). El 82% gana $ 1 millón o menos por mes, dice el informe.

-Esta realidad de los ingresos está íntimamente vinculada con una transformación profunda del empleo. La contabilidad de empleos creados y destruidos arroja un saldo positivo de poco más de 18.000 puestos de trabajo en los dos años y medio de mandato de Milei, prácticamente estable. Pero la verdadera diferencia está en la calidad de lo destruido y de lo creado: cuatro de cada cinco puestos de trabajo destruidos fueron formales o registrados. Del otro lado, 7 de cada 10 puestos creados corresponden a cuentapropistas precarios de baja calificación, mientras que los 3 restantes son monotributistas.

-Con un salario deteriorado, los trabajadores cuentapropistas sufren de sobrecarga laboral, como dos caras de la misma moneda. El 44% de los cuentapropistas de baja calificación está sobreocupado (trabaja más de 45 horas semanales) y el 33% subocupado, una paradoja que evidencia que trabajar más horas no garantiza salir de la precariedad.

-Existe “una situación crítica para los jóvenes”, asegura el estudio. Los menores de 30 años representan el 53% del total de desocupados. La tasa de informalidad entre jóvenes de 18 a 30 años escaló al 60%, el valor más alto jamás registrado y siete puntos por encima de 2016.

-En el otro extremo de la pirámide etaria, aumentó la población en edad jubilatoria que se encuentran trabajando. La causa es clara: los magros haberes jubilatorios. Al cuarto trimestre de 2025 se alcanzó el pico máximo en los últimos nueve años, con un 18% de los mayores de 65 años ocupados en el mercado de trabajo.

-Además, la brecha de ingresos por género en contra de las mujeres también escaló en el último año al 28,2% cuando en 2022 se ubicaba en un 21,1%.

Son datos que explican la malaria, el mal humor social y el riesgo cierto –en la perspectiva de los financistas y lobbystas que escuchaban al presidente y al ministro–, de que Milei mantenga una imagen negativa mucho más elevada que la positiva y que, con el paso del tiempo, eso cristalice en una decisión de voto en contra de La Libertad Avanza.

Si los mercados financieros se convencen de ello, podrían generar una corrida contra el peso en la previa de la campaña electoral. Equivaldría a una patada a la estantería. Ese es el verdadero temor de la Casa Rosada. No parece que las arengas sirvan para evitar ese destino.