Con una historia conmovedora, una puesta que fusiona cine y teatro y una mirada sensible sobre problemáticas urgentes, Las nenas también son mariposas se perfila como una de las propuestas más inquietantes de la temporada. Una obra que invita a escuchar aquello que muchas veces permanece silenciado y que convierte la experiencia teatral en un espacio para pensar, debatir y acompañar. El 4 de julio se estrenó esta propuesta teatral dirigida por Rodrigo Rivero a partir de un texto de la dramaturga chaqueña Marie Álvarez.

La obra, que combina recursos teatrales y audiovisuales, pone el foco en temas tan urgentes como la salud mental en las infancias y las adolescencias, la soledad, la culpa y las contradicciones humanas. Para Rodrigo Rivero, el origen del proyecto se remonta a una lectura que lo impactó profundamente. El director recuerda que descubrió el texto de Marie Álvarez en una publicación del Instituto Nacional del Teatro que reúne obras premiadas en concursos de dramaturgia. “Me pegó una piña muy fuerte y no me la pude sacar de la cabeza”, relata. La intensidad de la escritura y la complejidad de los conflictos que atraviesan al protagonista fueron el punto de partida de una aventura artística que demandó más de un año de trabajo.

“Desde el primer momento sentí que quería tomarme el tiempo necesario para investigar. Las temáticas que toca la obra son muy sensibles y me interesaba abordarlas con mucho respeto”, explica Rivero. Esa búsqueda encontró un aliado fundamental en el actor Pedro Hellman, quien asume el enorme desafío de sostener en soledad el universo del protagonista durante toda la función. Lejos de tratarse de un unipersonal convencional, la puesta apuesta por una fuerte integración entre el lenguaje teatral y cinematográfico. Cámaras en vivo, proyecciones, transmisiones en tiempo real y una escenografía que reproduce un fragmento de una estación de subte construyen un dispositivo escénico que amplifica el relato.

La historia sigue a Mariano, un adolescente de 16 años que decide esconderse durante una noche en una estación de subte de Buenos Aires. Cuando el último trabajador abandona el lugar y las puertas se cierran, el joven sale de su escondite y comienza a registrar con una cámara aquello que nunca pudo decir. Frente al lente y en una soledad absoluta, reconstruye fragmentos de una vida marcada por la muerte de su padre, la profunda depresión de su madre y el vínculo con su hermana menor, convertida en su principal refugio afectivo.

"Las nenas también son mariposas": de qué trata la obra que une teatro y cine para hablar de salud mental adolescente
La experiencia de Las nenas también son mariposas adquiere un valor especial dentro del circuito independiente

Según Rivero, el uso de estos recursos no responde únicamente a una cuestión estética, sino que dialoga con la propia realidad del personaje. Mariano encuentra en la cámara una forma de hablar cuando ya no encuentra interlocutores. “Tiene muchas ganas de estar solo para poder dar testimonio de un montón de cosas que le pasaron en su vida”, señala el director. Esa necesidad desesperada de ser escuchado atraviesa toda la obra y funciona como una metáfora de muchos adolescentes que enfrentan sus conflictos sin espacios de contención. En ese sentido, Las nenas también son mariposas se adentra en una problemática cada vez más presente en la sociedad contemporánea: el impacto de la soledad y la falta de diálogo en las nuevas generaciones. Rivero observa que el personaje se encuentra atrapado en un contexto donde las redes sociales y la tecnología aparecen como sustitutos de los vínculos humanos. “No tiene la posibilidad de intercambio, de diálogo, de exponer su vulnerabilidad con nadie. Lo único que tiene es acceso a internet. No poder tener una palabra de una persona que te mire, que te vea y que te escuche puede ser muy peligroso”, reflexiona.

La obra no busca ofrecer respuestas cerradas ni moralejas. Por el contrario, apuesta a abrir interrogantes. El director considera que una de las funciones más valiosas del teatro es poner en primer plano aquellas situaciones incómodas que muchas veces permanecen ocultas. “Toca lugares muy incómodos, pero que son necesarios. Me interesa que genere conversación, que abra preguntas sobre la adolescencia, la salud mental y los modos en que nos vinculamos”, afirma.

El estreno también representa un desafío personal para Rivero. Es la primera vez que dirige una obra para un único intérprete que trabaja con una estructura narrativa donde lo audiovisual ocupa un rol central. “Nunca había hecho algo que involucra cámaras en vivo, proyecciones y transmisión en tiempo real. Además, hay música original y un solo actor llevando sobre sus hombros una temática tan densa. Es algo muy desafiante y hermoso a la vez”, sostiene.

La experiencia adquiere un valor especial dentro del circuito independiente, donde gran parte de la producción y la gestión recaen sobre los propios artistas. Rivero destaca ese carácter colectivo del proyecto y la convicción que sostiene cada una de las decisiones creativas. “Es un hecho colectivo muy hermoso. Todo lo vamos produciendo y gestionando entre nosotros. Hay mucho trabajo detrás de cada detalle”, señala.

Las nenas también son mariposas

Obra dirigida por Rodrigo Rivero sobre un texto de la dramaturga chaqueña Marie Álvarez. Sábados a las 21 en Área 623, Pasco 623. En agosto suma los domingos a las 20.