¿Qué misterios conjura un escritor adelantado a su tiempo? ¿Qué saberes astrales? La vida, la obra y lo esotérico son los tres planos de la muestra Laiseca, el iniciado, en la Sala Juan L. Ortiz de la Biblioteca Nacional, dedicada a Alberto Laiseca: el autor de Los sorias, la novela más larga de la literatura argentina; el formador de narradores; el conductor del programa Cuentos de terror, en el canal I.Sat; el personaje de culto y esoterista que rompió con la figura del intelectual: Laiseca, el iniciado explora su inusitada genialidad.

“La exposición -dice el comunicado oficial- invita a conocer la narrativa laisequiana a través de los fragmentos que pueden hallarse en el acervo de la Biblioteca Nacional (entre libros, revistas y cartas), además de fotos, manuscritos y testimonios audiovisuales que se consiguieron reunir. En la magia, todo viaje es un aprendizaje misterioso. Laiseca, el iniciado aspira a servir de guía en ese accidentado trayecto”. Así, “el visitante puede reconstruir la literatura de este inclasificable y genial escritor al tiempo que se sumerge en su imaginario delirante e inusitado”.

“Laiseca, el iniciado”: una muestra sobre la inclasificable genialidad del escritor

Para ello, en la muestra están los libros infantiles que obsesionaron a Laiseca y las publicaciones que lo influyeron; hay collages y fotos inéditas de su infancia y juventud; figuran las cuatro voluminosas ediciones de Los sorias; se incluyeron sus colaboraciones en revistas de baja difusión; se expone la zoología esotérica de su libro El jardín de las máquinas parlantes y hasta un CV escrito por el propio Laiseca. La muestra es prolífica e inclasificable, como él mismo, que había nacido en Rosario en el ‘41 y que falleció en Buenos Aires en 2016, a los 75 años.

Primero, las coordenadas para reencontrarse con su aura: Laiseca, el iniciado se podrá visitar hasta el 30 de junio de 2026, de lunes a viernes de 9 a 21 hs. y sábados y domingos de 12 a 19 hs. en la Sala Juan L. Ortiz de la Biblioteca Nacional. Y fiel a la visión esotérica de quien era mucho más que el personaje de enormes bigotes y cigarrillos que desde 2002 presentaba cuentos terroríficos en TV, la muestra hace “un recorrido biográfico y, a la vez, astral -cuenta Mariano Buscaglia, el curador-.

«Tomamos como punto de partida tres principios fundamentales expuestos en el libro La clavícula del hechicero (o el gran libro de San Cipriano), volumen de magia muy frecuentado por el autor”.

“Laiseca, el iniciado”: una muestra sobre la inclasificable genialidad del escritor

¿Cuáles son esos principios? En aquel libro se dice que el iniciado esotérico debe pasar “por tres fases: deseo, perseverancia y dominio. La primera pertenece a la iniciación, o sea, al deseo de aprender. La segunda consiste en la perseverancia, la voluntad para alcanzar un objetivo, y la tercera, el maestro, es el verdadero mago, que ha logrado el ‘dominio absoluto del arte’”. Así, Laiseca “se consideraba un iniciado esotérico: Ithacar Jalí, un artista de los años ‘60 y ‘70, fue, al parecer, el que lo inició en esos conocimientos, y que él terminó desarrollando por su lado”, aclara Buscaglia.

Para reunir los materiales de Laiseca, el iniciado “primero recurrimos al acervo de la Biblioteca Nacional -prosigue Buscaglia-: en el departamento de archivo se conservan las once cartas que recibió el escritor Fogwill de Laiseca, donde él le dice cosas muy reveladoras y que hasta ahora no se sabían. Por ejemplo, que mucha de la obra narrativa que Laiseca publicó en su madurez ya estaba escrita a principios de los ‘80: El jardín de las máquinas parlantes, El gusano máximo de la vida misma o Las cuatro torres de Babel. No sólo tenía Los sorias, que publicó en 1998: ya había escrito toda esa parafernalia de obra, que es gigantesca”.

Luego, la hija del autor, Julieta Laiseca, “nos dio un montón de material manuscrito y fotos desconocidas. Además, Gastón Gallo, el editor de Los sorias, nos prestó los remitos, a través de los cuales pudimos reconstruir cómo fue la venta de aquellos primeros ejemplares”, amplía Buscaglia. “También tuvimos ayuda de los discípulos y de amigos cercanos de Laiseca, y a último momento se sumó Hernán Sánchez, que hizo una representación en esculturas de las máquinas astrales de las que habla Laiseca en su obra”.

Laiseca, el iniciado y la conexión esotérica

Y algo más que pudieron mostrar en la exhibición Laiseca, el iniciado “es un mural que representa uno de los capítulos de Los sorias. Lo realizaron los artistas Damián Scalerandi y Gastón Souto, que laburan a la par”, dice Buscaglia. Ese mural es uno de sus objetos preferidos de la muestra. También elige las esculturas de Hernán Sánchez y algunas sorpresas: “Nos costó mucho hacer la pirámide donde se exhibe Los sorias. También me gusta la vitrina donde se muestran artículos desconocidos de Laiseca”.

“Laiseca, el iniciado”: una muestra sobre la inclasificable genialidad del escritor

Mariano Buscaglia conecta las tres etapas del iniciado esotérico -deseo, perseverancia y dominio- con la propia vida de Alberto Laiseca: “En la primigenia etapa del deseo, Laiseca quiere hacerse escritor y empieza a construir Los sorias. Ya en la etapa de la perseverancia él la pasó muy mal intentando publicar sin que nadie le diera bola y sin ningún reconocimiento. De hecho, le llevó diez años escribir Los sorias y estuvo dieciséis años para publicarlo. Perseveró muchísimo para que su obra se visibilizara”.

Y ya en la etapa de dominio “Laiseca se transformó en un maestro -define Buscaglia-: se hizo conocido y popular. Se consolidó en el circuito cultural, conducía Cuentos de terror en I.Sat y tenían éxito sus talleres, donde se formaron un montón de escritores que hoy son conocidísimos, como Leonardo Oyola, Selva Almada o Gabriela Cabezón Cámara. Esa era la etapa en que Laiseca tenía un dominio absoluto de su arte y podía transmitir ese conocimiento. Era mucho más que un personaje mediático”.

Alberto Laiseca

También dice Buscaglia que Laiseca era “muy profético en muchas cosas” y lo ejemplifica con la mega-novela Los sorias, de 1998. ¿En qué sentido? “La gente no entendía de qué cuernos estaba hablando Laiseca entonces, pero hoy es muy claro su mensaje: ahí hace una denuncia a la tecnocracia, a la deshumanización y a los dictadores completamente psicópatas -como vemos hoy día- que hacen del poder una exhibición obscena. A todo eso Laiseca lo describe en forma absurda, delirante: ponía la lupa sobre la realidad para exagerarla. Y hoy vemos que todo lo que vaticinó está sucediendo”. Esa concepción esotérica de la literatura “era la que hacía tan difícil leer a Laiseca -apunta Buscaglia-, pero el objetivo principal que tuvimos al armar la muestra es dejar bien en claro que era un genio literario. Quizá eso estuvo en discusión con él en vida, porque era un personaje simpático que a veces rozaba el ridículo y que tenía lecturas que no iban dentro del canon literario”. Y sin embargo “todo eso fue imprescindible para construir la obra que construyó: es completamente inclasificable, original, y su figura va a crecer a medida que vayan pasando los años. Con esta muestra intentamos, humildemente, demostrarlo”.